Un año sin Teresa Izquierdo: el sabor eterno de la madre de nuestra comida

Un 27 de julio de 2011 falleció la ‘Morena de las manos benditas’. Hoy es deber recordarla

Un año sin Teresa Izquierdo: el sabor eterno de la madre de nuestra comida

Teresa Izquierdo. Noble matrona que en el seno de El Rincón que no Conoces amamantó nuestras recetas tradicionales, que las alimentó a pura sazón para hacerlas crecer, para hacerlas conquistar millares de paladares y principalmente millares de corazones. Gran figura que hoy consideramos madre de nuestra gastronomía, la mujer que con su sabor, horneado desde la niñez, dio de comer a presidentes y comensales, la que inspiró a Gastón Acurio y, según dijo él, lo convirtió en un “orgulloso cocinero”. Teresa Izquierdo, la ‘Morena de las manos benditas’ que hace exactamente un año nos dejó, tal vez porque, como dijo en esa ocasión su amigo, el reconocido Javier Wong, “el señor quería comer criollo”. Teresa Izquierdo, la grande que hoy nos toca recordar.

Teresa Izquierdo comenzó a cocinar cuando era una niña. Cuando tenía solo 8 años tuvo que reemplazar a su madre e ir a preparar la comida para una familia entera en la avenida Arequipa. Siguió condimentando, sazonando, aprendiendo. En 1960 empezó a vender anticuchos, picarones y cau cau en la peleas de gallos de Camacho, y los frejoles con seco que luego se convertirían en su plato de bandera, en La Molina. Luego, en 1978 abrió aquel rincón que apunta de esfuerzo, fuerza y trabajo se convirtió en uno de los más conocidos, y principalmente queridos, de nuestro Perú.

Teresa. La mujer que recién en sus últimos años pudo gozar del reconocimiento de un Perú que por fin decidió homenajearla, agradecerle, venerar lo que nos cocinó: más que comida, amor por lo nuestro y pasión por nuestras raíces.

“Para un cocinero no hay mayor satisfacción que ver cómo el plato de comida regresa limpio a la cocina. A veces un señor se come hasta el hueso del cabrito, no le deja ni al perro. ‘Aunque sea no le cobren la chicha’, digo, y me dan unas ganas de salir aplaudiendo de la cocina…”, comentó en una oportunidad.

A los 77 años, 4 años después de que superara a la muerte tras recuperarse de una operación, Teresa Izquierdo partió tras padecer una obstrucción intestinal y ser sometida a 3 operaciones. Dejó una cocina en la que hoy su hija, Elena Santos Izquierdo, conserva su legado. Dejó un puñado de cocineros que recuerdan sus enseñanzas por una sencilla razón: los marcó. La recordamos como fue: querida, humilde, cercana. Y nos quedamos con una de sus más grandes máximas: “hagan las cosas siempre con amor”.

“Lo que me gustó en esta historia de mi vida es que yo nunca me amilané. Nunca dije no puedo. Las palabras ‘no hay’ o ‘nunca’, no existen. Uno tiene que tener fe en uno mismo y en Dios. Él siempre ha estado de mi lado. Este 28 de julio se cumpliría un año de mi muerte, pero estoy aquí”, dijo en una entrevista a El Comercio en 2008. Todavía hoy la sentimos aquí.

Teresa no se fue. Vive en las tradicionales delicias que se cocinan en su rincón. En un genial tacu tacu, en una carapulcra, en unos maravillos frejoles. Teresa Izquierdo, como su legado, es eterna.


Tags relacionados

Comida peruana

Teresa Izquierdo