Tradición de gala: conozca cómo es el banquete en honor a los ganadores del Premio Nobel

Más de un millar de personas disfrutan de una cena cuyo menú se mantiene en secreto hasta que es servido

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Estocolmo (EFE) La fiesta de entrega de los Nobel culmina esta noche con una cena de gala para los galardonados, presidida por los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, en la que el escritor peruano Mario Vargas Llosa será uno de los encargados en pronunciar los agradecimientos a los brindis.

Tras la ceremonia llega el momento del Banquete en el Ayuntamiento de Estocolmo, una cita más restringida que la gala de entrega de los Premios, a la que están invitadas 1.350 personas, entre ellas 220 estudiantes de distintos centros escolares de Suecia.

El programa del banquete continúa con la tradición y un año más el menú es el secreto mejor guardado, y sólo es revelado cuando todos los invitados estén sentados en sus mesas.

Durante la entrada y durante la salida, Mattias Wager tocará el órgano del Ayuntamiento. También se escucharán fanfarrias y dos trompetas. La fiesta comienza con la entrada de la familia real y otros invitados de honor por la escalera que conduce al Salón Azul del Ayuntamiento.

COMIDA CENTENARIA
En 1901 el primer Banquete del Nobel se celebró en la Sala de los espejos del Grand Hotel, donde hoy se alojan los galardonados, con 113 invitados hombres.

Una cifra que ha aumentado hasta el millar de personas que degustarán los platos preparados por Niclas Wahlström, del restaurante A Kind of Cooking AB, y de Magnus Johansson, del café Xoko de Estocolmo.

Lo opíparo de la cena ha ido fluctuando según la coyuntura y así, tras la Primera Guerra Mundial, se ofrecía un plato menos en el menú, aunque con la indispensable sopa de tortuga como plato estrella. Las aves de corral, en cambio, se convirtieron en el alimento más apreciado en los años treinta.

Más drástica fue la decisión de cancelar los banquetes, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, para donar su presupuesto a la Cruz Roja, y, una vez finalizado el conflicto, el menú pasó a tener “solo” tres platos que, además, tuvieron que centrarse en los productos locales.

Truchas, salmones, langostas y caviar fueron, entonces, los que tomaron la hegemonía en los banquetes del Nobel durante la década de los cincuenta y, ya en 1973, el banquete sirvió por primera vez “el parfait”, el famoso helado de café que desde entonces es uno de sus símbolos de identidad.

EJERCITO DE BLANCO
Durante el banquete trabajan 45 chefs y 260 camareros que sirven a las más de sesenta mesas dispuestas en el Salón Azul del Ayuntamiento y cubiertas por 470 metros de tela de lino. Sobre ellos, una vajilla creada para el 90 aniversario de los Nobel en 1991 por tres diseñadores suecos, acompañada de 5.000 vasos y 10.000 cubiertos.

El disfrute de tan selecto menú y espectáculo es un lujo al que se puede acceder previo pago de 1.900 coronas (unos 276 dólares), aunque para poder asistir primero es necesario recibir una invitación de la Fundación Nobel.

Para la decoración se han utilizado unas 200 probetas que harán las veces de macetas para crear la ilusión de un jardín con flores que crecen en busca de la luz. En la mesa principal, anémonas de color azul, rojo y violeta visten un escenario cuya decoración es encargada por undécimo año consecutivo a Gunnar Kaj.