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DEL EDITOR

Ni tan lejos ni tan cerca de China

Por Virginia Rosas

Taiwán es desde 1949 la piedra en el zapato de China, el hermano belicoso que se resiste, que apunta sus cañones hacia el continente. Y aunque resulte difícil creer que el gobierno de la otrora isla de Formosa realmente se atreva a enfrentarse con el gigante de al lado, las fricciones entre ambos han impedido encontrar una solución al limbo jurídico internacional en el que se encuentra Taiwán, prohibido de usar el nombre China, no reconocido por la mayoría de países de la ONU, pero socio comercial de una gran parte de estos.

Hace tres años estuvo en Lima el profesor Pan Wei, doctor en Ciencias Políticas y uno de los artífices de la apertura económica de China.

En entrevista con El Comercio Pan Wei fue rotundo al referirse al gobierno de Taipéi: "Taiwán representa intereses primordiales de China. Si se independizara propiciaría que otras zonas del país sigan ese camino. Especialmente las que tienen lenguas, culturas y razas diferentes".

No se refería solamente al Tíbet, tan presente en los medios últimamente por las protestas a favor de su autonomía, sino a Mongolia, Xinjiang y Ninjiang, que ocupan el 50% del territorio chino, pero representan solo el 5% de la población.

"No podríamos permitir que Taiwán se independice si no permitimos que el resto lo haga. Nos quedaríamos con un territorio similar al de Colombia, pero con 1.300 millones de habitantes", dijo el gurú chino en esa ocasión. "Es mejor que todo quede como está".

China prefería el statu quo porque ceder ante Taiwán significaría aceptar las veleidades independentistas --justas o no-- de otras regiones. Las relaciones con la isla estaban congeladas y de ambos lados del estrecho de Taiwán los belicistas se mostraban los dientes.

Y justo en este año de olimpiadas en el que tantas catástrofes se han abatido sobre el dragón y en el que todos pensaban que Taipéi aprovecharía para hacerle la vida imposible a Beijing --rol que finalmente asumieron los tibetanos-- la histórica visita del presidente del Kuomintang taiwanés (KMT), actualmente en el poder, Wu Po-hsiung, a Hu Jintao, presidente del Partido Comunista Chino, ha resultado un alivio para China.

Wu, en representación del nuevo presidente taiwanés Ma Ying-jeou --que asumió el poder el 20 de mayo pasado poniendo fin a 8 años de políticas independentistas-- llegó al continente cargado de buenas intenciones y se fue con una fecha fija (11 de junio próximo) para reanudar las negociaciones entre ambos.

El presidente Ma finalmente ha prometido lo que el profesor Pan Wei reclamaba hace tres años: no negociar la unión con China ni declarar la independencia formal para la isla a mediano plazo.

Lo que sí dejó bien en claro el presidente Ma es que su país, que pretende ser ejemplo de economía próspera y respeto de libertades, no tiene intenciones de reunificarse con la República Popular China mientras esta no se democratice.

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