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La otra inversión para la otra crisis

Por: Juan Paredes Castro

La Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) ha explorado inteligentemente todos los escenarios posibles frente a la actual crisis financiera internacional y ha llegado a la conclusión de que el Perú no solo puede defenderse mejor que ningún otro país de América Latina, sino aspirar, además, a invertir y crecer.

La conclusión del presidente Alan García, expresada en la clausura del evento, es coincidente, pero fundamentada en una razón distinta de las que sostuvieron los expositores que lo precedieron. Es decir: el mundo ha acumulado tantas reservas económicas, financieras y tecnológicas; tantos mercados con demandas regenerativas de bienes y servicios; y tantas redes de comunicación y comercialización globalizadas, que no va a desplomarse fácilmente.

La apuesta audaz de García, llevada a la mesa del empresariado nacional, consiste, pues, en llegar a la próxima CADE, a la del 2009, con un crecimiento económico del 6,5%.

Desde su lado, es una manera de perderle el miedo al miedo. ¿Pero bastará con ello o es que hay otras cosas que podrían estar faltando, como el hecho de que no puede concebirse una recuperación económica y financiera, dentro de las actuales condiciones mundiales frágiles, sin una sostenibilidad política?

La única sesión que en verdad tocó el tema fue la dirigida por Ben Schneider y constituida por Julio Cotler, Gustavo Gorriti, José Chlimper y José Miguel Morales, pero que se concentró más en las relaciones del poder político y el empresariado que propiamente en la crisis del sistema político, que requiere ser abordada profundamente y a la luz de la dicotomía creada por una economía que crece versus una delegación electoral de poder ineficiente y desacreditada por sus pobres niveles de representación y confianza.

La apuesta sola por la estabilidad y el crecimiento de la economía no será nunca una apuesta firme y duradera en la medida en que no venga acompañada por la otra igualmente vital: el de la estabilidad política.

Ya no puede pensarse, como en otros tiempos, en que los despegues económicos pueden prescindir de un sistema político democrático.

La lógica del mundo moderno ha invertido la ecuación en el sentido de que no hay posibilidad de desarrollo económico sostenido y sostenible sobre pilares políticos democrática e institucionalmente precarios.

Esta podría ser la conclusión no declarada de la última CADE y con la que seguramente concuerdan su presidente, Fernando Zavala, y todos sus demás organizadores.

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