Recorrido coctelero: conozca las mejores barras de restaurantes en Lima

Los restaurantes ya no son solo espacios para disfrutar de la comida. Sus barras han cobrado importancia para convertirse en lugares para probar novedosos cocteles, maridarlos con ricos piqueos y compartir entre amigos

Por Marissa Chiappe Lanatta

Desde hace un buen tiempo las barras de los restaurantes limeños vienen cobrando identidad propia. El ‘boom’ gastronómico y la era de la cocina de autor se han trasladado a las cocteleras, que se contagiaron de la creatividad de la nueva cocina peruana.

Las barras de los restaurantes más famosos de la ciudad ya no son simples salas de espera, pues se han convertido en importantes lugares de encuentro en torno a insuperables cocteles y piqueos que permiten disfrutar entre amigos de largas horas de conversación y disfrute.

ENTRE LOS MEJORES DEL MUNDO
Armado de sus objetos de colección, José Antonio Schiaffino se dispuso a montar la barra del restaurante de su hijo, el chef Pedro Miguel Schiaffino. “Desde un principio yo me apoderé del bar y mi hijo de la cocina. Pedro Miguel solo viene al bar para tomarse unos tragos”, nos comenta.

Este rincón para los conocedores de fusiones gastronómicas no solo se ha convertido en uno de los lugares con mejor comida de Lima, sino que ahora también cuenta con una de las mejores barras del planeta.

Este año, Malabar (Av. Camino Real 101, San Isidro) fue considerado en la exclusiva lista de las 10 mejores barras del mundo por la revista estadounidense “Food & Wine”, junto con emblemáticos bares como el Connaught, de Londres. La publicación describió este espacio como un lugar acogedor y recalcó la pasión de “Chafi” —como lo llaman sus amigos— por los piscos. “A mí no me gusta inventar tragos, pero cuido mucho que siempre sean iguales. Si pruebas un pisco sour aquí, la próxima vez que vengas será igual”, afirma.

Quizás en la estandarización y un espacio con personalidad está el secreto para convertirse en uno de los mejores del mundo.

EL MÁS CONCURRIDO
Picar es lo que más nos gusta hacer a los limeños noctámbulos. Probar un poco aquí y allá y, por qué no, probar lo que ha pedido el otro. Por eso Picas (Bajada de Baños 340, Barranco) plantea piqueos en latas para compartir y tapas al estilo español, que acompañan sus refrescantes cocteles elaborados con frutas de la selva.

¿La ubicación? Simplemente insuperable: bajo el Puente de los Suspiros, un clásico escenario barranquino ideal para ver y ser visto. Una vieja casona del siglo XIX que ha sido rescatada por el arquitecto Jordi Puig para convertirla en un espacio moderno que no altera el paisaje urbano.

Una terraza que se llena en invierno y en verano, una barra cuadrada en su interior y mesas, que si bien sirven para una buena cena, también son utilizadas como parte del bar después de las 10 de la noche.

En su carta de tragos destaca el barranquino, un coctel hecho con pisco y jugo de tumbo. Ahora Picas y su hermano mayor Chala (restaurante situado a pocos metros) estrenan nuevo jefe de barra y nueva carta de bar, en la que la coctelería molecular promete sorprender con tragos gasificados, esferas, espumas y geles.

“Queremos innovar con las técnicas modernas de la coctelería, pero siempre manteniendo la tradición del escenario barranquino”, afirma Jefferson Culquicondor, jefe de barra de Chala.

EXCLUSIVO Y JUVENIL
Si va por la calle San Martín un viernes después de las 9 de la noche, se dará cuenta de que hay un tráfico inusual. Es difícil encontrar un espacio en esta esquina donde está ubicado el restaurante de uno de los mejores chefs del país. Rafael Osterling no solo impresiona con sus inventos en la cocina, su barra cada día tiene más asiduos (San Martín 300, Miraflores).

En un ambiente familiar, pero elegante a la vez, una pared de ladrillos divide el comedor de la barra. Flores frescas, ceniceros de murano y una esmerada atención de mozos de mandil largo hacen de este lugar un espacio único donde es fácil sentirse especial.

NOVEDOSO Y DE AIRE EUROPEO
Sophie es el nombre de la hija de Lucho Sologuren y por eso bautizó así a su segunda experiencia en restaurantes. Luego de triunfar con su ‘wine bar’ La Esquina, decidió repetir el plato, ahora con un restaurante-bar de corte europeo.

Una imponente barra de mármol de Carrara atraviesa esta antigua bodega miraflorina ahora convertida en un lugar ecléctico con aire francés. “No hemos contratado a ningún decorador, nosotros mismos nos encargamos de toda la decoración, rescatamos el piso original de la casa, escogimos tapices y decoramos con antigüedades de nuestra colección y algunos hallazgos de anticuario. Queríamos impregnar el lugar de nuestro gusto”, nos explica Lucho.

Las paredes de este sitio van cambiando de acuerdo con las exposiciones itinerantes que ahí se presentan. Por ahora, los cuadros de Fito Espinoza le dan un toque naïf a este espacio, que si bien destaca por una carta impecable que rescata la tradicional comida peruana, sorprende también en su barra con originales cocteles. Su barman cuenta con un extenso repertorio de martinis, como para probar uno nuevo en cada visita.

EL SABOR CRIOLLO GOURMET
Hace algunos años hubiera sido impensable colocar las palabras criollo y gourmet en la misma frase. Pero el chef Israel Laura en sus años de carrera ha logrado convertir lo más mundano del recetario nacional en verdaderas exquisiteces.

Por eso, luego de hacer una pasantía en El Bulli, el mundialmente famoso restaurante de Ferrán Adrià, y después de trabajar para otros restaurantes peruanos, decidió abrir un local en el Centro de Lima. Luego vendría la apuesta miraflorina, en la que una carta criolla y refinada nos propone delicias que tienen toques de chifa y huarique, pero elaboradas con las técnicas de la más alta cocina europea. Y la creatividad no acaba allí.

“Hay sitios que solo disponen de un ‘lounge’ para que la barra se luzca, aquí la barra es la estrella debido a que es la oferta principal y la comida, basada en piqueos, es algo opcional”, comenta Israel Laura.

Su barra nos invita a probar una bien lograda propuesta de tragos pisqueros con innovadoras mezclas frutales creadas por el bartender Gino Guerrero, su jefe de barra, quien empezó como lavaplatos en el restaurante Bohemia. Ahí fue descubierto por Gastón Acurio y llevado al bar a aprender el oficio.

“Cuando llegó la oportunidad de liderar una barra la tomé”, comenta Gino, quien luego de ser bartender de Picas, Chala y Panchita se unió a las filas de Israel Laura. “Poca gente consume pisco puro y estamos en la tarea de impulsarlo a través de nuestros cocteles”, afirma.

Los fines de semana, El 550 (Av. 2 de Mayo 385, Miraflores) se convierte en un bar ‘lounge’, donde los asistentes disfrutan de originales propuestas como el víbora 550, hecho con ají amarillo, aguaymanto, un toque de maracuyá, jarabe de kion (jengibre) y espuma de pisco sour.

“Preparo mis propios jarabes, macerados e infusiones y eso logra una propuesta muy original”, confiesa Gino Guerrero.

En el tintero se nos quedan lugares como Hervé, que acaba de inaugurar una barra dedicada al pisco; La Gloria, que a pesar de contar con un pequeño espacio para la barra, se abarrota desde temprano; Cala, con vista frente al mar; la nueva barra del café La Folie, entre otros.

Hay barras de restaurantes para todas las edades, gustos y bolsillos. Solo queda visitarlas y probar lo que ofrecen en sus cartas hasta encontrar aquella que le ofrezca su trago favorito, un lugar acogedor o que simplemente lo haga sentir como si estuviese en casa.


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