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LETRA VIVA

La grandeza de Chiquita

Encantadora, simplemente deliciosa la ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2008. Más conocido como especialista en literatura infantil y juvenil, Antonio Orlando Rodríguez (Cuba, 1956) ha dado un largo salto a la madurez literaria con "Chiquita", a tal punto que queda cerca de los autores cimeros de la novela histórica (basada en personas reales de actuación relevante) en Hispanoamérica, es decir, Alejo Carpentier (comparte la erudición meticulosa) y Manuel Mujica Láinez (próximo a su imaginación festiva y su sensualidad triunfal), todavía sin la riqueza verbal ni la plasmación de un estilo único que caracteriza a esos dos maestros.

Como en las novelas históricas destacables, al hablar del pasado se alude al presente: una Cuba necesitada de un nuevo proceso liberador, bajo riesgo de otra intervención norteamericana que la torne un país sin autonomía real. Hay una buscada analogía entre la pequeña isla antillana y Chiquita, ya que esta no es una enana deforme sino una Venus en miniatura, llena de sensualidad y de talento artístico para la música y la danza (nótese que es matancera, como la famosa Sonora) que caracteriza a los cubanos. Limitémonos a resaltar el siguiente pasaje: "A Chiquita esa nueva costumbre de Estados Unidos de tragarse a cuanta islita hallaba en su camino no le gustaba nada. () ¿Es que se podía disponer de otros, ya fueran países o personas, solo por tratarse de liliputienses?" (p. 341).

La contextualización histórica no estorba que los personajes principales posean matices psicológicos de gran riqueza interior, ajenos a tipificaciones esquemáticas y maniqueísmos morales. Una consistente galería de seres complejos y contradictorios: Chiquita, la criada Rústica, el escriba Cándido, incluido el alarde de dar vida a personas en que se inspiró Proust (Sarah Bernhardt, la Berma proustiana; el conde de Montesquieu, o sea Charlus, etc.), en fin.

Y, por cierto, una dosis avasalladora de lo real-maravilloso: una mayombera que pronostica la 'grandeza' de Chiquita; el extraño pez manjuarí que sintoniza con el ánimo de Chiquita y la salva prodigiosamente de morir; el talismán que la encadena a una sociedad secreta de liliputienses (Chiquita descubre que posee el don de la ubicuidad); la clarividente Djeserit; etc. Ahí un factor acorde con que Rodríguez es un experto en literatura infantil: rehace elementos de los cuentos de hadas (Pulgarcito en las pp. 44-45; el 'hada madrina' encarnada por Sarah Bernhardt, p. 163; la gallina de los huevos de oro, pp. 367-369; y el soldadito de plomo, p. 433).

ARGUMENTO
Es presentada como una biografía dictada por la propia Chiquita, una diminuta cubana que existió y tuvo enorme éxito como bailarina y cantante en Estados Unidos a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Cándido Olazábal, anciano, se la entrega con capítulos perdidos y reconstruidos por él, a Antonio Orlando Rodríguez, quien se limita a transcribir el material "con la mayor fidelidad posible" y con notas informativas. Sustanciosa novela que recrea la Cuba de esa época, los espectáculos norteamericanos de entonces, el París de la Belle Epoque (con luminarias como Sarah Bernhardt, la Bella Otero, etc.) y con una profusión de datos sobre el mundo singular de los enanos.

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