El dominical

Y el verbo se hizo cine

La literatura de Gabriel García Márquez está poblada de imágenes, sonoridades y diversos elementos del lenguaje del cine

Y el verbo se hizo cine

Una de las obras de Gabo que desarrolla el lenguaje cinematográfico

Y el verbo se hizo cine

La novela "El amor en los tiempos del cólera" de GGM también fue llevada al cine

MARTHA MEIER MIRÓ QUESADA @meiermq

Editora central

 

Como su personaje Úrsula Iguarán, de "Cien años de soledad", Gabriel García Márquez murió el Jueves Santo. Este genial narrador y amante confeso del cine, partió sin darse cuenta que su literatura contiene bastante más recursos cinematográficos, que muchas películas.

Para el maestro Armando Robles Godoy no era posible trazar un paralelo entre cine y literatura. Lo más cercano al cine -decía- es la música con su contrapunto, su tempo y sus matices. Y quizá tenía algo de razón si nos referimos a una novela cualquiera, pero no a quienes como García Márquez, Horacio Quiroga o el mismo Gustave Flaubert (para no mencionar a geniales de la literatura norteamericana como John Dos Passos o Truman Capote), lograron con su dominio del verbo crear libros en los que vemos, sentimos y escuchamos. Las mariposas amarillas de “Cien años de Soledad” vuelan -literalmente- a nuestro alrededor mientras leemos sobre el creciente amor de Meme por Mauricio Babilonia, y con eso la cantidad de mariposas amarillas.

 

EL OLOR DE LA GUAYABA

En “El olor de la guayaba” Gabo le confesó a su gran amigo Plinio Apuleyo Mendoza que el cine le enseñó a ver en imágenes. Le comentó también que en todos sus libros previos a “Cien años de soledad” hay un “afán de visualización de los personajes y las escenas, y hasta una obsesión por indicar puntos de vista y encuadres”.  De “El coronel no tiene quien la escriba”, afirmó que “los personajes son como seguidos por una cámara. Y cuando vuelvo a leer el libro, veo la cámara".

Pese a esto Gabo no fue consciente de su capacidad de crear cine en formato de novela, con el contrapunto de sus historias, el tempo de sus frases, la “cámara” siguiendo a los personajes -como él mismo dice-, acercando esa cámara hasta hacerla entrar en una flor o matenerla quieta mientras algún personaje se aleja y sale del “encuadre”.  

A Gabo le obsesionó el cine y este era un tema recurrente en sus primeras columnas periodísticas, en diarios de Barranquilla. Ya afincado como periodista de “El Espectador” García Márquez es, de hecho, un forjador del periodismo y la crítica cinematográficos.

 

OTROS TAMBIÉN

“El hombre muerto”, aquél magistral cuento del uruguayo Horacio Quiroga. Un verdadero homenaje a la “cámara lenta”: un hombre resbala “a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía, el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en el suelo”. ¿No cumple acaso la frase “mientras [el machete] caía” la misma función de la cámara lenta?

Flaubert tiene también esa capacidad de ver y hacernos ver los detalles, de retratar el mundo con palabras hasta crear secuencias con “cortes”, “encuadres”, “acercamientos” y sonidos propios del lenguaje cinematográfico.

Un breve ejemplo lo encontramos en un simple pasaje de su monumental “Madame Bovary”. Allí escribe:  “Alargó su mano, tomo la de Emma, la cubrió con un beso voraz, después la puso sobre su rodilla; y jugaba con sus dedos delicadamente, diciéndole mil piropos. Su voz sosa susurraba como un arroyo que corre, una chispa brotaba de su pupila a través del reflejo de sus lentes, y sus manos se adentraban en la manga de Emma para palparle el brazo”.

¿Hay alguien que no ve aquí una clara secuencia, con primeros planos de manos, dedos o lentes? ¿Alguien no escucha la sonoridad de la voz del hombre que acosa a Emma?  

 

UN NIÑO EN EL CINE

Gabo relata que su pasión nace en su infancia, gracias a su abuelo paterno: “el coronel Nicolás Márquez me llevaba en Aracataca a ver las películas de Tom Mix”. Fue entonces que  creció su curiosidad por el séptimo arte, y exigía lo llevaran a ver qué había detrás de la pantalla.  “Mi confusión fue muy grande cuando no vi nada más que las mismas imágenes al revés […]. Cuando por fin descubrí cómo era el misterio, me atormentó la idea de que el cine era un medio de expresión más completo que la literatura, y esa certidumbre no me dejó dormir tranquilo en mucho tiempo".

García Márquez puede haber dormido tranquilo al autoconvencerse que el cine era un medio más completo que la literatura. La de otros sería, porque la de él fue cine puro.

Cine que se ve desde el primer párrafo de “El Coronel no tiene quien les escriba”: “El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata”.

¿O no?