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Una danza para celebrar la Navidad y el Año Nuevo

10:45 | Colorido baile es propuesto para ser patrimonio cultural de la nación

Por Raúl Mayo Filio

Los danzantes de la pachahuara visten trajes bordados con hilos de plata y exhiben costosas joyas. Solo sus máscaras de cuero negro, de formas grotescas y hechas burdamente, parecen desentonar mientras se desplazan durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo por las calles y plazas de varias localidades del valle de Yanamarca, ubicado en la provincia de Jauja, en Junín.

Algunos estudiosos señalan que la pachahuara es una alegoría a la libertad de los negros en el país, otorgada por el mariscal Castilla en Huancayo. Otros dicen que la danza expresa la alegría de todos por el advenimiento de un nuevo año. En castellano el nombre del baile significa pacha (tierra) y huara (amanecer).

Los bailarines llevan trajes cuyo estilo pretende imitar al de un acaudalado español. Usan sombreros de paja fina que son adornados con penachos de plumas multicolores; guantes de cuero de color negro, campanillas y paraguas.

El saco es el elemento más hermoso de todo el conjunto. Está hecho de felpa o terciopelo, con bordados en alto relieve y de motivos variados, que van desde escenas agrícolas, animales, flores y el escudo nacional. En la parte inferior de la manga del saco se unen varios pañuelos de seda de diversos colores.

NO HAY LÍMITES
Todos pueden bailar la pachahuara. No hay límites para la edad, ni para el género. Tampoco hay límites para el lujo de los trajes. La condición económica de los grupos queda en evidencia en la cantidad de músicos que los acompañan. Los más pudientes llevan orquestas y bandas; los que menos tienen danzan con un arpa, dos violines y un tambor.

Los danzantes son los únicos que pueden realizar una ceremonia llamada catcha, que consiste en entregar a sus músicos panes especialmente amasados, chicha en botellas en cuyo orificio se coloca una flor, cigarrillos, coca y otros regalos.

El baile se inicia con los danzantes con las cabezas gachas, con pasos lentos y al compás de una música de notas nostálgicas. De pronto, la banda arranca acordes alegres y acelerados para que los danzantes den rienda suelta a un baile eufórico, festivo y levantan la cabeza, dan pequeños saltos, se bambolean al compás de la música y del tintinear de una pequeña campana de bronce.

Se asegura que el sentimiento y la pasión que debe manifestar el danzante de la pachahuara se transmiten a través de generaciones, por lo que nadie que no sea natural de Acolla o del valle de Yanamarca puede llegar a expresarlos mejor que ellos.

La trascendencia de esta manifestación cultural en los pueblos del valle de Yanamarca es tal, que la Municipalidad de Acolla está gestionando que se le declare patrimonio cultural de la nación, informó el alcalde del distrito, Edwin Manyari Carhuay.

Mientras la pachahuara consiga tal designación, cientos de visitantes continuarán llegando en Navidad y Año Nuevo hasta los diversos distritos de la provincia de Jauja con el fin de apreciar esta alegre danza.

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