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RINCÓN DEL AUTOR

El dilema de hoy

Por Hugo Guerra

Decente lector, a riesgo de ser más que insistente en el tema de moda, el 'chuponeo' versus la corrupción, déjeme presentarle dos analogías:

Un buen amigo y estupendo periodista dice: "Imagina a un ladrón que ha roto el vidrio de tu automóvil para robar el equipo de música, pero en vez de huir toca a tu puerta y te avisa por el intercomunicador (no da la cara) que ha descubierto una bomba debajo del timón. ¿Le agradecerías o lo perseguirías?".

Respectivamente, el ladrón es el 'chuponeador', el equipo de música sería el derecho a la inviolabilidad de las comunicaciones y la bomba, la corrupción.

Es cierto que si el ladrón le notifica del riesgo que corre por el explosivo, estará eventualmente salvándole la vida y quizá el 'chuponeador' alerta que la corrupción daña al sistema democrático. Pero, igual que el ladrón del cuento, sigue siendo un delincuente y, por tanto, debe ser sancionado.

Segunda analogía: suponga que usted es presidente de una gran potencia y le informan que han descubierto que para hacer la vacuna contra el Alzheimer se necesita usar la médula espinal de fetos extraídos vivos del vientre materno. Le señalan, además, que se requieren apenas unos pocos miles de fetos de dichas características y que su muerte (horripilante) serviría para curar a centenares de miles de enfermos. ¿Usted qué decisión tomaría? Evidentemente, el Alzheimer equivaldría a la corrupción, mientras que los fetos serían las denuncias de los 'chuponeadores'.

La prensa está ahora en ese lío. De un lado, toma la información que proporcionan el ladrón y el asesino de fetos. Pero con ello permite que existan precisamente ladrones y asesinos.

El problema es complejo porque son muchos factores los puestos en la balanza: la búsqueda de la verdad, la primicia, el rol informativo, el rol fiscalizador, la ética, la ley, la opinión pública, la moral del comunicador, etc.

Claro, no hay respuestas únicas, pero sepa que se trata de un dilema; es decir, frente a la elección de dos o más soluciones a un problema, a sabiendas que ninguna es totalmente satisfactoria. Luego, si se busca únicamente una primicia, la motivación es deleznable porque es mejor perder esta antes que perder la credibilidad.

Si se quiere moralizar el sistema político, habrá que recordar el vano esfuerzo de Catón de corregir con posturas equivocadas, como aquella de: "Puedo perdonar todos los errores, menos los míos".

Y si se busca --como cada día se hace más evidente-- atender el ego, habrá que recordar los del Eclesiastés: "Vanidad de vanidades, todo en el mundo es vanidad y lo que fue, será".

El periodista no puede ser caja de resonancia de nadie y menos el bobo que se deja utilizar, como el mono que baila al son de cualquier organillero anónimo.

Pero entiéndase bien, el lío estriba cuando la información es mal habida, no cuando se la busca correctamente. La investigación periodística, la denuncia basada en el trabajo del comunicador honesto que descubre la verdad siguiendo métodos de trabajo éticos, siempre se impondrá en las primeras planas. Y entonces, editores y propietarios estarán obligados a jugársela con todo en defensa de la mismísima libertad de expresión.

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