Delicias enlatadas: ideas para disfrutar anchoas, sardinas, choros y más

Al igual que con la comida fresca, el truco es elegir un buen producto

Delicias enlatadas: ideas para disfrutar anchoas, sardinas, choros y más

A estas alturas todavía hay quienes miran no ya con desconfianza, sino con auténtico desprecio, las latas de conserva. Les parece que comer “de lata” es comer mal, cuando no tiene por qué ser así salvo que las latas que utilice sean conservas de mala calidad, porque hay joyas.

Por ejemplo, la máxima encarnación del lujo gastronómico viene en lata, o en tarro de cristal: el caviar. El caviar es una semiconserva y no por ello es despreciable.

No vamos a irnos tan altos en la escala de precios y el lujo. Pero que pueden hacerse platos, e incluso menús completos, muy atractivos con poco más que un abrelatas… que no les quepa la menor duda.

Empecemos por un aperitivo marisquero: unos buenos choros en escabeche, ya saben, esa salsa roja tan deliciosa que acompaña al molusco. El de los choros en escabeche es el único caso, junto a las sardinas en aceite de oliva, en el que no es aconsejable cambiarles el líquido que los acompaña; en casi todos los demás, sí.

Los choros en escabeche no precisan de más adornos: están perfectos tal cual. También lo están las sardinas en aceite de oliva, pero aquí ya podemos completar la cosa sirviéndolas con unas papas simplemente cocidas o presentándolas en tempura: una delicia.

Lugar de honor para una semiconserva: los filetes de anchoa en aceite virgen de oliva. Son un lujo, por precio; pero valen la pena. Tampoco piden mucho. Basta con tostar algunas rebanadas de pan, muy ligeramente, y depositar sobre cada rebanada un par de lomos. Si antes frotan, al estilo catalán, un tomate partido al medio sobre la superficie del pan, la cosa queda sublime.

Otra joya: la ventresca de atún en aceite. Además de tener un aspecto de lo más atractivo al abrir la lata, va perfectamente combinada con otro producto en conserva: unos pimientos rojos, de pulpa fina; esto es, de los llamados “cristal” o, si no los encuentran, de los del piquillo, tal cual. Hacen muy buena pareja.

Ya ven que comer de lata no es ninguna tontería, ni nada ante lo que haya que sentir aprensión. Simplemente, hay que elegir un buen producto. Pero eso hay que hacerlo con las conservas y con la comida fresca: no hay buena cocina con malos ingredientes.


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