El dominical

Hanif Kureishi: “Lo peor es la gente que obedece ciegamente”

Una charla sobre actualidad y política con el escritor y guionista de cine inglés.

Hanif Kureishi: “Lo peor es la gente que obedece ciegamente”

Desde chico quiso ser novelista para contar lo que ocurría a su alrededor.

Hanif Kureishi: “Lo peor es la gente que obedece ciegamente”

22 marzo de este año. 15 personas murieron en el atentado al aeropuerto de Zaventem, Bruselas, perpetrado por el Estado Islámico

Kureishi (Londres, 1954) es uno de los autores británicos más leídos e influyentes de las últimas décadas. Criado en un barrio obrero del sur de la capital inglesa pero de origen paquistaní, suele abordar temas como el rock, la rebelión, la contracultura y la figura del padre; así como el racismo y la discriminación, pero —casi siempre— con un toque de humor y desenfado. De opiniones contundentes y provocadoras, hablamos con el autor de "El buda de los suburbios", "El álbum negro" y la reciente "La última palabra", sobre literatura pero también sobre la actualidad europea y el problema del extremismo. 
Y de escribir sobre ello.

Siempre has estado comprometido con los tiempos que te han tocado vivir: las revoluciones culturales y sociales de los sesenta y setenta, el thatcherismo, el resurgimiento de la extrema derecha, las crisis económicas, hasta llegar a esta, la era del vacío y del extremismo. ¿Cómo has vivido esa evolución?
Empiezo diciéndote que todas las condiciones y las oportunidades para que se diera el sueño revolucionario de los cincuenta, sesenta y setenta murieron hace mucho tiempo. Entonces, es necesario repensar las posibilidades que ofrecen tanto el socialismo y el capitalismo (la extrema izquierda hace mucho que ha muerto; al mismo tiempo, el neoliberalismo también le ha fallado a la gente). Así que debemos pensar nuevamente, empezar casi de cero; considerar al otro, al que no es como nosotros, a los menos favorecidos, a los desplazados. Pensar de verdad lo que estamos haciendo con el planeta. Hace poco estuve en Cuba y en Colombia. Los jóvenes latinoamericanos de esta época deben reflexionar mucho sobre cómo construir un nuevo futuro; y para ello se necesita de la literatura, de los escritores, del periodismo, de la filosofía, de las ideas, del Internet. Tienen la responsabilidad de hacerlo, el mundo les pertenece a ellos ahora… ya no a Fidel Castro [risas].

Tienes dos hijos gemelos de 22 años. ¿Ves mucha distancia entre el que eras a esa edad, cuando empezaste a escribir, y ellos?
Esta mañana me reuní con unos amigos. Todos crecimos en la década del sesenta, y coincidíamos en que, con sus cosas malas y todo, fue un período de libertad, en el que había muchas oportunidades para los jóvenes. Era difícil, claro, sobre todo viviendo en barrios periféricos, pero siempre podías acabar en el arte, en la música… creando. Había cosas que nos movían a hacer más cosas, pese a lo opaco del futuro. De Bromley, mi barrio, son Billy Idol y Siouxsie and The Banshees. David Bowie fue a mi colegio. Esta época, por su parte, es muy complicada para los muchachos, para encontrar trabajo, por ejemplo (estoy hablando de lo que veo en Londres, en Europa), departamentos, seguir estudios superiores que, además, no les asegurarán ningún trabajo: se acabó el “estado de bienestar”; también es muy difícil para ellos involucrarse en la política. Mis hijos y los de mis amigos tienen una vida mucho más jodida que la nuestra. En Inglaterra ya casi no hay clase media, solo están los ricos y los que les sirven, y está manejada por gente mayor; lo mismo podríamos decir de Francia y de Alemania… En lo que a mí respecta, me encantaría ver a los jóvenes luchar por recuperar estos espacios para ellos y verlos envueltos en política y desplazar a los viejos. Volviendo a lo de Cuba, es verdaderamente terrible ver a la juventud vivir bajo la sombra de Castro, es impactante.

¿Conoces más de la situación política latinoamericana?
La verdad es que no. Me da mucha vergüenza ser tan ignorante en este asunto, siendo un autor reconocido, digamos.

Volvamos entonces a lo que pasa en Europa y Asia. Has dicho que el tema más preocupante de nuestro tiempo es el fundamentalismo, tanto el religioso como el financiero. ¿Por qué?
Los desastres de adorar el dinero son evidentes, y vamos a pagar las consecuencias de lo hecho por unos cuantos bribones y estúpidos por un buen tiempo. El islamismo radical es realmente una gran fuerza y una amenaza en el mundo actual, como lo fue el nazismo en su época. Se trata de algo muy peligroso, de una ideología extrema que carece de escepticismo, duda o desconfianza entre sus seguidores. No hay nada peor que la gente que cree y obedece ciegamente. La obediencia así es lo más terrible en el mundo. Le temo mucho, no solo por lo que nos pueda pasar a nosotros mismos —por supuesto que es espantoso vivir con miedo—, sino por la gente que está atrapada en ella, porque merece vivir libre para poder pensar por sí misma… ese es el significado de la democracia, cosa que rechaza. El sentido de la democracia es el de tener más ideas, más pensamientos, más conversaciones. Es realmente aterrador, pero debemos luchar contra esto.

¿Le temes al futuro?
Por supuesto. Todo el mundo está asustado y tiene razón para estarlo. La gente le tenía miedo al nazismo, pero luchó contra él. Y es lo que hay que hacer. Repito, hay que pelear contra estas ideologías y contra el miedo que provocan. Los musulmanes mismos deben hacerlo: luchar contra sus propios líderes, contra la obediencia ciega que le deben al Corán, el desprecio que a veces tienen hacia las mujeres y los homosexuales… A todos nos escandalizan los extremistas, los terroristas, pero la verdad es que la mayoría de musulmanes quiere más libertades, más educación y trabajo, pero no tiene voz porque tampoco tiene partidos laicos. No es que todos en los países ‘musulmanes’ sean creyentes, pero sucede como en los de la era comunista: te lo tienes que callar todo y quejarte de la puerta de tu casa para adentro. Por nuestra parte, los liberales no estamos acostumbrados a dar batalla, hemos sido flexibles por mucho tiempo.

¿Pero no crees que existe una distancia medio cínica, una falta de compromiso, precisamente entre la juventud y estos problemas?
Sí, porque los chicos viven en el mundo del sueño liberal-capitalista. La mayoría solo está interesada en ir de compras, en ver el aparatito nuevo: esa es su religión. Aman el consumismo, es como una droga, es una distracción que los estupidiza. Viven inmersos en un sistema que los arruina, los usa y los desprecia. Y lo más triste es que ellos alimentan ese sistema.

¿Y por qué crees que esto ocurre?
Porque el neoliberalismo drena la ideología de las personas; es una doctrina que minimiza a las demás, destruye las creencias; te convence de que, si compras y acumulas más y más cosas, eventualmente alcanzarás la felicidad. Es una visión del mundo muy estrecha, como cualquier otra religión que solo te achica el espectro, la mentalidad, y convierte a la gente en idiota.

¿Y qué pasa con los jóvenes de origen musulmán que un día abandonan Inglaterra o Bélgica y vuelven convertidos en bombas humanas?
Se aprovechan de sus carencias, de su marginación, de la falta de oportunidades. Les lavan el cerebro. Los terroristas se sienten tan superiores porque a la vez se sienten inferiores frente a Occidente. Por eso están dispuestos a destruirlo, a rehacerlo a través de la violencia ciega. Quieren sembrar el miedo para que los gobiernos se vuelvan más drásticos, limitando más las libertades generales.

En medio de todo esto, ¿para qué seguir escribiendo novelas?
Desde chico quise ser novelista, escribir películas, contar lo que sucedía a mi alrededor, fiestas, drogas. Luego pensé que también debía abordar el tema de la raza, y me pasé un tiempo tratando de armonizar, de mezclar todo ello hasta que salieron "Mi hermosa lavandería" y "El buda de los suburbios". Y desde entonces escribir es mi trabajo, me paso muchas horas al día sentado en ello. Luego me llegó el tema del fundamentalismo en mi entorno, que también era de alguna manera nuevo, esta forma de fascismo. Hablé con muchos jóvenes, visité mezquitas, viajé a Pakistán. De ahí salieron, por ejemplo, "El álbum negro" y "Mi hijo", el fanático. Por otro lado, pienso que las novelas son necesarias, incluso diría que lo son más que nunca. Necesitamos escritores, periodistas; necesitamos gente que confronte las ideas. La escritura es muy importante porque es una herramienta ideológica para luchar. Las ideas necesitan ser contrapuestas con otras ideas, necesitamos hablar sobre los asuntos importantes. ¿Por qué la gente debe ser tan obediente? ¿Por qué tiene que ser tan devota, creyente, ilusa o extrema? Es más, ¿por qué tiene que creer? Los escritores plantean estas preguntas.

Supongo que "Intimidad" [una historia inspirada en su propia separación conyugal] es la novela que más te ha costado escribir, pero ¿cuál es la que más te gusta? ¿A cuál le tienes más cariño?
Todas son divertidas de escribir. Disfruto mucho el proceso de escritura; si no lo hiciera, simplemente no escribiría. La clave es ser un narrador de historias que capten la atención de la audiencia. Ya sea que seas como Ken Follet, un autor popular; o un escritor de ‘alta literatura’ como Proust, la clave del éxito es contar una historia que emocione a los demás. Como escritor, o lo tienes o no lo tienes. Ahora bien, mucho más que de cualquier libro individual, estoy orgulloso de que un niño como yo, un hijo de inmigrantes de los suburbios, alguien sin clase o educación, medio delincuente, haya llegado a convertirse en escritor. Me parece increíble llevar una vida de artista.

[Kureishi luce un anillo de plata con la forma de un conejo, con grandes orejas y ojos de piedras rojas: imposible ignorarlo. Lo señalo] Lindo…
Oh, es un anillo muy hermoso, ¿verdad? Es mágico, con él que puedo hacer vudú [risas]. Me lo regaló una de las hijas de Charles Chaplin, Victoria, cuyo esposo tiene un circo y es mago. Afortunadamente para ti, no funciona con peruanos.

¿Quieres decir algo sobre Van Gaal [DT del Manchester United, equipo del que es fan acérrimo]?
¡Qué interesante pregunta! Pues que se puede ir al diablo: lo detesto.