Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

SOCIEDAD

La cáscara de la riqueza

CERRO DE PASCO. LOS YACIMIENTOS DE MINERALES SOBRE LOS QUE DESCANSA LA CIUDAD HICIERON DE ELLA UNA PROMESA, PERO TERMINARON POR CONVERTIRLA EN MERA SUPERFICIE.

Por Elizabeth Lino Cornejo

De Cerro de Pasco escribía Scorza: "Las maltrechas casas sin pintar, las calvas plazas sin árboles, las calles fangosas, la Prefectura a punto de caerse, la única escuela, eran la cáscara de una riqueza delirante". Graficaba entonces con claridad la triste fachada de aquella ciudad de calles desordenadas que a manera de cáscara escondía debajo incalculable cantidad de minerales que durante años atrajeron como cebo a reyes y virreyes. Decenas de forasteros que sucumbieron delirantes por el interior de la cáscara yacen convertidos en huesos secos lejos de sus tierras.

Cerro de Pasco, la ciudad del soroche, la anoxia, la nevada y la altura, se ganó así la denominación de Villa Minera, Ciudad Real de Minas y Opulenta Ciudad. Los aventureros que buscaban fortunas en extracciones artesanales terminaron por convertirse en consorcios industriales y comerciales. Aquella cáscara estaba destinada a sucumbir por su propia exuberancia. Y en su muerte la lenta y triste desaparición de la vida y lo que ello construyó con el pasar de los años.

El paisaje herido
Desarrollo urbano, ambiental y minero nunca fue la más acertada conjunción de palabras para hablar de Cerro de Pasco. La expansión minera fue resquebrajando la cáscara año tras año con procesos que poca intención tuvieron de materializar los desarrollos tanto urbano como ambiental. Se ha laborado durante largo tiempo con las ansias de obtener la mayor producción de aquello que la cáscara escondía. Así el día menos pensado "el Cerco ya no se pudo detener. En su locura anheló toda la tierra. Y empezó a caminar y caminar" (Scorza). De pronto el paisaje comenzó a revertir sus colores y sus formas. Comenzaron a acumularse alrededor de la Opulenta Ciudad residuos de minerales. Las lagunas comenzaron su transformación en charcos amarillento-rojizos atestados de sustancias mortíferas. El aire enrarecido comenzó a alejar a las aves que se atrevían a sobrevolar los cielos en aquella altura. De Villa nada, de Ciudad Real mucho menos y de Opulenta solo lo que han sido capaces de retirarle con violencia a las entrañas de la tierra para no retornar más.

Adiós al terruño
Los hoy más de 80.000 habitantes de Cerro de Pasco que coexisten en torno a la actividad minera sufren las consecuencias de compartir espacios de vida y explotación minera. No solo es el espacio físico el que va desapareciendo como un gran forado que, amenazante, obliga a desplazarse a los habitantes. Peor aún, aquel resquebrajamiento de la cáscara ha colocado a su población en una exposición permanente de contaminantes ambientales. La población se encuentra expuesta a una contaminación generalizada por plomo, cesio y talio. Contaminación producto de la actividad minera que daña el polvo, agua, suelos, alimentos y, sobre todo, mina la salud humana.

Cerro de Pasco, la cáscara de la riqueza, es hoy un espacio de paisaje gris, donde los depósitos de minerales y relaves resultado del proceso de este, han dañado en gran medida el suelo, el aire y las fuentes de agua. La explotación a tajo abierto no se ha desarrollado dentro de una política social adecuada y ha provocado finalmente que se decida por el traslado de la ciudad. Los impactos negativos de una explotación pobremente planificada han generado daños irreversibles sobre el medio ambiente, los cuales no se quedan circunscritos a este espacio geográfico sino que se expanden inevitablemente.

Historia que se va...
¿Cuáles deberían ser las medidas de solución? Ciertamente el 'traslado' de la ciudad no es el remedio más efectivo. Y es que, si esta acción se lleva a cabo de la mejor manera, planificada en todos los aspectos, con los beneficios necesarios y priorizando soluciones a los problemas de salud de la población, ello no pondrá fin al problema medioambiental, generado en el transcurso de los años.

La gente se mudará dejando tras de sí su historia. Su memoria histórica será solo el recuerdo de una vida vivida en un pedazo de agujero. Pero entonces aquella cáscara quedará a disposición de la depredación total. Los suelos, las aguas y el aire terminarán a merced de la muerte. Un espacio vetado para el retorno y para la vida. Se habrá terminado de resquebrajar por completo aquella cáscara y se convertirá en una tierra realmente inhóspita y fantasmal. La que siempre, en su opulencia oculta, lo dio todo para morir finalmente yerma y abandonada.

(*) Cerro de Pasco-Perú (1973) Narradora oral e investigadora literaria.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook