*

48
Lavanderías
Saori

Una nueva era para la ropa limpia

Mientras haya más gente, habrá más ropa que lavar. Esta ha sido una máxima del negocio de lavanderías pues comenzaron a masificarse a medida que los vecindarios y las ciudades crecían. Por ejemplo, en Estado Unidos, un lugar común de la vida americana (lo hemos visto en muchas películas y series) es ir a las lavanderías de autoservicio, poner la ropa dentro de una lavadora que funciona con monedas y quedarse esperando hasta que el proceso culmine. Según el gremio The Coin Laundry Asociation, hay alrededor de 29,500 lavanderías de monedas en los Estados Unidos y cada establecimiento puede generar un flujo de efectivo de hasta US$300 mil por año.

Una nueva era para la ropa limpia

 

En la últimos años este rubro se vio afectado por las mejoras en la tecnología de las lavadoras domésticas (la gente prefiere lavar en casa), porque en los condominios y edificios de departamentos  se implementaban unas completas áreas de lavado, y sobre todo porque se trataba de un negocio que no se había adaptado a los cambios. Las lavanderías de monedas resultaron siendo lugares incómodos de visitar.

 

Sin embargo, esta industria ha comenzado a despertar de su letargo. A medida que las lavanderías se unen a la era digital, más propietarios apuntan a mejorar la experiencia del cliente. Es por eso que ahora el uso de las máquinas lavadoras de autoservicio se puede pagar con tarjetas recargables de la tienda o con tarjeta de crédito y débito en lugar de monedas. Otra tendencia es dar acceso libre a Internet mientras los clientes esperan, y un entorno más amigable con TV de pantalla grande, máquinas expendedoras de café, y asientos cómodos. La mejora tecnológica de las lavadoras genera además un menor costo operativo porque ahorran más energía y agua, servicios que llegaban a consumir más de un tercio de los ingresos de las lavanderías de Estados Unidos.

 

En el Perú, según Euromonitor, las lavadoras comerciales ya han penetrado el 50% de los hogares, aumentando también la demanda de detergentes. Sin embargo la lavandería sigue siendo el lugar preferido para limpiar camisas, blusas, pantalones, o vestidos y trajes muy caros que podrían arruinarse si uno los lava en casa. Aunque su cliente predominante son las personas, algunas lavanderías se especializan en atender a hoteles, restaurantes, hospitales e industrias.

 

La franquicia ha sido el modelo más común para expandir una marca de lavanderías. En los años setentas y ochentas las más populares en Lima eran American Dry Cleaners, Lavaclín y Vaporito. Hoy compiten aquí marcas extranjeras como Martinizing, Pressto y Clean & Clean (con cajeros automáticos para retirar las prendas), junto a lavanderías peruanas con plantas propias de lavado -varias pertenecientes a familias de ascendencia japonesa-, en un mercado muy atomizado en el que abundan pequeñas lavanderías, en urbanizaciones y barrios, que reciben las prendas y las mandan a lavar a una empresa más grande. Las tendencias apuntan a que también en el mercado local con la suma de mayor tecnología mejore el gasto de las lavanderías y el cliente consiga un lavado más rápido.

 

Saori Lavanderías es una marca peruana que con casi cuatro décadas en el mercado ha seguido una tradición de las lavanderías en el país: ser empresas familiares. 

Saori Lavanderías
Saori Lavanderías
Adolfo Sugai

En 1980, Juan Nakamatsu abrió su primera lavandería Saori en un espacio de 200 m² ubicado en la calle miraflorina Grimaldo del Solar. Con los años el empresario compró los terrenos colindantes y allí sigue hasta hoy Saori ocupando toda una clásica casona. Las lavanderias en Lima son generalmente negocios de familia, una herencia que se debe cuidar, y Adolfo Sugai fue el único de los nietos de Nakamatsu que tuvo la vocación de continuar. Como homenaje a su memoria, hay un retrato de Juan Nakamatsu en la zona de trabajo, donde se lava y se plancha, y otra foto suya está colgada en la oficina del gerente general, su nieto.

La primera vocación de Adolfo Sugai fue jugar beisbol. Mientras estaba en el colegio llegó a ser seleccionado nacional. Luego, en la adolescencia, fue baterista de un grupo de rock y cómo no tenía muy claro qué estudiar, pero le atraía mucho el lado artístico, se decidió por ingresar a una academia de cine. Aunque solo estuvo un año allí. Era inevitable que en los almuerzos familiares de los domingos se hablara de negocios y poco a poco, sin darse cuenta, Sugai se contagió y estudió la carrera de Administración de Empresas.

Ya tenía una experiencia larga en Saori. Primero había ayudado a su abuelo y a su mamá en lo que se podía, luego había sido oficialmente repartidor de prendas y luego administrador. Se había ganado un lugar en el negocio familiar a costa de aprender en la práctica. Así fue como hace cuatro años su mamá y uno de sus tios, quienes siguen como directores de la compañía, le confiaron  la gerencia general.

En sus siete locales, Saori tiene 60 empleados, y Fito, como lo suelen llamar, cree que lo fundamental es haber mantenido el espiritu de familia entre todos. El buen trato al interior de la empresa debe replicarse en la atención al cliente, es un tema básico en este negocio. Se compite por precios y por cercanía (uno suele ir a la lavandería que le queda más cerca a su casa) pero sobre todo los clientes valoran el buen servicio y en el caso de una lavandería vuelven si la prenda que dejaron estuvo lista a tiempo y fue devuelta sin problemas. Es una cuestión de confianza, y en Saori se trata de tener el máximo cuidado para no fallar.  "Si cometemos un error, lo tenemos que reconocer", dice.

Aunque no parezca, las lavanderías son también un negocio que funciona mejor según la estación. Se lava más en los meses de invierno, porque la gente viste más prendas y suele mandar a lavar las que son más caras como sacos o abrigos. La ropa se acopia en sus siete locales y se lava en las dos plantas que tiene Saori, una en el local principal de Miraflores y la otra en Magdalena. Durante el día pasan sus camionetas para llevarse la ropa sucia y dejar la limpia. Podría lavar la ropa de otras empresas de lavandería, pero Sugai prefiere concentrarse solo en lo que reciben sus locales.

Durante su gestión, Sugai encontró una oportunidad para relacionarse con actividades artísticas y que a la vez su marca gane visibilidad: se volvió patrocinador de obras de teatro. "Se fueron pasando la voz", dice. Desde el 2014 con la obra "La República Análoga" no ha dejado de lavar a cambio de publicidad los vestuarios de obras presentadas en centros culturales como PUCP o la Universidad del Pacífico, y de algunas productoras independientes con funciones en cartelera. Sugai es un fanático del teatro peruano y en  su oficina hay afiches enmarcados de varias de estas obras.

Este año la empresa Saori Lavanderías crecerá 5% pero la expectativa de  Sugai es crecer 30% de aquí a 5 años con la suma de nuevos locales. Mientras tanto para ganar más clientes hay promociones y descuentos cada mes con algunos tipos de prenda  y se dan servicios especiales para vestidos de novia, y también arreglos de costura.

Con 37 años en el mercado, Adolfo Sugai cree que la ventaja de Saori Lavanderías para mantenerse en un rubro tan disperso es haber podido construir una marca. "Con capitales propios y peruanos, seguimos compitiendo aquí con tres marcas extranjeras y otras lavanderías locales", dice Sugai, mientras pasea por una zona de trabajo en la que se va del olor a detergente al de la plancha caliente. Todo aquí parece estar listo para una ocasión especial.

 

✎ Escribe: Julio Escalante
✽ Fotos: Omar Lucas