El dominical

Javier Ibacache: “Quien no se centra en el público, fracasará"

El experto chileno en gestión de audiencias participará en el Foro de Comunicación organizado por el Británico.

Javier Ibacache: “Quien no se centra en el público, fracasará"

Ibacache es periodista de formación, pero ha desarrollado una importante carrera como crítico de artes escénicas en prensa, radio y televisión, y es un connotado especialista en análisis y desarrollo de públicos. Impulsó la Escuela de Espectadores de Santiago, y estuvo al frente de la programación de Centro Gabriela Mistral (GAM), que durante su gestión se convirtió en el más importante de Chile. Vuelve a Lima como expositor del cuarto Foro de Comunicación, que llevará como título ‘La crítica teatral. Herramientas para el desarrollo de la elaboración de análisis crítico’. Será el 20 y 21 de junio. Informes e incripciones: T 615-3627 y lpuerta@britanico.edu.pe

¿Por qué es importante estudiar el comportamiento de las audiencias?
El estudio de las audiencias o públicos es muy relevante para los espacios artísticos, los centros culturales y las salas de teatro dado que permite conocer en mayor profundidad cuáles son las motivaciones de las personas para vincularse con las propuestas creativas. Desde hace diez años se observa un cambio en los públicos a raíz de la masificación de las nuevas tecnologías. Hoy en día los espectadores son infieles, críticos y participativos. Y se requiere conocerlos para definir políticas y estrategias que faciliten su acercamiento y vinculación con las artes.

¿Y qué tan compleja es la tarea?
Veamos, en Latinoamérica es más frecuente que se realicen indagaciones cuantitativas y son escasos los estudios cualitativos. Se requiere aumentar esta línea de investigaciones, aun cuando parezcan desafiantes. Es la única manera de comprender en mayor profundidad el impacto que tiene en las personas el quehacer cultural.

Y en general, ¿se podría considerar que en la región teatros, centros culturales y demás espacios le dan poca importancia al público? ¿Es posible que un espacio se mantenga basado solo en su oferta?
Hoy en día es impensable que los espacios solo se concentren en la oferta o en los creadores. Los que no se centran en los públicos están destinados a fracasar en el mediano plazo. Es una discusión y una coyuntura que se está dando a nivel internacional. Hasta hace poco, la gestión cultural se entendía únicamente como un campo de administración de espacios o proyectos orientados a generar oferta. En la actualidad, el perfil del gestor cultural está mutando y debe incorporar de manera significativa en su formación el  desarrollo de audiencias. Es una modificación en la orientación de los espacios culturales: los públicos pasan a estar en el centro. Han abandonado las butacas y reclaman participación en todas las etapas de los procesos creativos. Es la diferencia entre perdurar y morir. Quizá las entidades que más tardan en comprenderlo sean las públicas, ya que requiere de un cambio de enfoque desde el Estado.

Por el contrario, tengo la impresión de que los espacios independientes y autogestionados son los que más interactúan con sus audiencias (muchas veces, los “prosumidores” que cita García Canclini), y sin embargo suelen ser los que deben bregar con más inconvenientes, sobre todo económicos. ¿Cómo crecer, entonces, siendo “pequeño”?
Los espacios independientes tienen la ventaja —en la mayoría de los casos— de adoptar estrategias con mayor flexibilidad. Esto les permite al menos incorporar acciones orientadas a los públicos con mayor facilidad. Sin embargo, suele faltar el tiempo y la mirada estratégica para estructurar un plan y llevarlo a cabo. Al margen de esto, la gestión independiente o los proyectos autogestionados permiten a sus responsables desarrollar vínculos de mayor cercanía con sus públicos. Muchas veces establecen relaciones cara a cara y los espectadores se vinculan a partir de lazos de confianza. Es decir, generan un trato que es independiente de la oferta. Establecen una actitud que antecede al hábito. Suelen ser espectadores comprometidos con los procesos de producción que conforman comunidades de prosumidores.

En tu trabajo sueles citar al sociólogo polaco Zygmunt Bauman y sus ideas sobre la cultura en la era de la “modernidad líquida”. ¿Podrías hablarme al respecto?
El trabajo con los públicos y la gestión cultural requiere una opinión sobre el contexto y los procesos sociales. Bauman es un autor que ilumina nuestra labor a partir de las ideas que ha producido en torno a la modernidad líquida. En su opinión, la actual fase de capitalismo tardío que permea todas las instituciones públicas y las relaciones sociales, también impacta en el rol que cumple la cultura y los desafíos que enfrentan los gestores culturales y las políticas de desarrollo de públicos. Bauman nos advierte que en un mundo en que se han derrumbado las ideologías y las utopías, esta labor parece reducirse a una estrategia de seducción de consumidores. Y nos alerta de caer en esta dinámica. El implícito en sus libros es la urgencia por establecer dinámicas alternativas, que devuelvan consistencia a la relación de las personas con las creaciones. Por ello el trabajo de formación y desarrollo de audiencias es tan importante. Y no solo estrategias de marketing.

Según tu conocimiento del caso peruano, ¿qué hace falta para impulsar más la gestión de públicos en centros culturales? O dicho de otra forma: ¿cómo acercar más al público a los espacios de artes plásticas y escénicas?
En los últimos tres años he estado siguiendo el desarrollo del campo cultural en el Perú, particularmente en Lima. Tengo la impresión de que se han venido instalando nuevos enfoques sobre la necesidad de profesionalizar el campo de la gestión cultural y también el interés por discutir sobre las estrategias de públicos. He conocido algunos casos que están avanzando en tal sentido con acciones concretas, como el Gran Teatro Nacional y el Centro Cultural Británico. Pienso que el hecho de que se instale la conversación y la preocupación por este tema entre los encargados de los espacios es un síntoma alentador. Hace dos años participé en un foro sobre el tema y ahora vuelvo para participar en un encuentro sobre crítica teatral. Son señales de que se está pasando de la preocupación al debate. Y es esperable que los proyectos enfocados en los públicos se incrementen. En tal sentido, el fortalecimiento de la crítica de artes escénicas puede cumplir un rol gravitante. La crítica no solo se ejerce en los medios; hoy en día es la principal aliada para los programas de formación de espectadores.

Estuviste desde su creación y por cinco años en la dirección de Programación y Audiencias del Centro Gabriela Mistral (GAM) de Santiago, tiempo en el que se convirtió en el más importante de tu país. ¿Por qué decidiste alejarte?
Los proyectos culturales cumplen etapas y quienes están a cargo de su gestión, también. Pienso que una de las maneras de profesionalizar la gestión cultural es que los encargados cumplan ciclos y puedan dinamizar este campo dando espacio a la renovación. De la puesta en marcha y el posicionamiento de GAM fui responsable junto a un equipo significativo de profesionales, articulando un trabajo integral de programación artística y de desarrollo de audiencias. Esa labor está consolidada y el GAM enfrenta ahora un nuevo desafío con la implementación de una gran sala. Este desafío se encuentra liderado por una nueva administración. Mi alejamiento apuntó a generar una renovación de perspectiva. Además, surgieron otros retos, como la puesta en marcha del nuevo Espacio Diana en Santiago —donde estoy a cargo de la dirección de programación— y el desarrollo de un diplomado en formato e-learning sobre desarrollo de audiencias, además de asesorías de proyectos.