El dominical

Escalera al juicio

"Disculpen la pequeñez", la columna semanal de Jaime Bedoya

Escalera al juicio

lustración de Robert Plant y Jimmy Page durante el juicio.

La civilización está en crisis. Es lamentable que no exista una manera veraz de cuantificar los kilos de marihuana que deben haber hecho combustión bajo el acompañamiento musical de “Stairway to Heaven”, de Led Zeppelin. Gloria a este humo ignoto e iluminador.
    La honorabilidad del dulce aturdimiento propiciado por el tetrahidrocannabinol y esta música estuvo bajo entredicho judicial. Felizmente, un jurado de ocho personas —cuatro mujeres, cuatro hombres— sentenció en California que “Stairway to Heaven” no es un plagio. Acuña, como el mejor hincha del Liverpool, nunca estará solo.
    Hay una canción desconocida llamada “Taurus”, de un grupo igualmente ignorado llamado Spirit. Este grupo grabó dos años antes que Led Zeppelin una progresión melódica compuesta por una serie de arpegios descendientes en las mismas notas que el himno de Zeppelin. Aquí las dos versiones:


    El compositor de “Taurus”, un espíritu chúcaro llamado Randy California, fue chico genio desde los 15 años. Hendrix se lo quiso llevar de gira pero la minoría de edad lo impidió. California murió ahogado, salvando a su hijo, antes de cumplir 46 años. Su grupo y Zeppelin compartieron escenarios, presumiendo que los ingleses escucharon “Taurus”. California utilizó una clave, instrumento barroco, en la canción. Dos años después, Jimmy Page recurrió a la mítica guitarra de doce cuerdas en “Stairway to Heaven”, asemejando con ello más las melodías.
    “Abstracción” es la diplomática respuesta que tiene Robert Plant cuando responde sobre la letra de “Stairway”. Page había estado trabajando más de un año en el fraseo musical introductorio. Al escucharlo, Plant dice haber recibido un dictado de efluvios celtas, lo que gatilló el mito del origen satánico de la obra: “Hay una dama que está segura de que todo lo que reluce es oro, y está comprando una escalera al cielo”. 
    Plant esta semana recitaba en corte la letra de “Stairway” a manera de testimonio judicial. Hay por lo menos dos diferencias sustantivas entre ambas canciones. La menor es que, en la canción de Led Zeppelin, Page construye una segunda melodía — ascendiente—  sobre el arpegio en común que la diferencia de “Taurus”. La mayor es que el resultado final de Zeppelin tiene una envergadura y consistencia musical de las que la otra carece. El heredero del patrimonio de Randy California es un periodista, oficio que por defecto en cierto punto induce a interpretar una oportunidad como esta como la  merecida retribución poética al cabo de una vida de apostolado.
    Cuando a Rod Stewart le ampayaron el megaplagio de “Da Ya Think I’m Sexy?” (de melodía idéntica a la canción brasilera “Taj Mahal”), él concedió de inmediato alegando “plagio inconsciente”. Es lo que Jung calificó de criptomnesia, proceso en el cual alguien bajo estrés intelectual puede olvidar temporalmente la propiedad ajena de una idea y adjudicársela como propia.  Situación que sucede a diario en diversos ambientes laborales del mundo. 
    Hubiera sido una banalidad innoble calificar lo de Zeppelin como plagio. El talento musical de Page[1] no precisa del copy and paste contemporáneo. El rocanrol siempre fue una revolcada promiscua y lujuriosa entre géneros e influencias. Con mayor razón si por entonces, los setenta, la gente navegaba sobre un río de drogas[2] con la misma devoción con el que hoy las personas rinden culto a sus teléfonos.
    A fin de cuentas tanto la canción ignota de Spirit como el canónico himno pastrulo de Led Zeppelin tienen una matriz fundacional común: la “Sonata di Chitarra, e Violino, con il suo Basso Continuo”, de Giovanni Battista Granata (1620-1687). Atención al segundo 0:32 de esa pieza:


    Este músico del siglo XVII, barbero y médico de profesión, también fumaba de la buena.

[1] Durante el juicio, Jimmy Page ha declarado bajo juramento que posee 4.329 discos y 5.882 cedés.
[2] También durante el juicio, Robert Plant ha declarado bajo juramento: “No recuerdo a la mayoría de personas a las que conocí durante los setenta”.