¿Te gustaría trabajar para Ferrán Adrià? Esto es lo que viven sus aprendices

Tienen jornadas de 14 horas y no reciben sueldo. Trabajar en uno de los mejores restaurantes del mundo es una oportunida única

Así como es muy difícil conseguir una mesa en El Bulli, la guarida de Ferrán Adriá, es igual de complicado obtener un puesto como cocinero aprendiz en su cocina. ¿Quién no quisiera trabajar en el que muchos consideran el mejor restaurante del mundo?

Pero este trabajo soñado tiene varios aspectos que se asemejan más a una pesadilla. Es por eso que no es raro que los asistentes de cocina sean tildados de “esclavos”.

“Trabajan 14 horas diarias sin recibir un sueldo, solo reciben una comida al día y una cama en un departamento poco atractivo. Permanecen parados, prácticamente sin moverse, durante siete de esas 14 horas, exprimiendo miles de granos de maíz o cortando los tallos de las anémonas”, señala un artículo publicado en ‘The Guardian’.

Todo eso y más vale la pena. Los miles de jóvenes cocineros que cada año postulan y esperan ser uno de los 32 elegidos están dispuestos a entregar su vida durante seis meses a cambio de poder ser testigos del arte, magia y genio del reconocido chef español.

LOS PRIVILEGIADOS
La selección no es como la de cualquier puesto de trabajo. Según señala el diario británico, los criterios del jefe de cocina Marc Cuspinera van desde evaluar cómo se llenó el formulario hasta analizar de qué restaurantes provienen. Lo demás es puro instinto.

“[Cuspinera] tiende a preferir a los que vienen de restaurantes cuyo nivel se pueda más o menos comparar con el de El Bulli –Per Se, Alinea, The Fat Duck-, así como a los más jóvenes. (‘Alguien de 40 años no va a durar los seis meses’, dice. ‘Lo sé, yo tengo 40’)”.

Un detalle importante: cada año los nuevos asistentes llegan hasta el pueblo de Costa Brava, a 200 kilómetros de Barcelona, desde distintas partes del mundo costeándose ellos mismos su traslado.

EL PRIMER DÍA
Es el mismo Adrià el que los recibe con un discurso. “Vestido con sandalias y jeans, el cabello ondulado empezando a encanecer, y su redonda barriga apretada contra su polo, Adrià no es una figura intimidante, al menos hasta que comienza a hablar”, narra la publicación.

El chef los motiva, pero también deja las reglas muy claras: Una sola tardanza y están expulsados. Los celulares y tomar fotos están prohibidos. Y tampoco está permitido gritar.

“No quiero escuchar a nadie gritar en este restaurante. Nadie insulta a nadie. Nadie menosprecia a nadie. Si tienes alguna crítica, hazla saber con calma, en una reunión. Si escucho a alguien insultando a otra persona, está fuera”, les dice Ferrán a su nueva camada de ayudantes.

Esta última directiva sorprende a muchos ya que las cocinas profesionales suelen ser ambientes ásperos y rudos en los que los insultos y gritos son el pan de cada día –varios reconocidos chefs en el mundo son famosos por su temperamento.

LA PRIMERA NOCHE
Desde la primera noche de la temporada (la que dura seis meses), los jóvenes cocineros conocen qué es lo que necesitan para terminar su pasantía con éxito: precisión, resistencia física, habilidad de superar el asco (algunas tareas de la cocina no son nada agradables, sobre todo para los vegetarianos) y mantener la boca cerrada.

“Durante el servicio, nadie les dirá con tranquilidad que tienen que poner determinado elemento en determinado lugar. En lugar de eso, tendrán que escuchar todas las órdenes según son realizadas, darse cuenta de qué estación irá saliendo cada cosa, recordar qué va en cada plato y luego, lo que es peor, luchar con sus compañeros por un lugar en el sitio de plateado”.

Y cuando piensen que la noche por fin ha terminado, se verán sometidos a inesperadas sesiones de entrenamiento y práctica, si el jefe de cocina o el mismo Adrià ve que no están haciendo algo bien. ¿Se imaginan lo que es ponerse a enrollar cientos de pieles de leche después de 13 horas de arduo trabajo? Y eso no es todo, el día recién acaba una vez que han terminado de limpiar la cocina.

Si te parece que es demasiado, ten por seguro que para ellos todo el sacrificio vale la pena.