El dominical

El impecable Mr. Peck

Un perfil de uno de los actores más entrañables de Hollywood, a propósito del centenario de su nacimiento.

El impecable Mr. Peck

Peck no solo fue un talentoso actor, sino también un incansable defensor de causas humanitarias y justas. Por Ricardo Hinojosa Lizárraga

Por Ricardo Hinojosa Lizárraga

 

“Eres capaz de pelear por palabras escritas en papel, eres capaz de matar por orgullo. ¡Estos papeles no significan nada!”. Los papeles, entonces, hierven en fuego, desaparecen frente a los ojos de un revolucionario enajenado cuyas balas son más veloces que la vida de Bitter, Ambrose Bierce, el legendario escritor que había pronunciado las palabras. Bitter/Ambrose cae y, agonizante, insiste: “¡Estos papeles no significan nada!”, mientras aquellas letras, presas del fuego, van esparciéndose en el viento. Es 1991 y Ambrose Bierce —el ácido autor del "Diccionario del diablo"— tenía casi 80 años de haber desaparecido en territorio mexicano en plena revolución de Pancho Villa. Porque esos papeles se hicieron llama entre 1913 y 1914, y quien caía no era exactamente Bitter/Ambrose. O, en todo caso, era Bitter/Ambrose/Gregory, porque era Gregory Peck quien se derrumbaba en la escena cumbre de "Gringo viejo", la película dirigida por Luis Puenzo en 1989 —basada en el libro homónimo de Carlos Fuentes—. Fue el último gran papel de Peck en el cine, aunque claro, difícilmente él hubiera pronunciado esas palabras: “¡Estos papeles no significan nada!”. Para Peck todos los papeles significaron siempre algo. “Dicen que hacer de malo es difícil, pero yo creo que interpretar personajes buenos lo es mucho más, porque hay que hacerlos interesantes”, dijo acerca de su carrera el hombre  que había encarnado a Atticus Finch —el respetable abogado de "Matar un ruiseñor" (1962)— , personaje que fue elegido el más grande héroe del cine por el American Film Institute en 2003. ¿Ha imaginado alguna vez que la persona más noble, correcta e íntegra que usted conoce en el mundo sea una estrella de Hollywood? Pues ese era Gregory Peck, quien este año hubiera completado 100 calendarios. 

— Se aprovechan de su nobleza —
Peck se llamó primero Eldred; luego prefirió su segundo nombre, Gregory; aunque, finalmente, fue Atticus para la eternidad cinematográfica. La misma eternidad que lo verá convertirse, cada vez que se proyecte una película suya, en el soldado ruso de "Días de gloria", en su debut de 1944; en el supuesto psiquiatra con problemas mentales de "Spellbound" (1945); en el impetuoso Lewton de "Duelo al sol" (1946); en el pistolero Ringo en "The Gunfighter" (1950); en el rey David de "David y Betsabé" (1951); en Harry Street, alter ego de Hemingway, en "Las nieves del Kilimanjaro" (1952); en el galante Joe Bradley de "Vacaciones en Roma" (1953); en el capitán Ahab de "Moby Dick" (1956); en el civilizado James McKay en "Horizontes de grandeza" (1958); en el escritor Francis Scott Fitzgerald de "Días sin vida" (1959); o en el icónico y ya mencionado Atticus Finch. Pero, aunque más tarde Peck haya personificado al general MacArthur, a Abraham Lincoln o al nazi Mengele —un villano único dentro de su filmografía—, no era solo eso. 
    Se comprometió con diversas causas humanitarias, incluyendo el retraso de la ceremonia de los Óscar para solidarizarse con la comunidad negra tras el asesinato de Luther King o el ofrecimiento, ad honorem, de ser promotor comercial de Chrysler para evitar que la empresa dejara a seiscientas mil personas desempleadas. Además, en 1997, la Alianza de Gays y Lesbianas contra la Difamación (GLAAD) lo escogió para presentar un premio y Peck dijo en su speech: “Me resulta estúpido tener que luchar por algo que es tan simple y correcto”. Si todavía algunos se preguntan, ¿qué sentido tiene recordar a un actor que hoy pocos conocen? Hay respuestas: “Siempre tuvo el perfil de un actor que interpretaba personajes ecuánimes, serios y sobrios. Esa imagen también la transmitía en su propia vida, porque fue siempre un defensor de las causas liberales, incluso con posiciones de izquierda”, nos dice Isaac León, sociólogo, catedrático y crítico de cine. Otro cinéfilo y sociólogo, Fernando Vivas, lo complementa: “Había una bonhomía en Peck que no lo llevó nunca a hacer personajes monstruosos. Siempre fue un héroe con ciertas tribulaciones psicológicas”. 

— ¿Qué sería del mundo si hubiera otros Gregory Peck? —
 “Sus ideales, de algún modo, se han mantenido fuertes. Nos produce la sensación de que es capaz de cambiar el mundo a través de las cosas que hace, de las cosas que dice”, dijo, en un documental sobre su vida, su hijo Stephen Peck. Ese fue su padre, alguien que, a través de sus personajes, distinguió lo justo de la justicia. Luego de su muerte, el 12 de junio del 2003, el actor Brock Peters —quien encarnó a Tom Robinson, el acusado a quien Atticus defendió en "Matar un ruiseñor"— le dedicó un sentido elogio en su funeral. Esto nos lleva a recordar el final de aquel filme, cuando un reverendo negro le dice a la hija del emblemático abogado: “Señorita Jean Louise, levántese. Su padre está pasando”. Gregory Peck, el impecable, ha cumplido 100 años. Pongámonos todos de pie. 
    Porque quizá, de algún modo, fue Atticus Finch quien interpretó a Gregory Peck en la gran pantalla.