El dominical

B.A. Photo: la feria de fotografía más importante en Sudamérica

Con un tributo al vintage y al fotoperiodismo se realizó la feria de arte especializada en fotografía Buenos Aires Photo

B.A. Photo: la feria de fotografía más importante en Sudamérica

Fotografía de Juan Di Sandro del paso del Graf Zeppelin por Buenos Aires. Año 1934. Gelatina de plata. Vintage print.

La imagen es de la década del treinta. Todavía no amanece y el cielo de Buenos Aires tiene una coloración espectral. Abajo, la ciudad parece un tablero de dominó. Las casas y edificios alineados unos detrás de otros exhiben una simetría perfecta y, encima de todo, se impone la figura surrealista de un inmenso globo blanco suspendido en el aire: un dirigible que flota en medio de la noche. Parece un cuadro sacado de un antiguo manual futurista. Sin embargo, la fotografía es real. Registra el paso del Graf Zeppelin por la capital argentina la madrugada del 30 de junio de 1934.

Tomada desde un frágil avión, esta vista fue captada por Juan Di Sandro, un joven reportero del diario La Nación quien solía registrar con una cámara de gran formato los cambios acelerados que experimentaba su ciudad. Sus fotos muestran también la transformación de un barrio como La Boca con la llegada de la luz eléctrica; o los mágicos destellos de la escuadra en el puerto bonaerense; o la estación Constitución y sus rieles que surgen como “víboras de acero”, tal como tituló  una de sus obras realizadas en 1938.

Hoy, ochenta años después, Di Sandro es revalorado como uno de los pioneros del fotoperiodismo latinoamericano; y la décima segunda edición de Buenos Aires Photo (BAphoto) le rindió un homenaje póstumo con una exposición que rescató sus imágenes nocturnas y puso en relieve el papel de la fotografía periodística en la actualidad.

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La avenida Corrientes desde el edificio Comega. Foto de Horacio Coppola. Año 1936

La Rural es un espacioso recinto ferial ubicado sobre las avenidas Santa Fe y Sarmiento, en Palermo, uno de los barrios más tradicionales de la capital argentina. Su nombre se debe a que allí se realizan los desfiles de vacunos pertenecientes a la actividad ganadera. Pero desde hace unas décadas este lugar es también sinónimo de comercio y movida cultural.

Este año La Rural fue el escenario de BAphoto, la feria de arte especializada en fotografía más importante de la región. Se apostó por un formato mucho más grande respecto a las anteriores versiones. La muestra internacional reunió a 34 galerías —casi el doble del 2015—, entre las que se encontraba la sala peruana Ginsberg, con una potente muestra de Silvana Pestana. Además, se montaron espacios para proyectos especiales, para el videoarte y para una feria de libros de fotografía —Photobook Tijuana—. También hubo stands para visibilizar, con el apoyo del Ministerio de Cultura argentino, las actividades de artistas jóvenes en La Plata o Rosario. Sin embargo, uno de los platos fuertes de la feria estuvo centrado en la recuperación del pasado, desde las obras de consagrados como Horacio Coppola o Grete Stern, hasta la exhibición —en la sección Wunderkammer— de daguerrotipos, ambrotipos y verdaderos hallazgos gráficos, como los relacionados a la construcción del famoso Ferrocarril Oeste en el último tercio del siglo XIX.

“Todo esto es parte del crecimiento de la feria que hoy tiene mucho mayor contenido”, dice Diego Costa Peuser, director de BAphoto y uno de los impulsores del arte latinoamericano a través de una revista como Arte al día y de ferias como Pinta en Nueva York y Miami o PArC en Lima. “Ahora no solo estamos mirando la fotografía contemporánea o a los clásicos del siglo XX, sino también la imagen antigua, y con ello queremos cubrir todos los gustos de los asistentes, tanto del público como de los coleccionistas”, agrega. Más adelante, Costa dirá que una actividad como esta es también una oportunidad para formar audiencias cada vez más informadas sobre las tendencias actuales pero también sobre el contexto que las originó.   

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“Juan Di Sandro es importante porque es el eslabón más visible del proceso de modernización de la fotografía argentina”, dice Francisco Medail. A pesar de su juventud —tiene 25 años—, es el director artístico de BAphoto y curador, con Mercedes Claus, de la exposición que rinde homenaje al llamado decano del fotoperiodismo argentino.

Di Sandro nació en Italia y llegó a la Argentina muy joven. A los 15 años ya había empezado a trabajar en La Nación, y en esa práctica supo combinar las tendencias en disputa que existían en aquel país a inicios del siglo XX. Medail lo explica así: “Existen dos líneas muy básicas. Argentina tiene cierta tardanza en algunas cuestiones estéticas relacionadas con la fotografía. Acá la aparición del fotoclub fue muy fuerte. Surgió en la década de 1930 haciendo un pictorialismo ya venido a menos que reproducía lo que se hacía en París en el siglo XIX. A la par de esa tendencia, empezó la práctica del fotoperiodismo, de los reporteros que comenzaban a vivir dentro de un diario. Di Sandro operó en esos dos campos y además formó parte de la famosa Carpeta de los Diez, ese conjunto de fotógrafos que va a ser clave para el desarrollo de nuestra fotografía”.

La Carpeta de los Diez fue un movimiento formado en 1953 por fotógrafos de la talla de Fred Schiffer, Annemarie Heinrich, Anatole Saderman y George Friedman, quienes, sin dejar de asistir a los mencionados fotoclubes, promovieron estéticas distintas a partir de un ejercicio de crítica conjunta. Su nombre se debe a que circulaban, entre ellos, una carpeta con imágenes que le servía a cada integrante del grupo para hacer críticas y anotaciones al trabajo de los demás.

Lo curioso es que la obra de Di Sandro siguió un patrón definido a lo largo de seis décadas. “Hemos hecho convivir imágenes más clichés, bien periodísticas, con otras más poéticas”, destaca Medail. Por ejemplo, el crudo registro de un incendio de 1950 es confrontado con otra fotografía posterior de una fuente de agua como una tensión entre lo clásico y lo moderno. “Di Sandro no fotografiaba flores sino las luces nocturnas, los hierros; él no retrataba el pasado, sino esa ciudad que estaba por venir”, expresa el curador. En sus imágenes, tanto las de los años treinta como las tomadas a la multitud reunida en el funeral de Evita Perón, en los años cincuenta, no solo se percibe un afán documentalista, sino también se pone de manifiesto una mirada que apunta hacia la modernidad.   

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Imagen de un incendio, en 1950. Foto de Juan Di Sandro. Gelatina de plata sobre papel. 

En uno de los pasillos principales de BAphoto se ubicó la galería peruana Ginsberg. En la pared frontal de la sala, colgadas con ganchos, se extendieron cuatro fotografías en gran formato con diferentes escenas del rostro de una niña escondido entre sus largos cabellos. Las imágenes pertenecen a la serie “Oro Negro”, de la fotógrafa peruana Silvana Pestana, y ofrecen una mirada dramática al tema de la minería ilegal y la trata de menores en La Pampa, Madre de Dios.

“La galería siempre ha perseguido la internacionalización de sus artistas. Por eso, gracias a una invitación de la dirección de la feria, decidimos venir con un solo proyecto. La idea era mostrar el trabajo de Silvana y ver qué pasaba en un mercado tan importante como es Buenos Aires”, dice Claudia Pareja, representante de la galería peruana. (Después, nos enteraríamos de que dos coleccionistas particulares —Aníbal Jozami y Ezequiel Eskenazi Storey— adquirieron dos obras de la serie “Oro Negro”).

Pero las fotografías de Pestana no fueron las únicas representantes peruanas en la feria bonaerense. Unos metros más allá de Ginsberg se instaló la sala argentina Rolf Art. En su colectiva llamada “Contradicción Urbana” se exhibieron trabajos de cinco artistas visuales: los argentinos Humberto Rivas, Facundo de Zuviría y Santiago Porter, el chileno Andrés Durán y el peruano Mariano Zuzunaga, quien presentó una selección de sus planos contrapicados de edificios de Barcelona, la ciudad donde reside. Imágenes dominadas por la abstracción y las formas geométricas. “Un gesto tan sencillo como enfocar la cámara hacia arriba hace que el edificio pierda su materialidad para mostrar que el germen de lo abstracto está en lo figurativo”, dice Federico Curutchet, galerista de Rolf Art.

Para él la fotografía actual ya no se reduce solo a la reproducción de lo bello, sino que va más allá. “Toda obra, creo, debe sostenerse en una investigación previa que se desarrolla y que, en este caso, deviene o decanta en una imagen fotográfica. Obviamente, esta debe tener un acabado compositivo, estilístico, sino estaríamos hablando de sociólogos y no de artistas, pero no se reduce solo a eso. A nosotros nos interesa que toda propuesta esté atravesada por una densidad crítica”, comenta.

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El trabajo de Di Sandro ha puesto en debate —una vez más— si se puede hablar del fotoperiodismo como arte. Algo que se ha hecho evidente desde la aparición de monstruos de la imagen como Cartier-Bresson o Robert Capa, o de la relevancia mediática de un premio como World Press Photo. En Prima Galería, por ejemplo, se pudo ver el trabajo de Tomás Munita sobre Afganistán. “No basta que una fotografía migre de un periódico a una galería para que automáticamente sea calificada como artística”, opina el fotógrafo peruano Musuk Nolte, cuyas obras ya forman parte de la Fototeca Latinoamericana (FoLa), ubicada en uno de los barrios emergentes de Buenos Aires. “Una fotografía de prensa —agrega— puede tener excepcionales cualidades estéticas pero eso no es suficiente para que se desestime el fin para el cual fue tomada. Sobre todo en un medio [se refiere al peruano] donde la fotografía en los periódicos, por lo general, está subordinada al texto o, en su defecto, sirve para ilustrar ‘literalmente’ una noticia. El fotoperiodismo está enmarcado en una lógica que limita la expresión artística. Por eso, yo diría que no”.

Le preguntamos si se puede hacer arte de una catástrofe o una guerra. “Se puede”, responde. “Sin duda es uno de los grandes temas que aborda el arte desde distintos flancos. Ya sea una pintura, un grabado o una fotografía, a mí me interesa que el autor tenga algo que decir y que haya encontrado una manera efectiva de comunicarlo, asumiendo que para esto hay que tomar decisiones estéticas y técnicas”, asegura.  En su caso, él prefiere el documental al fotoperiodismo porque le otorga mayor libertad de acción. “El fotoperiodismo juega bajo reglas bastante rígidas, como las nociones de realidad, veracidad, etcétera, conceptos que el arte y la crítica se han encargado de cuestionar”, dice, mientras reconoce que en la actualidad las categorías se han vuelto ambiguas y cada vez se apuesta más por lo híbrido.

De igual parecer es el curador y fotógrafo argentino Francisco Medail: “Los artistas recientes ya no piensan en la fotografía como una disciplina particular, sino como una herramienta más dentro del abanico que ofrece el arte contemporáneo. Eso ha diluido mucho las fronteras”.

Y en los pasillos de BAphoto, en La Rural, han convivido esos contornos difusos y
heterogéneos del arte actual, un diálogo de dos siglos entre fotógrafos contemporáneos que experimentan con soportes distintos al papel, como el vidrio, el plástico o el video; y otros que rescatan esas postales del pasado, esas imágenes grandilocuentes como las realizadas por esos reporteros que, en los años 30, salieron a tomar su ciudad como
objeto de estudio.

Ahí están para demostrarlo las fotos de Di Sandro pero también las de Horacio Coppola, el fotógrafo, que una noche de 1936, fascinado por el espectáculo que tenía al frente, se subió a un edificio para captar el resplandor de la avenida Corrientes, iluminada por la energía eléctrica. Esta fotografía se ha convertido hoy en el ícono fundacional de la capital argentina. Una imagen del pasado que comienza a ser atesorada con los ojos del siglo XXI como un apreciado vintage print, es decir, como una exquisita copia de época.  

Peruanos en FoLa


Imagen del fotógrafo peruano Andrés Marroquín, que se exhibe en la Fototeca Latinoamericana.

En la avenida Godoy Cruz del barrio de Palermo, donde antiguamente —a inicios del siglo XX— funcionó una estación de ferrocarril, se levanta desde hace dos años la Fototeca Latinoamericana (FoLa), un centro especializado en la conservación y difusión de la fotografía de esta parte del continente. Su director, Gastón Deleau, es conocido en nuestro medio por haber sido —junto con Diego Costa Peuser— gestor de la Semana de Arte, Lima Photo y de la feria de arte PArC.

La colección de la fototeca reúne imágenes de artistas de 16 países y el archivo más numeroso, después del argentino, corresponde al Perú, con aproximadamente 60 obras. “FoLa es un sueño de muchos años y se ha ido gestando en los principios de BAphoto y Lima Photo”, cuenta Deleau.  En ese tránsito, la colección peruana —afirma— se ha ido  formando de manera natural. “En los últimos 14 años he viajado constantemente al Perú, donde he vivido experiencias enriquecedoras y he hecho grandes amigos y conocidos”, dice Deleau.


Fotografía del peruano Musuk Nolte.

Con el apoyo de Promperú se ha podido reunir obras de fotógrafos de diversas generaciones, desde clásicos como Martín Chambi hasta contemporáneos como Roberto Huarcaya, Luz María Bedoya, Elena Damiani, Andrés Marroquín, Musuk Nolte, Philippe Gruenberg, Pablo Hare, Fernando La Rosa, José Carlos Martinat, Ricardo Yui, Mariano Zuzunaga, Javier Silva o Herbert Mulanovich.

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