¿Cuál es la comida típica de Madrid?

El cocido, los callos y los platos al ‘ajillo’ son algunos de los alimentos emblemáticos de la capital española

¿Cuál es la comida típica de Madrid?

Se ha dicho muchas veces que Madrid no tiene cocina, porque Madrid es la suma de toda España. Lo es. Pero tiene una propia que hoy anda un poco de capa caída; debido a que la cocina que hoy día animan los medios y la crítica, la puramente creativa, con o sin sentido, con o sin raíces, pero nueva, han hecho dejar de lado las tradicionales.

Sin embargo, esto no debería ser así ya que la comida típica es la que se lleva incrustada en la memoria gastronómica, fruto del paso de varias generaciones. Esa es la cocina que se reconoce como propia, que no tiene por qué impedirnos sentir curiosidad por las otras, pero que tampoco se debe abandonar.

EL AROMA DE MADRID
Madrid tiene dos platos emblemáticos: los callos a la madrileña y el cocido madrileño. Insistimos en la denominación porque callos y cocidos se preparan en toda España, pero los de esa zona son los mejores.

Pero la gastronomía madrileña no solo se basa en esas comidas, pues requieren una elaboración larga y un tiempo de degustación importante. Es por ello, que han buscado otras opciones más fáciles de cocinar, siendo los ajos uno de los ingredientes básicos dentro de su menú.

No es de extrañar que en la carta popular madrileña haya varios platos apellidados “al ajillo”, quizá pensando que el diminutivo suaviza la acción a veces arrasadora de la liliácea.

Además, es tan arraigado el gusto de los mediterráneos por el ajo que incluso lo consideran como el aroma básico de su cocina popular.

CONEJO AL AJILLO
Los tres platos al ajillo más populares son los camarones, el conejo y el pollo. Hay una variante del conejo al ajillo particularmente atractiva, y espectacular, en el que solo se utilizan las chuletas.

Para hacerlo hay que separar una a una las costillitas y adobarlas durante al menos una hora con tres dientes de ajo, sal y un poco de perejil, todo ello diluido en vino blanco. Una vez hecho esto se debe recoger el jugo que suelten.

Salpimiéntelas y páselas ligeramente por harina. Fríalas, dejándolas doraditas. Retire el aceite de la sartén y eche en ella el jugo del adobo, con el vino restante y orégano al gusto. Dele un hervor y caliente rápidamente las chuletitas en este jugo o, simplemente, rocíenlas con él.

Para acompañar puede hacerlo con un buen vino blanco con un toque de madera, aunque también puede optar por un tinto joven como tradicionalmente lo hacen los españoles.


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