Pablo Valdez, un escultor de la repostería

Ha integrado dos de sus grandes pasiones: el arte y la pastelería. Con su talento es capaz de crear tortas al gusto y la imaginación del cliente

Pablo Valdez, un escultor de la repostería

ALBERTO VILLAR CAMPOS

La vida de Pablo Valdez transcurrió por años en la incertidumbre de cualquier joven que no tiene muy claro su destino. De niño –cuenta– le gustaba pintar, pero más que nada meterse a la cocina a ayudar a su madre. Luego, después de acabar el colegio, viajó a Estados Unidos y durante un tiempo fue cajero en farmacias y puestos de comida rápida. Estos trabajos, no obstante, fueron sobre todo un bache en su crecimiento. A los 19 años, finalmente, ingresó a Le Cordon Bleu. Su interés rápidamente se enfocó en la pastelería.

El destino, empero, lo llevaría por otros caminos: a Buenos Aires, donde trabajó en un restaurante de comida argentina y en otro de cocina peruana. Y luego de vuelta a Lima, donde, una vez más, se preguntó si su futuro, efectivamente, estaba entre la frialdad de las ollas y el deleite de los paladares. La vida le respondería que sí. Desde hace algunos meses, Valdez dio a luz a Tumbino Tortas, un negocio en el que logró juntar dos de sus más grandes pasiones: el arte y la pastelería.

UN SELLO PERSONAL
“Yo estaba convencido de que lo mío era el arte”, dice el chef de 28 años en la sala del departamento de un familiar en donde elabora las tortas, porque allí hay un horno tan grande como su imaginación. Uno se pregunta cómo es posible mezclar ambas cosas. Basta ver las tortas que acompañan esta nota para comprobarlo.

Aunque su trabajo empezó con pasteles de cumpleaños, Pablo supo pronto que podía darles un sello personal agregándole personajes de mayor tamaño o creando otras que se salen completamente de lo común: una cartera Louis Vuitton o un Winnie The Pooh, ambos enteramente comestibles.

Aunque prefiere salvar las distancias, su trabajo se asemeja mucho al de Duff Goldman, un famoso pastelero estadounidense, dueño de Charm City Cakes, cuyo talento lo llevó a protagonizar su propio ‘reality’ de televisión que lleva ya diez temporadas al aire. A los dos, sin duda, los une la audacia a la hora de crear sus tortas, pero además el uso de aerógrafos y técnicas escultóricas que Pablo ha desarrollado con clases. Ahora, por ejemplo, está siguiendo cursos de pintura y grafiti en un instituto de artes plásticas de la capital.

“No hay límites”, dice y tiene razón. Pablo no solo ha hecho cosas tan increíbles como una sandalia ebria y con una botella de tequila para una compañía extranjera que vende estos productos. Su último pedido fue un Audi R8 en el que no escatimará en detalles, algunos de los cuales, incluso, podrían asombrar a un ingeniero automotor. El destino, 28 años después, parece haber por fin encontrado su camino.

MÁS INFORMACIÓN
TELÉFONOS: 98176-8050 y 226-3119, escribir al correo info@tumbino.com o buscar su página como Tumbino Tortas.