El dominical

Dante Valdez: “Haré un popurrí de temas latinoamericanos”

Compositor y director codirigirá "¡Música de las Américas!" en Nueva York, interpretado por la Orquesta Sinfónica de la ONU.

Dante Valdez: “Haré un popurrí de temas latinoamericanos”
Dante Valdez: “Haré un popurrí de temas latinoamericanos”

María Robles, Gustavo Valdez y dos músicos locales performan una pieza de Dante Valdez en un festival en San Petersburgo.

Dante Valdez: “Haré un popurrí de temas latinoamericanos”

María Robles, Gustavo Valdez y dos músicos locales performan una pieza de Dante Valdez en un festival en San Petersburgo.

 

Dante Valdez (Arequipa) inició su formación musical a los seis años en la Escuela de Música Duncker Lavalle en Arequipa, por iniciativa de su padre, el poeta Luis Valdez Pallete. A los ocho años creó su primera pieza. Más tarde iría a Rusia para estudiar Composición y Dirección sinfónica y de ópera en el Conservatorio de San Petersburgo. Desde entonces, no ha dejado de experimentar, componer, difundir las producciones nacionales y dirigir algunas de las orquestas más destacadas del mundo, como la Filarmónica de Ciudad de México, la Sinfónica de Calcuta, Vasilastrovskaya y, por supuesto, la del Perú. Este 10 de junio en el teatro Symphony Space de Nueva York, codirigirá el concierto "¡Música de las Américas!", un evento inédito, que celebra los 70 años de la conformación de la ONU.

Empezaste tocando piano y te especializaste en dirección sinfónica en Rusia. ¿Cómo te diste cuenta de que querías ser director?
En realidad, siempre quise ser compositor, así que primero me formé como músico porque es necesario conocer cómo funciona. Desde que empecé a tocar el piano, se me ocurrían melodías propias. A los nueve compuse la parte fundamental de lo que años después sería mi obra “Pasión por la muerte”. Tomé el poema “Esperanza” de mi papá [el poeta Luis Valdez Pallete], y compuse la melodía. Le gustó y desde entonces empezó a ser el show de la familia, en cada reunión que había en casa la tocábamos [risas].  Luego me incliné por la dirección porque no quería solo tocar el piano, sino toda una orquesta. 

¿Y no extrañas tocar en conciertos?
Sí, por supuesto, pero en realidad, como director, nunca he dejado de tocar porque la forma en que suenan las piezas depende de los músicos pero también de la interpretación que haga el director. Como decía mi maestro [Iliá Aleksándrovich Musin], el director es el arquitecto, él es quien tiene el plano de toda la obra, sabe todo lo que pasa y cómo pasa depende de él. El director tiene que lograr que la orquesta entienda que son parte de un todo.

Además de la música académica, te interesan los instrumentos populares. Hace  poco diste un concierto en San Petersburgo en el que el cajón peruano fue el protagonista.
Sí, el año pasado me invitaron a participar en el Festival From the Avant-Gard to the Present Day. Ahí presenté el cajón peruano, no como acompañante, sino como protagonista. Fue muy gracioso cómo se originó esta presentación. Cuando viajé a San Petersburgo por asuntos personales, me encontré con los organizadores de este festival y me preguntó si yo tenía una pieza cortita, como de cinco minutos para tres o cuatro músicos, y presentarla en las bodas de plata del festival. Yo no tenía nada, pero, imagínate, no iba a perder la oportunidad; entonces le dije que sí. Entonces. él me pidió las partituras, y yo le dije “bueno, ahorita estoy revisándolas todavía, haciéndole los últimos toques…” [risas]. Luego me preguntó qué instrumentos participan. “Fagot, arpa y soprano”, le dije, fue lo primero que se me vino a la mente. Después me preguntó por la letra; le dije que era de un poeta peruano [risas]. Y bueno, luego dejamos de hablar del asunto, y me comentó que hacía unas semanas había estado en Chile y había probado un licor buenísimo que se llamaba pisco. Yo le aclaré inmediatamente que el pisco es peruano, no chileno. Entonces fue ahí que se me ocurrió meter al concierto el cajón peruano. Se lo comenté y se sorprendió, se quedó pensando, y me dijo que entonces me daba hasta siete minutos ¡Y dos minutos es muchísimo tiempo en música! [risas]. Como ves, la cosa se fue complicando pero yo ya estaba emocionado con este proyecto. Así que me encerré a componer porque tenía poco más de un mes para entregar las partituras. Al final salió muy bien, menos mal. La soprano fue una cantante peruana, María Robles, y el cajonero, mi hermano Gustavo; los músicos que tocaron el arpa y el fagot eran de allá. La gente se quedó impresionada. Para mí fue una gran satisfacción que el público haya podido conocer el cajón, y que se haya dado cuenta de que este puede ser un instrumento solista más.

También te has dedicado a investigar instrumentos andinos…
Sí, cuando tenía 18 o 19 años, empecé a investigar los instrumentos andinos. Quería extender su rango, que no solo sirvieran para tocar música folclórica, sino también piezas clásicas. Incluso llegué a componer una sonatina para quenas y piano al estilo clásico. En esa época me dediqué a investigar las zampoñas. Me di cuenta de que si la volteas, se parece a los tubos de un órgano; eso quiere decir que se puede tocar música de Bach, por ejemplo. Entonces hice un arreglo, convoqué a un grupo de zampoñista y los hice tocar. Y sonó Bach en zampoñas. Se escuchó incluso más interesante, no solo por el color del instrumento, sino porque permitía que las distintas voces de la pieza se pudieran identificar con más claridad.

¿Es decir que virtualmente no hay limitaciones para ningún instrumento?
Claro, si hacemos el arreglo correcto para ese instrumento en particular, se pueden hacer muchas cosas. En la música académica también hay instrumentos que han sido más desarrollados que otros; no se puede comparar la cantidad de repertorio que hay para violín con el que existe para corno, por ejemplo. Evidentemente, hay un tema de registro, pero lo que se hace son transcripciones de la música para llevarla a otro instrumento.

¿El director o el compositor debería tener que saber tocar instrumentos?
En general, por un tema de trabajo, sí ayuda mucho que el compositor o el director sepa tocar instrumentos, pero lo fundamental es que los conozca. En el caso del compositor, este necesita tener un instrumento donde pueda expresarse. Chopin, por ejemplo, tenía el piano; Paganini, el violín; Bach tocaba el órgano y el clavecín.

¿Si no fueras músico, a través de qué disciplina te expresarías?
Como siempre he tenido este interés por la composición, por la creación, un tiempo estuve muy entusiasmado con la literatura, escribía poemas, cuentos… Uno de los discos que grabé es una adaptación del cuento “Paco Yunque”, de César Vallejo.

¿Cómo ves actualmente el panorama de la música académica en el Perú?
Es difícil porque, si bien es cierto que cada vez hay más dinero, todavía no lo suficiente para invertir, lo cual se ve reflejado en la carencia de infraestructura especializada. Es necesario que se creen políticas concretas para el desarrollo de la música académica y que se sostengan en el tiempo. Creo que las personas responsables de este rubro deberían ser también artistas que conozcan el sector desde adentro, y no solo gestores culturales. 

¿En el extranjero se conoce la música académica peruana?
No, se sabe muy poco. Por ejemplo, hace unos años, María Rondón, una de las cantantes con las que trabajé el disco, fue entrevistada por en una radio Argentina, y les contó que habíamos grabado algunas piezas de óperas peruanas, y los periodistas se quedaron desconcertados. No sabían que en el Perú tenemos óperas. Pusieron el disco, y a los minutos entraron como 15 llamadas de personas que preguntaban dónde podían conseguirlo.
   
Y estoy seguro de que incluso aquí en el Perú mucha gente no sabe que existen estas piezas. Si nosotros mismos no difundimos nuestras producciones nacionales, ¿quién lo va a hacer? Me parece muy bien que las sinfónicas locales interpreten piezas clásicas internacionales, pero si tenemos "Ollanta", si tienes las arias de Rumiñahui, ¿por qué no mostrarlo? Siempre he estado metido en esa lucha porque me parece que vale la pena.

¿Cómo será el concierto en Naciones Unidas? ¿Presentarás piezas peruanas? 
El evento cerrará las celebraciones por los 70 años de la ONU. Será la primera vez que en Nueva York se toque música latinoamericana como parte principal, interpretada además por la Orquesta Sinfónica de las Naciones Unidas, que tiene un nivel altísimo y es una de las más cosmopolitas. Iré como director invitado y haré el concierto junto con el director principal. En la primera parte, haremos un popurrí de temas icónicos del Perú y de otros países latinoamericanos. Voy a presentar tres arias de óperas peruanas, entre ellas, el de Rumiñahui. Y en la segunda, han tenido la gentileza de incluir una obra mía, Paco Yunque. Estoy muy emocionado. 

¿Cómo es dirigir un grupo tan heterogéneo, culturalmente hablando? 
Es muy interesante porque, gracias a experiencias como estas, entiendes que la música es un lenguaje universal. Evidentemente esta es un código independiente, pero va más allá de eso, es un elemento que une a las personas y elimina las brechas culturales. También puedes ver cómo los músicos se identifican con las piezas de sus países. Por ejemplo, cuando dirigí la Orquesta de Cámara Internacional, tocamos “Alma llanera” y los venezolanos estaban con el pecho inflado gozando su música; también tocamos “Guantanamera”, y un cubano se mandó una improvisación; tocamos “El cóndor pasa”, y los peruanos eran ellos mismos [risas]. 

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?
Estoy terminando de componer un concierto para cajón, creo que para fin de año ya lo tendré listo. Espero tener la posibilidad de grabarlo también. 

 

Las entradas para el concierto que dirigirá el próximo 10 de junio a las 19:30, en Nueva York, pueden adquirirse siguiendo este enlace: 

http://www.symphonyspace.org/event/9262/Music/music-of-the-americas