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UNA CONVERSACIÓN EN TORNO A ANIMALES LITERARIOS

Los escritores en sus palabras

Tratando de hurgar en los fines últimos de sus procesos creativos, Alonso Rabí do Carmo, poeta y periodista, entrevistó a muchos escritores mientras trabajó para El Dominical. Diecisiete de las mejores de esas conversaciones han sido editadas bajo el nombre de Animales literarios (Aguilar, 2008). Allí figuran escritores y poetas, peruanos y extranjeros, como José Saramago, Mario Vargas Llosa, Rosa Montero, José Watanabe, Gonzalo Rojas, entre otros. Sobre este libro y antes de que viajase a los Estados Unidos a estudiar un doctorado en Literatura Hispanoamericana, conversamos con el autor

Por Enrique Sánchez Hernani

Cuando se entrevista a un escritor, ¿se busca hallar una prolongación de su obra o a alguien ajeno a ella?
-Un poco de todo eso, pero fundamentalmente lo que se busca es indagar en sus procesos creativos. Uno también busca encontrarse con la imagen de una persona, con la esperanza de que se trate de una común y silvestre pero dotada de un talento especial. Hay la idea de obtener reflexiones en torno a su propia obra y otras de carácter cotidiano.

¿Te has encontrado con escritores que parecen ser personajes de sus libros?
-Cuando entrevisté a Rosa Montero, a raíz de la publicación de La loca de la casa, donde el personaje, que es una escritora, narra que tiene una hermana imaginaria, de alguna manera se daba esa prolongación de su obra, pero como juego. Aunque no creo que ella viva la vida así. Siempre hay un componente de imaginación, de fantasía. Pero su caso era particularmente curioso.

¿Qué autores te fueron difíciles de abordar?
-Lo difícil, muchas veces, ha sido conseguir las entrevistas. Muchos venían a Lima por pocos días y tenían que atender a seis periodistas o más. Eso planteaba el reto del tiempo: cómo entrevistarlo bien en media hora.

¿Alguien se negó alguna vez?
-Sí, Arturo Pérez Reverte, al que quise entrevistar en la Feria de Guadalajara. Se negó cortésmente, no sé por qué. De pronto no tenía ganas de conversar o estaría harto de las entrevistas. Lo abordé en la puerta del Hotel Hilton pero me dijo que no tenía tiempo. Luego lo encontré paseando solo por los pasillos de la feria. Me dio un poco que pensar.

¿A los escritores les gusta o no dar entrevistas?
-Yo, por lo general, he encontrado buena disposición para el diálogo, por lo menos en los 17 personajes del libro. Fueron conversaciones fluidas, sin tropiezos.

¿Los escritores suelen mentir cuando se les interroga sobre cómo funciona su creatividad?
-Mentir no sé, pero quizá sí expresan algo que no necesariamente se cumple. Hasta donde pude advertir, todos tienen conciencia de los recursos y motivaciones que tienen para escribir, de los tratamientos que hay que hacerles a sus personajes.

¿Y suelen mencionar las rivalidades que mantienen con sus colegas?
-Creo que sí. Recuerdo que cuando una universidad limeña tenía que invitar a Saramago y a Antonio Tabuchi, que tienen una gran enemistad, al enterarse uno que el otro iba, dijeron que no. Esto es normal, lo que pasa es que a veces trasciende.

¿Suelen alterarse cuando se les menciona al rival?
-No tanto. Pero ocurre un silencio discreto o cambian de tema. Me pasó con Vargas Llosa hablando del libro que había escrito sobre García Márquez. Me dijo que no recordaba el título. Cuando se lo recordé me dijo: Ah, sí Historia de un deicidio y se echó a reír. Tenía su segunda.

¿Sobre qué temas no quieren conversar?
-He encontrado una resistencia a hablar sobre su vida privada, por lo que no aparece mucho en el libro. O cuando se toca la correspondencia de su vida con su obra suelen poner cierta distancia, porque finalmente muchos reconocen, en el fondo, que solo se puede escribir sobre lo que se ha vivido. Esto plantea la relación entre la vida y la obra, que es muy fuerte e innegable.

¿Algunos renegaron de parte de su obra?
-Sí. Saramago, cuando habló de su poesía, no lo hizo en términos muy amables consigo mismo. Igual sobre su segunda novela; me llegó a decir que mientras él viva no se volvería a publicar. Le parecía que había sido escrita con el impulso de la anterior. No estaba contento con el resultado.

¿Los escritores se quejan de los críticos literarios?
-Suelen burlarse de ellos. Quienes más lo hicieron fueron Edwards, Vargas Llosa y Gonzalo Rojas, quien me dijo que cada vez que leía un trabajo sobre su poesía se sentía muy desconcertado. Por allí otro me dijo que nunca leía las cosas que se escribían sobre él. Hay una relación no resuelta entre creadores y críticos.

¿Cuál de tus entrevistados te impresionó más?
-Tomás Eloy Martínez, una persona muy sencilla con la cual terminamos almorzando juntos y hablando de otras cosas cuando lo entrevisté en una universidad de Estados Unidos, y Saramago, por su desprendimiento frente a lo que ha logrado, una cosa que no he vuelto a notar en otro escritor.

¿Y quiénes fueron hoscos?
-Hoscos, Vargas Llosa. Sus respuestas eran muy cortantes y no daban pie a la repregunta, pero eso no hizo que la entrevista fuese crispada. Sí enfiló sus baterías contra otras personas, en especial contra la crítica de Antonio Cornejo Polar. Pero son sus ideas, no verdades tajantes.

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