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ANÁLISIS

Algunas cosas no cambiarán

Por Farid Kahhat. Analista internacional y catedrático de la PUCP

Es probable que cuando usted lea estas líneas ya sepa quién será el nuevo presidente de Estados Unidos. Pero yo no lo sabía al momento de escribirlas (aunque tengo mis sospechas). Aun así, creo que hay un pronóstico electoral que no supone mayor riesgo: los demócratas mantendrán la mayoría en ambas cámaras del Congreso.

Y dado que algunas decisiones del Ejecutivo requieren ratificación congresal, eso garantiza que no habrá cambios significativos en ciertos temas. Lo cual no es una noticia halagüeña para los gobiernos de Panamá y Colombia, cuyos acuerdos de libre comercio con Estados Unidos seguirán rodando cuesta arriba, con una probabilidad incierta de coronar la cima.

En el caso peruano, los congresistas demócratas son más susceptibles a la influencia de sindicatos y organizaciones ecologistas que podrían colocar en su línea de mira el grado en el cual el Gobierno Peruano cumple con las adendas laborales y ambientales.

Pero aquí cabría hacer un par de precisiones: la primera es que la presión que podrían ejercer en la materia sería limitada, dado que (hasta donde recuerdo) las adendas no son vinculantes. La segunda es que podemos impedir que esa presión se materialice cumpliendo con las adendas, la mayor parte de cuyo contenido redunda en nuestro propio beneficio.

En Estados Unidos viven cerca de un millón de peruanos, la mayoría de ellos en condición de inmigrantes indocumentados. Y aunque un Congreso de mayoría demócrata no garantiza la aprobación de una reforma migratoria que facilite su regularización, un Congreso de mayoría republicana sí hubiera garantizado lo contrario: una mayoría de congresistas republicanos y cerca de un tercio de congresistas demócratas aprobaron hace un par de años un nuevo tramo del muro de separación que se construye en la frontera con México, y reprobaron el proyecto de reforma migratoria propuesto por George W. Bush.

En ambos temas habría que añadir que la severa recesión en la que está entrando la economía estadounidense juega en contra de América Latina, y no únicamente por el grado de "contagio" que podría producir. De un lado, porque podría condenarnos al ostracismo dentro de la agenda de un nuevo gobierno absorto en sus problemas internos. De otro lado, porque en recesión suelen crecer las presiones proteccionistas, tanto en el mercado de bienes y servicios como en el laboral (es decir, de inmigrantes). Por la misma razón, tampoco es probable que los demócratas cumplan una promesa de campaña previa a la crisis, la cual ofrecía duplicar la ayuda oficial (en lo esencial, para países en desarrollo).

Creo sin embargo que los demócratas tienen una gran virtud, y es que no son los republicanos. Un poco de sentido común no vendría mal tras el predominio de una ideología mesiánica que por momentos (y no precisamente breves) pareció perder el sentido de la realidad. Sino recordemos que, según la propia Sarah Palin, su experiencia en materia de política exterior deriva de la vecindad que existe entre Alaska y Rusia. Para su mala suerte, México no puede ser divisado desde el rancho de John McCain en Arizona: de haber sido así, podría alegar que también tiene experiencia en temas migratorios.

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