El dominical

Bob Dylan, el poeta disruptor

16 años atrás, el poeta chileno Nicanor Parra ya proponía a Dylan como candidato para el Premio Nobel de Literatura.

Bob Dylan, el poeta disruptor

Junio del 2012. Dylan en The Hop Festival, en Kent, Estados Unidos.

Mama’s in the fact’ry
She ain’t got no shoes
Daddy’s in the alley
He’s lookin’ for the fuse
I’m in the streets
With the tombstone blues

Dice la letra de “Tombstone Blues”, canción de Bob Dylan (Duluth, Minnesota, 1941), lanzada en 1965. Al escucharla, el legendario antipoeta Nicanor Parra quedó convencido: “Con estos tres versos [Dylan] se hace acreedor a todo. Por su falta de pretensión artística. Es realismo real, con la fábrica, el callejón y la cocina, donde está el niño solo con los thumbs blues", dijo en el año 2000, en una entrevista para el diario chileno El Mercurio.

Y aunque los versos a los que se refería Parra eran en realidad seis y, a decir verdad, un poco diferentes de lo que el poeta recordaba, no hubo quien dudara del lirismo y el poder expresivo de las canciones de Dylan. Pero, ¿en serio un músico merece el máximo galardón de las letras?

Dylan ha recibido los premios Orden de las Artes y las Letras (1990), el Príncipe de Asturias (2007), el Pulitzer (2008) y la Medalla Presidencial de la Libertad (2012) otorgada por Barack Obama. Y ahora, 16 años más tarde, la Academia sueca anuncia que, efectivamente, Bob Dylan se lo merece todo, incluido el Premio Nobel de Literatura 2016 por "haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana".

Y si bien nadie puede negar que Dylan revolucionó el concepto de la canción popular del siglo XX con la veta poética que incluyó en sus canciones, o la inmensa influencia que ha ejercido sobre los más grandes íconos musicales de todos los tiempos como los Beatles, los Rolling Stones y Bruce Springsteen, lo cierto es que su nombramiento como nuevo Nobel de Literatura ha avivado el halo polémico que ha seguido desde sus inicios al premio de la Academia Sueca. Ni Borges, ni Nabokov, ni Cortázar, ni Proust, ni Pound, ni Joyce, ni Updike consiguieron nunca el Nobel, todos escritores de altísimo nivel, pero empañados frente a la Academia por motivos extraliterarios.

Por otro lado, hay quienes celebran el Nobel de Dylan, aduciendo que este gesto es síntoma de un cambio de paradigma, de la liberación de la literatura de los límites impuestos por el libro, del retorno a sus raíces orales.