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AREQUIPA. PATRIMONIO QUE HAY QUE PRESERVAR

Falta de seguridad permite destrucción de los petroglifos de Toro Muerto

Irresponsables se llevan piedras como recuerdos o escriben sobre los vestigios

Por Carlos Zanabria

Los petroglifos de Toro Muerto, el repositorio de arte rupestre más grande del mundo, ubicado en Arequipa, podrían desaparecer como consecuencia de la acumulación de años de depredación por parte del hombre.

El sitio arqueológico donde se encuentran estos vestigios se halla en una terraza aluvial de la margen derecha del río Majes, ocupa una extensión de 11 kilómetros de largo por cinco de ancho en el distrito de Uraca, provincia arequipeña de Castilla.

El arqueólogo Eloy Linares Málaga, descubridor de los petroglifos en 1951, cuenta que en ese entonces se podían observar unas 6.000 rocas volcánicas grabadas en bajo relieve con íconos que representan escenas de la vida cotidiana de aquella época, de animales, plantas, ríos y montañas. La destrucción de las rocas con el transcurrir de los años ha hecho que hoy el panorama sea distinto.

Las figuras fueron hechas por pobladores de las culturas Wari (Ayacucho), Collagua (Colca y Condesuyos) e Inca (Cusco) en su constante paso desde el Ande hacia la costa en busca de cochayuyo y pescado, aproximadamente entre los años 500 a. C. y 1.300 d. C.

Estos grabados, que podrían explicar miles de años de historia, comenzaron a ser destruidos durante la Colonia por los españoles. Ellos utilizaban la piedra volcánica --conocida como sillar-- en la edificación de templos como el de Huarango, construido en 1792, así como en casas y haciendas de la zona.

Sin embargo, la destrucción de los petroglifos se hizo más intensa en el siglo XX, cuando delincuentes, provistos primero con cinceles y combos, luego con taladros neumáticos y finalmente con dinamita, cortaron pedazos de las piedras talladas para venderlas a coleccionistas. Hoy, incluso, son los mismos turistas quienes se llevan trozos de las rocas como recuerdo.

FALTA SEGURIDAD
Ubicado a tres horas de viaje desde la ciudad de Arequipa, el sitio arqueológico de Toro Muerto carece de cualquier tipo de seguridad. Solo hay un vigilante, quien se encarga de cobrar el boleto de ingreso al sitio y de levantar una tranquera metálica en la entrada.

Por tal motivo, y por lo aislado del lugar, cualquier persona provista de un equipo puede romper los grabados y llevárselos, tallar sobre ellos figuras obscenas o simplemente escribir un nombre, lo que significa dañar el preciado legado.

El alcalde de la provincia de Castilla, Edy Medina Collado, reconoce que existe falta de seguridad y lamenta, como autoridad, lo poco que puede hacer, pues el sitio arqueológico está a cargo del Instituto Nacional de Cultura (INC), el cual solo ha colocado los letreros que delimitan el lugar. Desde 1982, año en que los vestigios fueron declarados Patrimonio de la Nación, dice Medina, nada se ha hecho por preservarlos.

"Tenemos ideas que podrían transformarse en proyectos de conservación, pero no podemos plasmarlos porque no es nuestra competencia. Podrían denunciarme por usurpación de funciones y hasta vacarme del cargo", señala el burgomaestre.

Mientras espera que el Congreso de la República o los ministerios de Comercio Exterior y Turismo o Educación planteen alternativas de solución, solo le queda observar cómo se pierde el patrimonio cultural de su pueblo.

El alcalde señaló además que en la zona opera, desde hace 15 años, una asociación de agricultores que cuentan con autorización gubernamental para irrigar el sector. Su presencia, indica Medina, también afecta seriamente la conservación de los petroglifos pues se van ganando tierras para el cultivo y los vestigios son destruidos.

OTRA ALTERNATIVA
Mientas en Cusco la población y las autoridades rechazan la norma que permite que capitales privados inviertan en la puesta en valor y conservación de sitios arqueológicos, el alcalde Edy Medina y el arqueólogo Eloy Linares coinciden en que sería favorable que una entidad privada administre Toro Muerto, rescate los valiosos grabados de la zona y explote el lugar como atractivo turístico, de manera responsable.

MÁS DATOS
4Los petroglifos de Toro Muerto están ubicados aproximadamente a tres horas de viaje por una carretera asfaltada desde la ciudad de Arequipa.
4Desde el pueblo de Corire, en Uraca, se realiza un recorrido de siete kilómetros en auto, camioneta o a pie, los primeros tres kilómetros por una vía asfaltada y el resto por una trocha carrozable.
4A pie el recorrido por los petroglifos toma aproximadamente una hora y 30 minutos.
4Un tour desde Arequipa a Toro Muerto tiene un costo mínimo de 30 dólares por persona.

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