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EDITORIAL

Crisis paralelas

Por AlfredoTorres G. Presidente ejecutivo Ipsos Apoyo

La crisis financiera internacional y la crisis política nacional tienen una gran diferencia de magnitud --la primera ha sido un terremoto de grado 8 con posterior tsunami y la segunda no ha pasado de ser un temblor de grado 5--, pero comparten una raíz análoga y es que se trata de crisis de confianza.

El sistema financiero funciona sobre la base de la confianza de los agentes económicos. Los bancos reciben y prestan dinero en el entendido de que el dinero será recuperado, con sus intereses; las bolsas de valores transan acciones en la convicción de que estas valdrán más en el futuro. Cuando se pierde esta confianza, el dinero deja de circular, cesan las ofertas bursátiles y se precipita una crisis financiera y con ella la temida recesión.

En el campo político, el poder de una autoridad se sustenta en la confianza ciudadana. En el Perú, el Gabinete Ministerial es nombrado por el presidente y ratificado por el Congreso de la República, pero su vigencia en el tiempo depende, en gran medida, de que logre conservar la confianza de la opinión pública. Cuando se pierde la credibilidad, su capacidad para conseguir resultados se esfuma y se desencadena una crisis política.

Además de la pérdida de confianza, ambas crisis coinciden en que revelan fallas de los sistemas de control. Si las autoridades estadounidenses hubiesen hecho bien su trabajo regulatorio, si hubiesen promovido la transparencia y la prudencia, no habría estallado la crisis financiera o esta hubiese sido mucho menor. A su vez, si las autoridades peruanas no hubiesen librado a PetroPerú de los controles del Fonafe y del SNIP, el 'faenón' de los corruptos probablemente no se habría producido.

Del mismo modo que en las relaciones interpersonales, una pérdida de confianza puede llevar a reacciones desmesuradas. En el caso de la crisis financiera, se ha pasado de un exceso de confianza en el sistema a una desconfianza absoluta. Probablemente tan exagerado lo primero como lo segundo, pero así funciona la psicología de los inversionistas. En el caso de la crisis política, el escándalo que generaron los audios se tumbó al Gabinete, un efecto desproporcionado con relación a lo que se divulgó, pero así funciona la psicología ciudadana: para un Gabinete desgastado, un temblor de grado 5 era suficiente para traérselo abajo.

Revertir una crisis de confianza no es fácil. El mundo financiero no encuentra aún el camino. En el Perú, la designación de Yehude Simon como presidente del Consejo de Ministros debería coadyuvar a recuperar la confianza de la ciudadanía. Si bien su designación puede generar escozor en los sectores más conservadores, Simon es reconocido por todos como una persona honesta, dialogante y con sensibilidad social, lo que la opinión pública reclama. Confiemos en que su experiencia como presidente regional le haya permitido aprender lo suficiente de economía y gestión pública como para poder navegar en las turbulentas aguas del tsunami que viene de Manhattan.

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