El dominical

Carlos Tromben:“Los santuarios,como el Huáscar,no se trasladan”

El escritor chileno llega a nuestro país para presentar su novela "Huáscar" el próximo 17 de julio en la FIL Lima.

Carlos Tromben:“Los santuarios,como el Huáscar,no se trasladan”

El Huáscar es el enemigo y Grau es un marino misterioso, sagaz e invisible que asola puertos, captura embarcaciones y tiene en vilo a todo un país. Entonces, en medio de intrigas, un grupo de civiles y marinos chilenos urde un plan para darle caza y poner fin a sus temerarias correrías. Esa es la trama de "Huáscar", una novela histórica que recrea la campaña marítima de la Guerra del Pacífico. Su autor es Carlos Tromben, un escritor que creció armando maquetas de barcos y escuchando de su padre —un oficial de la marina chilena— historias legendarias sobre la guerra.       

¿Qué te motivó a escribir una historia sobre el Huáscar y la Guerra del pacífico?
La Guerra del Pacífico y el Huáscar son temas que están muy presentes en el imaginario chileno. Era un niño curioso, muy ñoño, como decimos acá, y siempre me gustó armar maquetitas de barcos y el Huáscar —su figura medio fantasmal y misteriosa— siempre despertó mi interés. Para hacer la novela revisé mucha bibliografía chilena y peruana. Una parte importante fue la revisión de telegramas, cartas y documentos de la época.

¿Cuánto hay de ficción y de historia en la novela? 
Lanzando un número diría que un sesenta o setenta por ciento es histórico y un treinta por ciento es ficción. Y particularmente la ficción versa sobre la marinería que casi siempre es un nombre en una lista. En el caso del Huáscar sabía que en su tripulación había afroperuanos y extranjeros, entonces imaginé literariamente esa tripulación variopinta, donde se hablaba varios idiomas. Escuche y leí mucha poesía afroperuana, las décimas de Nicomedes Santa Cruz, para ver cómo hablaban esos personajes que habían sido además esclavos de niños o hijos de esclavos.

La novela en el fondo es la historia de la cacería de una amenaza invisible…
Claro, porque Grau para los chilenos era un personaje misterioso, y yo traté de entroncar eso con la literatura clásica marina, con las novelas de Conrad, de Melville, con el mito de Moby Dick y la captura de la ballena que se convierte en obsesión.

En pasajes de la novela, al Huáscar se le da el apelativo de ballena…
El Huáscar era un barco atípico, pues no se podía ver a su tripulación desde el exterior y en la prensa chilena de la época era descrito como un barco misterioso, como una amenaza que acechaba el mar. Y su comandante era un enigma. La gente se preguntaba quién era este hombre que escribía cartas a las viudas de sus víctimas.

Grau es uno de nuestros principales héroes republicanos, ¿qué significa para ustedes, los chilenos?
El chileno menos informado tiene la noción de que Grau era un caballero. Era una persona de ideales y comportamiento descollante, sobre todo por ese tratamiento que hizo de los prisioneros, por escribirle a la viuda de Prat después del combate de Iquique. Ha quedado como alguien que era un hermano en medio de esa desgracia que fue la guerra. En Santiago hay calles que se llaman Grau y hay una familia de empresarios que descienden del héroe.

¿El clima de intrigas en la política chilena de la época es histórico?
Eso es bastante histórico. Al interior del oficialismo chileno existía un clima de tensión y había una élite gobernante civil temerosa de que los militares tomaran al poder a causa de la guerra. La política chilena estaba dividida entre los partidos cercanos a la Iglesia Católica y los partidos cercanos a la masonería. Ese era el clivaje político de la época y ahí había mucha rivalidad.

Hay un personaje clave que es masón y se comunica con señales típicas de este grupo.
Sí, los masones gobernaban o tenían gran influencia sobre el poder político y se reconocían a través de signos secretos. Uno de los marinos chilenos que participó en la captura del Huáscar era masón, era el comandante Juan José La Torre, quien además era hijo de peruano. Tenía un hermano peruano, en el ejército peruano. Eso da cuenta de lo fratricida que fue esta guerra. 

Otro personaje es el poeta y político chileno Eusebio Lillo, quien toma nota de los acontecimientos para escribir una novela, ¿lo tomaste como un alter ego? 
Has dado en el clavo. A él lo utilice como el testigo presencial literario de los hechos. Era un hombre de letras y también masón y tuvo una participación histórica al ser nombrado secretario de la Escuadra aunque nunca escribió nada de aquello, pero yo manipulé eso en provecho de la ficción.

¿El telégrafo jugó un papel importante en la captura de Grau? Lo narras como si le hubieran tendido una trampa…
Sí, eso también tiene elementos de ficción. Hay antecedentes de que se usaba la encriptación de mensajes y el rastreo del cable submarino del telégrafo para interrumpir o interceptar la comunicación del enemigo pero no sé si esto se produjo en aquella oportunidad. Pero esa es una conjetura verosímil. Grau era un personaje muy astuto y no se sabe por qué cuando vio esos humos al noroeste navegó hacia ellos, tal vez estaba seguro de que se trataba de barcos sin protección militar que podía interceptar. Cuando se dio cuenta de que eran parte de la armada chilena ya era tarde.   

Supongo has visitado el Huáscar en Talcahuano, ¿sabes que un grupo de parlamentarios peruanos ha sugerido que Chile nos lo preste con ocasión del bicentenario? 
Sí, fue impactante ver las placas de los caídos, las placas de Grau, de Prat, del teniente Melitón Carvajal. Yo creo que falta profundizar en esa museografía, debemos ver el barco como un punto de peregrinación de chilenos y peruanos. La noticia que me comentas llegó a Chile pero no tuvo mucho eco. Yo no sé si tiene sentido la propuesta. Desplazar un barco pequeño como el Huáscar debe ser muy costoso. Pero más allá de eso, debemos pensar que es un santuario, que ahí murió gente, y las tumbas no se trasladan ni se mueven. 

En la novela también mencionas al pisco, y dices que es peruano.
(Risas). Eso fue un desafío al nacionalismo chileno. Soy fan del pisco peruano y me gustó hacer esa provocación.