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CRÓNICA. TRÁFICO HUMANO

Miles de niños haitianos son la nueva cara de la esclavitud

Cada año unos 17.500 menores son llevados con engaños a Estados Unidos para trabajar como servidumbre. Algunos testimonios revelan un alto grado de crueldad

Por Juan Carlos Chávez. Corresponsal

MIAMI. Una ex profesora fue sentenciada recientemente por las autoridades del sur de Florida a casi una década de prisión efectiva por obligar a una menor haitiana a trabajar como esclava en su hogar.

El caso, que conmovió a la opinión pública y generó reacciones de grupos que abogan por la integridad de los niños, es uno de varios que han ido registrándose en el sistema judicial de Miami y que apuntan a un problema que, de manera silenciosa y solapada, ha ido asentándose en el escenario local: la esclavitud de menores y el contrabando de personas a Estados Unidos para hacerlas trabajar en condiciones inhumanas.

La sentencia impuesta a la ex maestra de origen haitiano Maude Paulin, de 52, trajo a la mesa un fenómeno de raíces sociales que raramente lograba colarse como información de primera plana en los diarios de Florida, allá por la década de 1990, pero que vinculaba a miles de niños haitianos, denominados 'restaveks', en una gran cadena de tráfico humano, avivado por grupos de contrabandistas haitianos y sus contactos de llegada en territorio estadounidense.

'Restavek' es un término en lengua creole utilizado para referirse a niños en estado de abandono que, a cambio de un plato de comida y un cuarto para dormir, pasan a manos de familias acomodadas y de terceros a fin de realizar tareas domésticas y otros quehaceres.

En Haití, la situación de extrema pobreza ha hecho que el fenómeno de los 'restaveks' termine siendo una práctica común, acaso socialmente aceptada.

Sin embargo, detrás del flujo de niños en abandono, la marginación y los 'restaveks' existe un engranaje turbio y de horror que cuesta digerir. Según datos del Unicef, unos 173.000 niños y adolescentes en Haití son obligados a trabajar sin recibir un sueldo digno, educación básica y cuidados de salud. El 8% de los menores haitianos entre los 5 y 17 años se encuentra en esta categoría.

"Mucha gente piensa que la servidumbre 'restavek' no es tan mala como parece. Y más de uno se niega a reportar o denunciar el hecho. Pero no saben, o no entienden, que es un delito y un crimen imperdonable", dijo Marlene Bastien, una activista del grupo comunitario Mujeres Haitianas de Miami.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) no ha dudado en definir este fenómeno como la esclavitud del siglo XXI. La organización mundial estima que al menos 17.500 infantes y jóvenes hasta de 18 años son llevados anualmente a Estados Unidos para ser convertidos en esclavos.

A muchos los traen como si fueran pequeños en adopción, mientras que otras bandas prefieren sortear las barreras de extranjería haciendo trámites por vínculos sanguíneos o familiares. Así, el 25% de los 'restaveks' trabaja en labores de limpieza doméstica y más de la mitad es colocado en redes de prostitución y sexo.

La audiencia en el caso de Simone Celestine, la mujer sometida a tratos crueles durante más de seis años por la ex profesora de escuela primaria, así como dos de sus hijas, Maude Paulin y Claire Velasco, conmocionó al jurado. Muchos ni siquiera podían creer lo que escuchaban.

Celestine, que vivía en un orfanato en Haití y fue llevada a Estados Unidos cuando tenía 14 años, relató sus jornadas de trabajo de más de 15 horas diarias, las golpizas que recibió en horas de la madrugada, y sus comidas esporádicas con restos de alimentos y basura.

"Pensé en suicidarme tomando aceite de motor o detergente para pisos. Decidí que sería más rápido si tomaba el aceite", dijo la víctima ante el jurado. Los pensamientos suicidas de Celestine aparecieron en el verano del 2004, después de haber sido maltratada sin piedad por no cumplir sus labores a tiempo.

La Fiscalía de Miami aseguró que el juicio contra los abusadores de Celestine debería servir como una advertencia contra aquellos que trafican con menores. A escala nacional, las autoridades reactivaron el Acta de Protección a Víctimas de Tráfico Humano, endurecieron las penas de cárcel y aumentaron las reparaciones civiles a favor de las víctimas de abuso. No obstante, el número de individuos llevados a juicio (300 en proceso legal y 200 sentenciados) no satisface las expectativas de los grupos de derechos humanos y activistas que claman por una autoridad más comprometida.

"Contra los niños no hay límites. Antes los patronos ofrecían sus mejores oficios como un acto de solidaridad, pero hoy vemos actos de barbarie que no tienen nada que ver con la práctica de los 'restaveks' en la década del 30", indicó Pierre Mergantin, un activista haitiano en Miami. "Aquello era muy distinto".

EN PUNTOS
Los brazos del contrabando
4El Servicio Jesuita a Refugiados y Migrantes (SJRM) reveló un estudio en el que da cuenta de las condiciones desfavorables en las que se encuentran contratados la mayoría de los emigrantes haitianos en República Dominicana.
4Las difíciles condiciones socioeconómicas que vive Haití, el país con la economía menos desarrollada del hemisferio occidental, obligan a miles de haitianos a desplazarse anualmente a República Dominicana en busca de mejores oportunidades para sus vidas.
4Según estimados de las autoridades dominicanas, más de un millón de haitianos trabajan en labores de construcción, agricultura y comercio.
4De acuerdo con el documento, el 62,5% de los trabajadores haitianos no recibe ningún pago por horas extras, aun cuando un gran porcentaje de los extranjeros trabaja entre 9 y 11 horas diarias de lunes a domingo.
4Por otro lado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) aseveró que en el mundo cerca de 2,4 millones de personas son objeto de contrabando humano. La actividad ilegal genera a las mafias unos 32 mil millones de dólares en dividendos anuales.
4En el Perú, la OIT puntualizó que las redes de contrabandistas escogen a niñas y mujeres jóvenes para enviarlas a países de Europa (Italia y España), Sudamérica (Argentina y Bolivia), Estados Unidos y Japón. Allí las obligan a prostituirse.

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