*

35
Cultivo de conchas de abanico
Acuapesca - [VIDEO]

Un negocio rentable en la profundidad del mar

La producción acuícola en el mundo alcanzó 106 millones de toneladas en peso vivo, con una recaudación estimada de US$163,000 millones en el 2015, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agroindustria (FAO). Este total se compone de animales acuáticos de cultivo (76,6 millones de toneladas, US$157,9 mil millones), plantas acuáticas (29,4 millones de toneladas, US$ 4,8 mil millones) y productos no alimenticios (41,1 mil toneladas, US$208,2 millones). El nivel mundial de producción de animales acuáticos de cultivo, a menudo denominado peces de cultivo para consumo humano, ha crecido enormemente desde 1974, cuando proporcionó solo el 7% del pescado para consumo humano. Y en 1994, este porcentaje aumentó a 26% y a 39% en el 2004.

 

En el 2014, la producción de animales acuáticos procedentes de la acuicultura ascendió a 73,8 millones de toneladas, con un valor de primera venta estimado de US$160,200 millones. China es el país más importante de este sector, con 45,5 millones de toneladas en producción, es decir, más del 60% de la producción pesquera mundial procedente de la acuicultura. Otros productores clave son la India, Viet Nam, Bangladesh y Egipto.

 

Según la FAO, que registró a los 25 países más importantes de esta industria, el Perú no figura entre los más relevantes. Si bien el país aparece en el puesto 6° de la lista de principales productores de pesca de captura, no figuramos en la lista de los 25 más relevantes en la acuicultura, donde Chile, en cambio, figura en el puesto 9°.

 

Sin embargo, nuestro país posee un mar privilegiado, con una pesca abundante, convirtiéndolo en una de los principales productores de harina de pescado, producto de la pesca de anchoveta. La FAO dice que, en los próximos años, el Perú será el principal exportador de harina de pescado, seguido por Chile, Estados Unidos y Tailandia. Aunque, esta condición netamente extractiva, ha llegado a sus límites máximos, ya que parece no permitir el desarrollo del sector en su conjunto, sino, todo lo contrario. Se trata de un modelo que está dañando de forma irreversible a las especies explotadas en su conjunto. La acuicultura, en cambio, parece ser el futuro, por lo menos en el cultivo de langostinos, conchas de abanico, tilapia, trucha y paiche, principalmente.

 

Sobre las exportaciones de este año, la especia acuícola más importante entre enero y septiembre fueron las colas de langostino con caparazón, que alcanzaron la suma de US$97,2 millones (+41.3%). Otras partidas fueron los langostinos enteros congelados, por US$ 33,8 millones (+53.2%).

 

Las conchas de abanico, en tercer lugar, sumaron US$ 28,8 millones (-34.68%). La caída de estos en los envíos se explica por la mortandad que sufrió esta especie debido al fenómeno natural: Niño Costero. De ese monto en exportaciones, existe una empresa acuícola que representó más del 60% de la exportación, convirtiéndose en la más importante del rubro, tras 28 años de persistencia, en un negocio que se caracterizaba en el pasado por la falta de tecnología e innovación. Crecer precisamente introduciendo herramientas y equipos cada vez más modernos, es lo que la convirtieron en la compañía Acuapesca como la preferida de los mercados europeos. 

Acuapesca
Acuapesca
Carlos Goldin Buraschi

Carlos Goldin Buraschi, economista de la Universidad de Chicago, se trasladó a Chile a principios de los años ochenta, para trabajar en una de las primeras asociaciones de fondos de pensiones de ese país. Allí, por amigos en común, conoció empresas en el campo del cultivo de las conchas de abanico, y pensó que a su regreso al Perú, abriría un pequeño emprendimiento más como hobby que como negocio.

A fines de esa década, en 1989, por recomendación de sus amistades, empezó a recorrer la bahía de Chimbote, hasta llegar a Casma, a una pequeña playa conocida como Guaynumá. A pesar de su formación como economista, en vez de encargar un estudio para analizar si se trataba de un lugar apto para cultivo de las conchas, se dejó llevar por su instinto, al ver enormes conchas en proceso de fosilización en la orilla. Una de esas está hoy en sus oficinas de La Molina, como recordatorio del día que empezó esta aventura, que ahora cumple 28 años. Después de hacer los respectivos denuncios, buscó capital, y así nació Acuapesca.

Pero donde sí aplicó sus conocimientos para fijar el modelo de negocio, así como la estrategia empresarial, fue en el reemplazar la antigua práctica de la malla protectora al estilo red anchovetera, que creaba un perímetro de 4,000 metros en el que las conchas se reproducían con bastante desorden y pérdida. Se trataba de una tecnología que se desarrolló en el Asia, a partir del uso de canastillas verticales de metal, llamadas lámparas (por su semejanza a los faroles chinos) que pendían a 60 metros del lecho del mar, gracias a cabos de nylon que iban amarrados a cantos rodados en la base del mar y que terminaban en boyas flotantes en la superficie.

Mientras que muchas empresas del sector utilizaban estas prácticas poco modernas, Goldin supo desde el inicio que la innovación sería clave para este negocio. Por eso, desde 1992 aplica esta técnica de cultivo suspendido, en un área del mar en el que la temperatura es más cálida y uniforme. Las inversiones más importantes vendrían más tarde, de la mano de la planta y los laboratorios.

PROFESIONALISMO EN EL SECTOR

Se le denomina semilla a la concha pequeña porque nace como larva, la misma que irá engordando hasta alcanzar un tamaño de 7.5 centímetros, garantizando un tallo turgente y una gónada carnosa. Si bien las conchas se reproducen así mismas, porque cada una posee tanto esperma como óvulos, Goldin buscó no dejar al azar el proceso de reproducción, que se producía cada vez que la temperatura del agua se elevaba, que había movimientos inusuales de la marea o por efecto de ciertas posiciones de la luna.

Con el objetivo de profesionalizar cada etapa del cultivo, adquirió un laboratorio, llamado Hatchery, para la reproducción asistida. El proceso comenzaba seleccionando alrededor de 600 conchas reproductoras, las que se sometían a un desove provocado. De esa forma se gestaban alrededor de 1,800 millones de larvas, que se adherirían a una malla especial dentro de las lámparas. De todo este lote solo llegarían a adultas cerca de 10 millones. A decir de los expertos, es el mar el que pone el equilibrio.

“Muchas cosas las fuimos aprendiendo en el camino. Acuapesca no se hizo con llave en mano”, dice José Luis Bellina, director de Acuapesca, quien llegó para trabajar a la empresa por un corto periodo, pero ya lleva 14 años. Cuando se le pregunta por qué no existen más empresas como Acuapesca, que a la fecha es un holding que reúne a cinco empresas del sector, él responde que eso se debe a su constante innovación en técnicas de producción, así como en su preocupación por no escatimar costos a la hora de darles a sus colaboradores todas las herramientas para que desarrollen sus labores con los más altos índices de productividad.

La empresa produce cada año entre 2,200 y 2,700 toneladas que, dependiendo de los precios, generan exportaciones anuales que el año pasado llegaron a los US$20 millones. Según Bellina, son los únicos del mercado que poseen estándares por encima del promedio global, gracias a certificaciones como ISO 9001, IFS, BRC Food Safety Certification, FOS (Friend of the Sea) y la ASC (Aquaculture Stewardship Council), garantía de que no solo revela productos de calidad, sino que se les reconoce como amigables con el medio ambiente y respetuosos de las buenas prácticas laborales.

A pesar de las ventajas comparativas del mar peruano para el cultivo de la concha de abanico, Bellina explica que la acuicultura es un negocio complejo. Por ejemplo, mientras que en la agricultura los productos están sobre la tierra, en este negocio las conchas están suspendidas, a merced de las mareas, de los cambios en la temperatura y de fenómenos inesperados, como la anoxia, que es la disminución del oxigeno dentro del mar, poniendo en peligro el normal desarrollo de las conchas. Por ese motivo, explica Bellina, el Congreso debe restituir la Ley de Promoción de la Acuicultura, que, tal como la ley del sector agroindustrial, les permitirá tener un régimen laboral más flexible, propio de un sector que depende de los fenómenos de la naturaleza. Si bien venían invirtiendo en equipos en los últimos años alrededor de US$1’000,000, han dejado de invertir en innovación y equipos debido al incremento de los costos.

Aún con todo, el sueño de Goldin se sigue consolidado, de ser un pequeño campamento a la planta más importante de esta industria, reflejó de que su instituto no lo defraudó.

✎ Escribe: Luis Felipe Gamarra
✽ Fotos: Roberto Cáceres, Paola Flores y Acuapesca