Dulces y helados, una vía para resucitar el consumo de semillas y cereales ancestrales

Dulces de amaranto y helados de quinua son algunas de las propuestas de unos pueblos indígenas ecuatorianos, que quieren recuperar los alimentos que consumían sus antepasados y hacerlos más atractivos para sus hijos

Dulces y helados, una vía para resucitar el consumo de semillas y cereales ancestrales

En una casa apartada, en medio de la montaña, hay un fuerte olor a humo, un joven está removiendo en una cazuela de agua hirviendo el chocho o altramuz, una semilla blanca y que parece un maíz gigante.

Este grano es muy amargo, por lo que para sacarle este sabor se tiene que hervir varias veces con agua y luego dejarlo en reposo con agua fría.

En esta vivienda tratan también otros cereales tradicionales, que limpian y dejan listas para manipularlas luego en una planta de procesamiento de harinas, por lo que en una enorme manta hay unas diminutas bolas marrones, la quinua, que se están secando en el sol.

Además, los terrenos de esta finca son utilizados para que los más pequeños aprendan a cultivar y a tratar las semillas que comían sus abuelos.

CAMPAÑA SALUDABLE
El presidente de la Asociación de Agricultores de Semillas Mushucyuyas (en la lengua kichwa), Nicolás Pichazaca, explicó que la idea es recuperar las semillas de sus ancestros y combatir la comida chatarra que actualmente consumen los niños en las escuelas.

La organización cuenta con un proyecto piloto para la producción de dulces, caramelos, helados y gelatinas elaborados con las semillas que, tradicionalmente, han consumido los indígenas de la zona, como el chocho, el maíz, la quinua y el amaranto.

El sueño de Pichazaca es que en dos o tres años sus hijos puedan encontrarlos en las tiendas. “La idea es mejorar las variedades nativas sin dejar atrás el patrimonio de nuestros ancestros”, detalló Pichazaca, quien dijo que se les da un valor agregado a los granos andinos para que sean más atractivos para el consumidor y más competitivos en el mercado.

Pichazaca aseguró que otro de los objetivos es que las persones estén bien nutridas y preservar la seguridad alimentaria en el Cañar, una región que es de las más pobres del país.

Por eso, la asociación también organiza charlas con madres de hogar para que aprendan a utilizar las semillas y, de este modo, puedan alimentar mejor a sus hijos.

Pichazaca señaló que tienen muchas variedades de cultivo de acuerdo a las necesidades del mercado. Asimismo, apuntó que, por el momento, los huertos no son 100% sostenibles, pero que cada año están creciendo más, por lo que esperan que en breve sean rentables.

Por ahora, el 90% de la producción es para la comercialización, mientras que el 10% restante es para los socios, que cada fin de semana, los que viven más cerca, vienen al huerto a almorzar y se aseguran comer alimentos sanos.