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Barber shops
Mr. Jacobs

El resurgimiento de las barberías en el mundo

En el mundo, el crecimiento de las barberías ha ido de la mano con el mayor consumo de productos para el cuidado personal masculino. Según la compañía de investigación Euromonitor, este mercado tiene un valor de 8 mil millones de dólares para la belleza masculina en América Latina, mientras que la consultora internacional Kline estima que el segmento de productos profesionales para el cuidado del cabello aumentó más de 9% en el 2016 (Estados Unidos) y cerca del 6% (Europa).

 

En nuestro país, la tradicional peluquería de barrio limeño en la que solo se atendían varones -a quienes afeitaban con navaja- fue desapareciendo en las últimas décadas y cediendo su lugar a peluquerías unisex, donde se atendía tanto a hombres como a mujeres de todas las edades. Luego apareció otro tipo de negocio, el spa, casi exclusivo para mujeres, donde además del corte de cabello se ofrecen servicios especiales como masajes, tratamientos para la piel, y otros.

 

El antiguo salón de belleza se modernizó y fue ganando terreno, pero quizá el hombre quedó allí fuera de lugar. Es entonces que la propagación de barberías en Lima fue una respuesta a eso. Las barber shops son la reivindicación del lugar exclusivo para varones que quieren lucir un buen peinado, una barba bien cortada, y una grata experiencia de servicio.  

 

Ahora en la ciudad hay barber shops de estilo clásico, que se ubican en especial en distritos como Miraflores, San Borja, Barranco, y que son más cercanas a personas jóvenes pero que quieren un corte 'vintage', ejecutivos de mediana edad o personas con estilo hipster.  Y están también las barber shops que tienen un estilo más urbano (ligado a los artistas del género hip hop y reggaeton), que están por todo Lima, donde uno se puede hacer figuras y diseños en el cabello.  Para comenzar en este negocio, quizás el artículo que más cuesta es la silla del barbero que se hace a pedido y podría costar hasta 3.500 soles en promedio.  

 

En Estados Unidos, de acuerdo con un reciente artículo de Forbes, entre 1992 y 2012 hubo una disminución del 23% en peluquerías para varones y luego de repuntar en el 2013,  ahora hay un boom. Es una vuelta a lo clásico, a barberías de la vieja escuela y se estima en ese país un crecimiento de 10% en los próximos años. "Las barber shops de hoy están ayudando a definir, mejorar y criticar las nociones tradicionales de lo que es ser un hombre (...) son marcas de un estilo de vida", señala el artículo.

 

Las barberías del país americano no están compitiendo con Sports Clips o Supercuts, las mayores franquicias para el corte de pelo. Esto es porque los clientes de cada uno buscan algo completamente diferente. Y también tienen servicios más caros que las barberías de antes. En EE.UU. la atención puede costar hasta US$ 40 y en España entre 15 y 60 euros. En muchas se sirve cerveza o whisky y son un centro de reunión de amigos.

 

La consultora Kline señala que no es una coincidencia que tanto la última ola de barberías -ya sea en ciudades como Londres, Rotterdam, Madrid, Buenos Aires o Nueva York-  como los fabricantes de productos masculinos para el cabello se inspiren en los tiempos de la Prohibición del Alcohol en Estados Unidos (de 1920 a 1933), donde los amigos se juntaban en barberías para tomar sin ser descubiertos.

 

Por tradición una barbería se identifica, y se desliga de cualquier tipo de peluquería, por tener en la puerta de ingreso un pequeño poste cilíndrico con los colores rojo, azul y blanco.

 
Mr. Jacobs
Mr. Jacobs
Luis Ángel Pérez

Desde la secundaria, Luis Ángel Pérez es El Turco. Era el amigo que siempre conseguía cigarrillos y los vendía. Era un comerciante nato, un turco para sus 'patas' de barrio y del colegio. Hace dos años, ese apodo se convirtió también en su marca.

Pérez decidió cuatro años atrás dejarse una larga barba, pero no era fácil mantenerla, se le irritaba la piel, y una vez se le infectó luego de una mala afeitada. Entonces buscó en Internet si en Lima vendían algo para cuidarla. No encontró nada, pero sí en el extranjero. Había tiendas y productos especiales solo para gente con pelos en la cara. Un amigo que venía de Suiza le trajo aceites, ceras, bálsamos. Y funcionaron. Luego este amigo le contó de un barbero que él conocía allá en Europa y que tenía unas recetas para preparar por su cuenta esos productos. Era una lista de aceites esenciales que Pérez consiguió, mezcló y que luego compartió con sus amigos barbudos. Vio que había interés, y que podría ser un buen negocio. 

Y entonces se propuso vender estos productos por Facebook para probar qué pasaba. Si no pasaba nada lo borraba. Para su esposa era un pasatiempo más. Uno de tantos. Pérez buscó un nombre y otro amigo le sugirió que le pusiera El Turco, como él, y aunque lo dudó al inicio, Pérez se imaginó a un médico del viejo oeste, a un tipo rudo que carga tónicos capilares en su maleta. Y esa fue la imagen que grabó en sus etiquetas.

No solo vendió por Facebook sino que buscó otros lugares. Los ideales eran las barberías. Había en varios distritos, pero en sus visitas Pérez encontraba sobre todo barber shops de onda urbana, en las que escuchaban reggaeton, o tenían la tele puesta en un programa de chismes, como en una peluquería más. Eso no iba con él. El Turco tenía que estar en barberías clásicas. Ya se había imaginado la barbería ideal. ¿Por qué no hacerla?

Así nació Mr. Jacobs, la barbería de Pérez y de su socio Mario Figueroa, que está ubicada en el hotel BTH de San Borja. Pronto cumplirá un año. "Nunca hemos estado en rojo, desde que comenzamos", dice. Para arrancar la inversión fue de 100 mil soles. Es un espacio pequeño, de solo tres sillas, pero ambientado para ser acogedor y muy masculino.

Cuando un cliente llega al local, se le sirve una cerveza artesanal Barbarian. No se atiende con cita previa, sino por orden de llegada para evitar tiempos muertos o quejas por malentendidos. Los viernes o sábados que va más gente parece también un club de amigos. Para El Turco lo importante es la experiencia que tiene el cliente, que reconozcan que este es un espacio para hombres con estilo.

El Turco ha recibido propuestas para abrir nuevos locales de Mr. Jacobs en centros comerciales (con alquileres muy caros en zonas de bajo tránsito) o por medio de franquicias. O para compartir un espacio para barberos dentro de un spa tradicional, o para encargarse de montar un negocio como el suyo pero sin cambiar mucho el mobiliario. A todos les ha dicho que no. Por ahora. "Me ha buscado gente con dinero que no sabe de barberías, que se quiere meter porque da plata, pero como todo si no lo haces bien no va a funcionar", cuenta.

Hay tres puntos que favorecen la rentabilidad de una barbería, según Luis Angel Pérez, El Turco: un concepto super claro en la marca y lo que se ofrece, que el local esté en una avenida o tenga un buen manejo de redes sociales (es decir que la gente lo vea), y tener barberos especializados. No puede faltar ninguno. "Si tienes estos tres la inversión puede ser desde S/.60 mil hasta lo que el cielo te dé", dice.

Sí, no hay los suficientes barberos de estilo clásico. Para comenzar, Pérez cuenta que entrevistó a 40 que vinieron por una convocatoria. El primer filtro era solo conversar, conocer sus referencias en el arte de cortar el cabello y la barba, sentir si estaban en la misma onda que él. Si había química para atender al público de manera respetuosa. "Lo que queremos es traer a barberos extranjeros para que den clases aquí y así conseguir a los barberos que necesitamos", dice. "Podemos conseguir locales para nuevos Mr.Jacobs, poner sillas, pero no tengo a los barberos", añade.

Cada barbería tiene su estilo, y en Mr. Jacobs toda la ambientación remite a algo antiguo, detenido en el tiempo, pero también sofisticado y elegante. Ninguno de los barberos aquí usan uniforme, no llevan un disfraz, visten como son fuera del local. Pérez dice que el barbero tiene que ser el modelo del estilo de la marca."Si yo te digo, te voy a vender productos para la barba, me crees, pero si te quiero vender productos para adelgazar, no me vas a creer", dice ríendo.

Primero El Turco y luego Mr. Jacobs. Solo han pasado dos años desde que comenzó y su ascenso ha sido rápido. "Tengo 47 años y esto es la suma de todas las experiencias. Me ha ido bien y he metido la pata un montón de veces. He pasado por todo". Luis Ángel Pérez estudió publicidad, hizo letreros, tuvo una imprenta, organizó fiestas para discotecas y administraba también un colegio hasta el día en que comenzó a vender productos para hombres como él. Ese pasatiempo se convirtió en su actividad principal: primero productos para la barba -propios e importados- y luego una barbería. Hoy su esposa se encarga de administrar las cuentas seriamente porque para él todo estaba bien si había plata. Se nota el cambio: pronto la primera tienda de El Turco se abrirá en el Jockey Plaza. 

El dueño de Mr. Jacobs también es el capitán en Perú de Bearded Villains, una hermandad internacional solo para gente con un mínimo de cinco centímetros de barba completa y que en el país ya tiene 55 miembros. Juntos cumplen con labores de ayuda social. También dos veces al año, Pérez, organiza un concurso para encontrar al más barbudo de Lima. En los negocios y en su vida todo se remite a la barba, todos lo llaman El Turco: "A veces cuando me dicen Luis Ángel no sé si me están hablando a mí".

 

✎ Escribe: Julio Escalante
✽ Fotos: Omar Lucas