La historia de la calle Capón y la gastronomía china en Perú

En 1849 cientos de inmigrantes llegaron a nuestro país. Son los creadores del chifa, el kamlu wantán, el chi jau kay y hasta dicen que del lomo saltado

La historia de la calle Capón y la gastronomía china en Perú

CARLOS HURTADO DE MENDOZA

Las cosas han cambiado en el Barrio Chino incluso para los chinos. Ya no pueden fumar, por ejemplo, en ningún chifa ni comercio de la calle Capón. Es difícil imaginarse una postal de este famoso sitio sin chinos fumando, pero así es como debe lucir ahora. Las exigencias del mercado los obligan a decirle no al tabaco, y aunque podrían tomarlo a mal, lo cierto es que –a futuro– la decisión les dará muy buenos réditos. Así ha sido siempre con los chinos desde que llegaron al Perú, en 1849: algo que en principio parece ser señal de muy mala suerte, termina siendo todo lo contrario.

O tal vez ocurre que los amigos asiáticos están acostumbrados a ir contra la corriente hasta ganar. Quizás esta sea una explicación más lógica: la perseverancia. Sin embargo, en la semana que celebran el Año Nuevo del Dragón, puede que los chinos prefieran agregarle algo de misticismo al asunto: perseverancia sí, pero mejor, la buena fortuna del dios Kuan Kung, protector de la policía, las fuerzas armadas y los comerciantes. En este caso, los comerciantes de la calle Capón.

Perseverancia o buena fortuna, la verdad es que muchas historias de lucha hay detrás de los 50 negocios que hoy forman el Barrio Chino. O detrás de los 5.000 chifas que –se calcula– existen en Lima a la fecha. Haga usted su cuenta: si en 1849 llegaron poco más de 70 chinos desde Macao y Hong Kong sin saber nada acerca del Perú ni de su propio futuro, y hoy son tres millones de descendientes y la colonia china más importante en Sudamérica, algo bueno tuvieron que hacer. Y claro, los chifas de la calle Capón fueron un sorprendente comienzo.

NI CHI FAN
En 1855, casi seis años después del arribo de los primeros chinos al Callao, un grupo de asiáticos ganó popularidad en la zona donde ahora se ubica el Mercado Central de Lima. Entonces el lugar era conocido porque ahí se capaban animales, y vaya que los orientales dominaban decenas de técnicas para hacerlo. ¡Chinito capón, chinito capón!, les llamaban, y fue eso lo que le dio nombre a la calle donde los encontraban, la calle Capón en el Cercado. Así lo cuenta –entre risas– Luis Yong, presidente de la Asociación Peruano-China.

Ahorradores hasta el límite, los asiáticos solían preparar un plato hecho con arroz –básicamente arroz frito– al que conocían como chau fan, y gustaban de llamar a cenar con la frase “ni chi fan”, que quiere decir: ¿ya comiste? De esta forma nacen el chaufa y el chifa, y todos los derivados que hoy se venden en el Barrio Chino.

Es recién después de la Guerra con Chile, en 1880, que los chinos se animan a comercializar su comida a través de los famosos chifas, por esos años solo pequeños ambientes donde cabían unos pocos comensales. Según Isabelle Lausent Herrera, una de las investigadoras que más ha estudiado la Colonia, fue el soporte de la Beneficencia Central de China, impulsada por el enviado imperial Zheng Zaoru, lo que permitió el crecimiento de estos negocios. “La beneficencia agrupó a todos los chinos y promovió una comunidad más acomodada”, explica.

TOUR A CAPÓN
Aunque hoy no tiene circuitos turísticos implementados –algo que toca corregir, quizás a través de padrinazgos, como sugiere la Cámara Nacional de Turismo–, no es mala idea darse una vuelta por el Barrio Chino. Sus comercios y el pequeño templo donde se lee el futuro (en la cuadra 9 del jirón Huanta) permiten entender cómo el Perú asimiló la cultura asiática tras 163 años.

Puede comenzar por la comida, y pasar del chi jau kay al chi jau cuy de un local a otro, pero es aconsejable no quedarse solo en eso, ni en la inscripción de su nombre en el bulevar Capón por US$30. Intente ir más allá, al corazón de la lógica de la perseverancia.