El dominical

El amante de las pequeñas cosas: una entrevista a Serrat

Exclusiva: Joan Manuel Serrat ofrecerá un concierto en nuestra ciudad el 21 de noviembre en el Gran Teatro Nacional

El amante de las pequeñas cosas: una entrevista a Serrat

(Foto: REUTERS) Texto: Ricardo Hinojosa Lizárraga

 

Por Ricardo Hinojosa Lizárraga

Quizás porque su niñez sigue jugando en la playa o porque sabe que solo se hace camino al andar; tal vez porque no ha encontrado mejor manera de disfrutar la vida que haciéndolo verso a verso, golpe a golpe, o porque cualquier día puede ser un gran día, Joan Manuel Serrat, a sus 71 años, está inmerso hoy en la gira más importante de su vida, con 100 conciertos en todo el mundo para conmemorar los 50 años de su carrera artística. Para cerrar estos meses intensos, el “Noi del Poble-Sec” eligió Lima. Nuestra capital será testigo, este 21 de noviembre, del fin de fiesta de esta serie de shows que de ningún modo es una despedida, sino una celebración. Y es que, como él mismo dice, “Las canciones siempre están vivas”. Como un anticipo a esa noche mágica, conversamos en exclusiva con el artista. Y él no calló nada. 

¿Cómo se hace para seguir cantando con la misma vitalidad canciones que tienen 50, 40, 30 años y que ya ha cantado muchísimas veces en varios lugares distintos?
Bueno, eso ocurre, primero, porque se han mantenido vivas en el favor de la gente todos estos años. Después, porque tengo ganas, fuerzas y energía para poder cantarlas y poder someterme a esos momentos maravillosos en el escenario y, después, porque hay un público, una gente para los que estas canciones representan su memoria sentimental. Ahora, claro, canto canciones que tienen 40 años, pero también canto algunas que son de antes de ayer. No me gustaría limitar mi repertorio al pasado.

Volvamos un poco a ese pasado. A partir de la sensación inicial que tuvo en casa, a inicios de los 60, cuando dejó de trabajar para dedicarse a la música, ¿cuáles son los mejores recuerdos de esos años?
Al inicio alternaba mi profesión con el cantar, con escribir, tenía tiempo para todo. La verdad es que, cuando uno quiere, tiene tiempo para todo. Y claro, echando la vista atrás hacia aquellos años, tuvieron de malo el franquismo, la represión política, pero tuvieron de bueno la juventud, un tiempo que hervía, en el que pasaban muchas cosas y en el que, incluso, había sueños por realizar. En el mundo de la música aquello se duplicaba, tanto por parte de lo que era la vida en el comportamiento social y en el escenario, se complementaban mucho. Tengo unos recuerdos  muy hermosos. 

Recuerdo una entrevista de fines de los setenta, con Joaquín Soler, cuando le dijo que no creía en las vocaciones, sino en irle agarrando gusto a un trabajo bien realizado. ¿Piensa lo mismo hoy?
La vocación siempre la he sentido como un motor generador que hace a una persona ser o no ser. Uno descubre las cosas a medida que las ejecuta. Se me hace muy extraño que un niño quiera ser astronauta sin haberse subido a un cohete, sin saber de física cuántica, ¿no? Creo que la vida es esa vía y tus intereses son muchos, todos los que te van descubriendo, y eso va creciendo y a veces crece tanto que se acaba convirtiendo en tu oficio y se acaba convirtiendo en algo que amas y en algo que forma parte absolutamente de ti, de tal modo que lo llevas adonde vayas.

Y en ese contexto, ¿cuándo sintió que iba a dedicarse a la música toda su vida?
Bueno, toda mi vida no, incluso ahora no lo creo —a pesar de que ya me queda poco margen—. No pensé nunca que me iba a dedicar a la música toda mi vida. Y yo tomé el camino de la música porque cuando decidí ser profesional, dedicarme de lleno a ello, dejar el trabajo que  tenía, dejar estudios con los que estaba complementando el trabajo, dejarlo todo para dedicarme a la música, lo hice con la certeza de que estaba haciendo lo que quería en ese momento. Si llevo 50 años en la música es porque en estos 50 años he ido renovando este sentimiento y he ido creciendo con él. En cualquier momento, si en mi vida las cosas funcionaban de otra manera, no me queda duda de que me hubiera dedicado a otra cosa y lo hubiera hecho con el mismo fervor y el mismo entusiasmo que la música. Ya le digo: la vida está llena de posibilidades para el que quiera buscarlas.

Esto me lleva de vuelta a la entrevista con Joaquín Soler, por algo que me llamó mucho la atención, según sus propias palabras: “Aunque sonará frívolo, comencé a tocar la guitarra porque así era más fácil tocarle el culo a las muchachas”.
[Risas] Es algo que no es falso, quizás no es tan brutal, pero realmente para mí el interés que provocaba una canción, y la forma en que sensibilizaban determinadas canciones a las muchachas que me gustaban, no le quepa duda que me ayudó a estudiar música.  

¿Y hoy por qué toca la guitarra?
Por lo mismo por lo que empecé, evidentemente sin que la parte de las señoras ya me produzca rendimiento [risas], pero los motivos son los mismos: la guitarra es la prolongación sentimental de uno y a través de la música exploras un mundo que antes que conmueva a los demás debe conmoverte a ti.

¿Atribuye a esa capacidad de conmoverse y conmover su conexión con el público hoy, después de 50 años de carrera?
Creo que, sencillamente, se ha producido una relación de confianza entre la gente y yo, y que mi trabajo ha resultado interesante. Y es lo que hablábamos antes: cuando las canciones forman parte de la memoria sentimental de la gente, las canciones caminan un tiempo.

En su música puede sentirse la presencia de escritores como Benedetti, Machado, Hernández, García Lorca… ¿Qué lee hoy?
Afortunadamente pude trabajar con Benedetti de una forma más compartida, como con Galeano y otros poetas vivos entonces. En el caso de Machado y Hernández lamentablemente no, ellos tuvieron que conformarse con lo que yo me atreví a hacer [risas].  Soy un lector de poesía, siempre lo he sido, porque es la más cercana de las artes literarias respecto de lo que yo hago. La lectura me acompaña siempre, soy una persona nacida en los cuarenta y criada entre libros. Muchas veces prefiero a poetas nórdicos, eslavos, brillantes pero poco conocidos en este pequeño pero muy esforzado mundo de trabajadores de la poética. 

¿Qué le satisface más: ensayar sus canciones, componer en el estudio con otros músicos o tocar en vivo?
Es que las tres cosas se complementan. Sin duda, el “vivo” es lo más auténtico para el artista y para el público, es la distancia corta y ahí mides los sentires, los matices, se produce una relación mágica entre el artista y el público. Sin duda, ya que puede ser la recompensa emocional, es el espejo más nítido para el artista. La grabación es muy interesante porque permite trabajar, comprobar, ver hacia dónde puedes mover una canción, es más ágil. Y la composición es la madre del cordero, si no compones, no tienes nada que grabar ni ofrecer a la gente.

¿Y tiene alguna cábala antes de salir al concierto?
No, no soy supersticioso ni cabulero, en absoluto. Ni hago ejercicios ni me dirijo a ningún ser superior determinado. Antes de empezar un concierto sí procuro estar lo más tranquilo y concentrado posible en lo que voy hacer.

A propósito de su reciente disco "Antología desordenada", ¿qué canciones suyas o que ha  interpretado lo han hecho más feliz y por qué?
Creo que hay canciones que han tenido más éxito que otras; hay canciones que son mejores que otras, mejor acabadas; incluso le diría que hay algunas que más valiera que no las haya escrito jamás en mi vida porque no me aportan nada a mí ni a la gente. El recorrido de cualquier artista está en el intento, sin el intento no existe el artista. Todas son responsabilidad mía y, en realidad, usted, que parece un conocedor del repertorio, y yo, sabemos que si tuviéramos que escoger 20 canciones escogeríamos en un 80 % las mismas. Seguramente la selección variaría un día de sol, un día de lluvia, un día en que el espíritu está feliz o melancólico…   

Con vino o sin vino…
[Risas] Con vino seguro que repetiríamos las mismas todo el rato… 

En otra entrevista dijo que le recomendaba a la gente no creer en los triunfadores porque son solo un espejismo. ¿Hoy se considera usted un triunfador?
Un triunfador es una presunción. Un triunfador no es el que gana, es el que está feliz con lo que llega a ser. Seguramente sabrá de gente que ha sido exitosa jugando al fútbol, haciendo negocios o desarrollando una actividad artística y que han acabado siendo seres muy despreciados. Muchas veces lo que se muestra como un triunfo es solo una imagen. Lo que yo considero, sinceramente, el gran éxito de la vida es mi familia, la gente que tengo alrededor, que me da estabilidad, que me da fantasía, que me provoca ternura, que me ayuda a compensar este mundo potente y exigente en el que subes al escenario cada día y te bajan de ahí ellos de las piernas y te devuelven a la realidad. Mi triunfo es poder compaginar estas dos cosas.  

¿Considera esa misma su mayor felicidad en su carrera como artista?
Bueno, partamos de la base de que la felicidad es algo que aparece muy de vez en cuando, y es como si un gran dios te salpicara en algunos momentos con gotas de oro. Yo me conformo con encontrar estos momentos y estos se encuentran a partir de lo que estoy diciendo. Pero uno no vive en eterno estado de felicidad, es más yo creo que eso sería una sobredosis que provocaría resultados un tanto fatales.

¿Qué hace en sus momentos de relax?
Pues hablo con usted, por ejemplo [risas]. Veo e-mails, correspondencia, cosas que se me van atrasando, veo mucho fútbol, voy con mi perro al campo y, si hace buen tiempo, a lo mejor salgo con la barca a navegar. Y por encima de cualquier cosa, hago lo que me manda mi mujer [risas]. El tiempo es un bien muy escaso y no hay que perderlo estúpidamente, sino que uno debe hacer cosas que le plazcan, si la vida no te somete a un trato que no te lo permita.

Luego de 50 años de carrera, ¿qué es la libertad para usted?
Considero que es un bien inapreciable. Es el bien supremo para mí. Personalmente, uno tiene que pelear por ella; pero colectivamente es un bien por el cual tenemos que pelear siempre como sociedad. Y no sé si nos damos cuenta de que la pelea es cotidiana, de que en el paso que se dé adelante cuesta muy poco que te empujen y te manden tres pasos atrás. La pelea por la libertad es  diaria, como comer, como ir a trabajar, como todo lo que el ser humano debe hacer que es pelear por sus derechos. La libertad individual es muy linda, pero cuando no hay libertad colectiva, no entiendo bien si ejercerla es un pecado.

En ese contexto me hace pensar en algo que es noticia en Europa, lamentablemente, todos los días, y es el caso de los exiliados que huyen en busca de su libertad. ¿Cómo ve ese tema?
Lo veo con preocupación porque son millones de gentes escapando del terror, es algo que sucede hace muchos años, en realidad. El tema se plantea con brutalidad en estos momentos porque esta curva ha crecido de forma tal que llega un cierto momento en que los lugares fronterizos no pueden soportarlos. Y el problema explota y avanza hacia países que lo miraban como si fuera algo distante. Algunos países han hecho poco, otros nada, y otros han contribuido a que todo esto se produzca. Creo que Europa tiene una obligación grande en ese sentido, igual que el mundo, porque este desastre, igual que el de la naturaleza, tiene su causa, no es casualidad. No podemos solo verlo como consecuencia de la guerra en Siria, tenemos que ir más atrás, tenemos que ver qué pasó en Iraq, qué pasó en Afganistán, qué está pasando en el mundo árabe, en Libia, en estos territorios donde pasó la primavera árabe. Hay que hacer una gran lectura para responder a esta catástrofe, porque lo es. En primer lugar, hay que acoger a esta gente, organizar los flujos migratorios de la mejor manera posible y dar una salida humana a este problema y una respuesta política, inmediata y contundente, a lo que ha hecho que esto ocurra.

Muchos criticaron la imagen del niño en la playa, pero tal vez, a partir de esta, se ha desatado una solidaridad mundial y se ha prestado más atención al tema…
Siempre ocurre que las noticias tienen un niño que muere en la playa. Esto conmueve mucho, es tan trágico que provoca conmoción, pero de la misma forma que conmueve se diluye, dura poco. Debe haber miles de niños muertos unos metros más allá de la playa que no salen en las noticias y que, para algunos, ya se están convirtiendo en noticias molestas. Pero esto sigue ocurriendo. Hay un camino muy largo por recorrer en ese sentido.

Ya que entramos en el tema, quería preguntarle sobre la crisis española. Y es que, como en el caso de los refugiados, muchas veces las discusiones políticas ocultan o postergan los verdaderos problemas sociales que conlleva…
Exactamente, tiene usted una visión muy clara en este asunto, siempre hay conflictos que oscurecen o tapan los auténticos conflictos. El problema grave, a mi entender, es la crisis económica que ha producido el paro, que es uno de los grandes problemas, y tiene su origen en el mundo financiero y la falta de control sobre el mismo. La forma en que se ha manejado este mundo ha provocado crisis tremendas como la de Lehman Brothers en Estados Unidos o como la de Bankia en España, dirigida, por cierto, por un aspirante al gobierno que tiene fortunas en el extranjero. Esto provoca un malestar social muy grande. Cuando la gente ve el nivel de corrupción en la clase política, al cual no estábamos acostumbrados realmente, hace que los ánimos se enturbien y el desánimo golpee. Estamos en una situación complicada, y dependemos de la situación mundial también. La globalización nos afecta extraordinariamente, y la situación de la misma Europa (que es muy lamentable en estos momentos) con un proyecto continental que no es capaz de ir más allá de una cuestión económica.

¿Cree que están pensando en Europa más como un proyecto económico que humano?
Sí, es así. Europa ha sido hasta ahora un supermercado grande, en el cual había productores que colocaban mejor que otros sus productos, pero no se ha llegado a hacer ningún avance social, ni siquiera se ha creado un banco europeo. El banco central es otra cosa, pero un banco que se haga cargo de una manera solidaria de las cuestiones económicas de los países, no quieren. 

En ese sentido, ¿qué cree que les da esperanzas a los españoles hoy en día?
Creo que los españoles tenemos la esperanza un poco tocada, pero en fin, creo que confío en que las elecciones de diciembre sirvan para despertar un poco de esta somnolencia general y podamos tomar nuevos caminos. Realmente los viejos partidos, los tradicionales, están en una gran crisis. Los partidos nuevos tienen todavía mucho que definir, no lo tienen fácil realmente.

 

Como catalán, ¿qué opinión le merece el tema de la independencia? En una entrevista reciente usted decía que no convenía la independencia de Cataluña, postura que, probablemente, moleste a muchos de sus seguidores. ¿Cómo lo ve?
Yo no vivo pensando en lo que tengo que decir para mis seguidores, vivo pensando en lo que tengo que decir para explicar quién soy yo. Lo que yo diga, soy libre de decirlo. Igual, se me hace extraño que, existiendo el derecho a decidir si prefieres una cosa u otra, pareciera que solo estuviera bien visto decidir una. El sentimiento catalán de formar parte de una nación propia ha existido desde hace muchos años y está ahí siempre. Esto se agrava por la situación económica, porque se agrava la situación social, porque se agravan todos nuestros problemas. Entonces aparece el pensamiento de “solos estaremos mejor”. Y yo te confieso que me siento profundamente catalán, y español también. Pienso que no hay ninguna razón que justifique hoy una ruptura entre Cataluña y España, no encuentro ninguna razón de peso. No es una cuestión de libertad, porque tenemos la misma; no es una política cultural, porque jamás nos imposibilitaron el uso de nuestra cultura,  de nuestro idioma, jamás; no es una cuestión de, como podría decir, de desigualdad. Más bien es por esta cuestión económica que le digo. La separación tendría graves riesgos, entraríamos en conflictos con la comunidad económica y también engendraría dolorosas situaciones personales, por eso digo no. Mi posición no está basada en cuestiones sentimentales, sino en cuestiones pragmáticas. 

Pasando a temas más felices, pero igualmente competentes a Cataluña, ¿cuánta alegrías ha sentido en los últimos años por el fútbol? ¿El de estos últimos 10 años es el mejor Barcelona que ha visto jugar?
El de finales de la temporada pasada, antes de que se vaya Xavi, sin duda es de los mejores. Hizo un final de temporada exquisito, aunque este año tenemos muy mala suerte con las lesiones, tenemos una gran sanción de la FIFA que nos impide fichar jugadores, con lo cual no podemos reemplazar a los caídos y, a pesar de eso, estamos colíderes y primeros en el grupo de la Champions, pero no estamos jugando como yo quisiera, como los barcelonistas quisieran y como todos los aficionados al fútbol quisieran; menos los contrarios, evidentemente. La liga será complicada, pero ahí vamos a estar, y la Champions lo mismo. Nosotros somos un equipo que está obligado si no a ganar, a estar ahí, a darnos las satisfacciones, la felicidad que nos han dado en tantas ocasiones.

¿Es posible describir a Messi con una palabra?
Escoja la que quiera, genial las reúne a todas.

“Cada día subido en un escenario es un día ganado a la vida y a la felicidad”, dijo hace poco. ¿Hasta cuándo podremos verlo subiendo a los escenarios?
Hasta que el cuerpo me lo permita, hasta que me siga divirtiendo o hasta que el público me aguante. Mire, son tres posibilidades que en el fondo son dos: que me vaya o que me echen [risas].

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