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Empresa social
Kani

Las empresas que contribuyen a la sociedad

El concepto de las empresas sociales que buscan generar un impacto positivo en la comunidad ha alcanzado su máxima expresión con la aparición de las Empresas B o B-Corps. Un movimiento fundado en el 2006 por Bart Houlahan, Jay Coen y Andrew Kassoy, ex egresados de la Universidad Stanford. En donde invitaron a las empresas a sumarse al manifiesto “Declaración de Interdependencia”: una proclamación para que las compañías reconozcan que no serían nada sin las personas ni el ecosistema. A la fecha, las B-Corps suman más de 2,000 las empresas en 50 países, en 150 sectores.

Las empresas que contribuyen a la sociedad

 

Este movimiento, llamado B-LAB, creó la certificación B–CORP, para reconocer a las empresas que, además de ser responsables con la comunidad y el medio ambiente, han modificado los estatutos de su sociedad con fines de lucro, señalando con precisión en sus registros que el fin de la empresa será resolver un problema vinculado directamente con una preocupación de la sociedad. 

 

Si bien en un inicio estas organizaciones se caracterizaron por ser pequeños emprendimientos que podrían haber calificado casi como una ONG, con el pasar de los años, se han sumado grandes organizaciones, como Natura, considerada una empresa sostenible por diversos rankings, y Triodos Bank, calificado como el primer banco ético del mundo.

 

Por otro lado, existen empresas como Unilever, que han manifestado su intención de convertirse en empresas B, pero la complejidad de su estructura dificulta este proceso, ya que en el caso de un holding con decenas de subsidiarias, cada unidad de negocio deberá cumplir con los estándares. Ben & Jerry’s, una de sus marcas, es empresa B desde 2012, pero no el resto de empresas que conforman el grupo Unilever.

 

En el Perú, las empresas B se han seguido multiplicando en número, sumando a la fecha un total de once: X Runner Venture, Nature Services, RET, LIbélula, Ecotierra, Höseg, Valley Pampa, Pimalpaka, Inka Moss, Amazonas Explorer y Diversa. Sin embargo, más allá de las certificaciones o los reconocimientos, no cabe duda de que las empresas, así como sus CEO, han tomado conciencia de las problemáticas que afectan a la humanidad. ¿Quiénes son?

 

Existen líderes empresariales que encabezan iniciativas paralelas, tratando de sumar más CEOs a la causa de la sostenibilidad, como Richard Branson, presidente de Virgin Group; Guilherme Leal, cofundador de Natura; Andrew Liveris, CEO de The Dow Chemical Group; Paul Polman, CEO de Unilever; Ratan Tata, ex presidente de Tata Group; Arif Naqvi, CEO de The Abraaj Group; entre otros. Todo ellos lideran The B Team, movimiento que promueve un desarrollo competitivo pero sostenible, una forma de ver el mundo que podría resumirse como “bueno para los negocios, bueno para el planeta”. 

Kani
Akira Murohashi, Katia Guardia y Carlos Ramírez

Kani Peru Art Tradition And History S.A.C, o simplemente Kani, se inscribió como empresa en julio del 2013, pero todo empezó dos años antes, tras un viaje que hizo Katia Guardia a Ayacucho, en el que tomó contacto con artesanos de la zona. Semanas más tarde, al lado de del diseñador Carlos “Pipo” Ramírez”, con miras a visibilizar el trabajo de los artesanos peruanos, participaron en la facilitación y sistematización de las conclusiones del "I Congreso Macro Regional Sur", así como en su segunda edición, que les permitió identificar las principales carencias de los hombre y mujeres artesanas: la falta de acceso a tendencias de diseño, los modelos justos de comercialización y el acceso a profesionales que los ayudaran en la gestión.

Katia y Carlos se mudaron a vivir a Ayacucho. Un año más tarde se les sumó Akira Murohashi, administrador de profesión, quien le terminaría de dar forma al proyecto. Con miras a cerrar las tres brechas que habían identificado, y bajo una lógica de comercio justo, invirtieron S/10,000 de capital propio en la confección de un lote casi de 350 correas bordadas. El costo por cada una era de S/28, que incluía un pago al artesano bastante por encima del promedio del mercado. Si hubieran colocado cada prenda en una tienda de Estados Unidos, Kani habría obtenido cerca de ganancia neta poco más de S/12,000. Nada mal para su primer proyecto. Entonces, ninguno de ellos imaginó lo difícil que era colocar ropa en el exterior.

“Todavía nos quedan correas”, bromea Carlos, recordando el que consideran su primer fracaso. No obstante, paralelamente, su empresa, gracias al expertice que ganaron participando en los congresos, y sistematizando la información que obtenían durante las sesiones, fueron invitados a participar en el Proyecto Desarrollo Comunitario del Museo de Pachacamac, para dictar cinco talleres de emprendimiento con la finalidad de involucrar a los artesanos de la zona en la conservación del patrimonio. Si bien vieron algunos temas relacionados al diseño, pronto se dieron cuenta su principal fortaleza no iba por el lado del emprendimiento comercial sino por la incubación de negocios, enseñándoles a los artesanos a gestionar sus propios emprendimientos.

”Nos dimos cuenta de que había una oportunidad en el mercado, una necesidad por cubrir”, explica  Carlos. Es decir, Kani era mejor gestionando los recursos de las ONG o de áreas de Responsabilidad Social de las empresas, en proyectos de empoderamiento de comunidades de artesanos que aspiraban a convertir su tradición en empresas sostenibles. “Muchos artesanos nos comentaron que habían trabajado con ONG o empresas, que les habían llevado un diseñador de modas para sacar adelante una colección”, explica Akira, “pero la mayoría de veces los emprendimientos que salían de esos esfuerzos no eran sostenibles, porque no los artesanos seguían sin saber de administración. Allí entramos nosotros”. Gracias a Kani, más que técnicas de hilado, bordado o cerámica, los artesanos ganaron competencias en temas de gestión.

A partir de ese momento, su modelo de negocio cambió. Ya no volverían a invertir capital en confeccionar prendas, accesorios o cerámicas, sino que buscarían trabajar con ONG o áreas de Responsabilidad Social enfocadas en temas de Creación de Valor Compartido, para trabajar consultorías de empoderamiento y cambio social en comunidades de artesanos, a modo de incubadora de emprendimientos sociales. Así, entre julio del 2016 y julio del 2017, han gestionado los recursos de varios proyectos por un monto de S/500,000. De ese monto, descontando costos, salarios e impuestos, obtienen de ganancia entre el 15% y el 20% de ese monto. Es decir, ya no ganan el sueldo mínimo.

Ahora, en una segunda etapa, Kani busca crear espacios comerciales para las marcas de los emprendedores, las emprendedoras artesanas y jóvenes emprendedores que pasan por su incubadora, como es el caso de Fibra Emprendedora, proyecto con el que se involucraron hace un año, que les confirmaría que su modelo no solo es exitoso sino altamente escalable. Por eso motivo, pronto, su oficina le dará un espacio a un pequeño showroom, en el que ofrecerán las prendas con las marcas de las empresas de artesanos que han incubado. Por lo tanto, de ser 10 personas, probablemente serán 12 o 13 para el 2018. De llegar otro proyecto del tamaño de Fibra Emprendedora, podrían crecer en gestión de presupuesto en el orden del 30%.

LA RUTA DE KANI

Algo que les sirvió a los fundadores de Kani mucho a la hora de diseñar modelos de negocio para las comunidades de artesanos es haber desarrollado su propio emprendimiento desde cero. Cuando diseñaron su primer plan de negocios, pensaron que al año ya estarían repartiendo sus primeras utilidades, pero nada más alejado de la realidad. Después de su primer fracaso con las correas, y apoyados con metodologías como Lean Startup, Canvas y Design Thinking, y los talleres a los que accedieron gracias a premios como Kunan (2014) y Líderes por el Cambio (2015), profesionalizaron sus procesos internos, pero en el fondo comentan que todo fue ensayo y error. “No hay empresas similares para hacer benchmarking, somos los únicos”, dice Akira.

En el 2015, gracias a un contacto de Kunan, fueron convocados por Aporta, el laboratorio de innovación social del Grupo Breca, para desarrollar un proyecto de empoderamiento y cambio social en la comunidad de artesanas del distrito de Antauta, en Puno, en el que opera la mina San Rafael, propiedad de Minsur, parte del mismo holding. Para Kani, era pasar de proyectos de 10 ó 12 artesanos a uno que implicaba más de 70, y pasar de presupuestos pequeños a uno mucho más grande. “El presupuesto que manejamos se multiplicó de pronto por 300%. Nos dio miedo en un principio, pero teníamos todo para hacerlo bien”. Hoy, gracias a su trabajo, las artesanas de Antauta, Ajoyani y Queracucho han sacado adelante la marca Fibra Emprendedora.

De empezar en la casa de Katia, para más tarde pasar a una pequeña oficina en Miraflores, ganando entonces el salario mínimo, poseen ahora una oficina en Barranco, en la que trabajan con otras siete personas. Han desarrollado una metodología que se podría aplicar a más proyectos, por lo que podrían crecer no solo en número de clientes sino en sectores, como agricultura o turismo, con el mismo foco: administrar programas sociales que busquen generar liderazgo y sostenibilidad en comunidades andinas. Sin darse cuenta, empezaron a incubar negocios de terceros, mientras ellos mismos iban incubando el suyo.

 Escribe: Luis Felipe Gamarra
 Fotos: Elías Alfageme y Kani