Vestidos comestibles: México celebra su bicentenario con una pasarela llena de sabor

Chile, cacao, maíz y café son algunos de los ingredientes tradicionales con los que se han elaborado diversas prendas en honor a la cocina mexicana

Vestidos comestibles: México celebra su bicentenario con una pasarela llena de sabor

Un dios maya de maíz, un revolucionario con cinturón y escopeta comestibles y una modelo con alas de maíz y una bandera mexicana dibujada en su pecho con tres variedades de Chile- que remite al Ángel de la Independencia- son algunos de los diseños creados por los alumnos de la Universidad del Claustro de Sor Juana del Distrito Federal.

“La temática es México: 200 años de sabor, son trajes mexicanos pero con libertad creativa para el diseño por parte de los estudiantes”, dijo Jacqueline Arellano, coordinadora de la pasarela.

Así, cada alumno escogió un motivo de la Independencia o la Revolución para desarrollar aparatosos trajes, entre los cuales destaca el Ángel con un vestido que, con sombrero incluido, pesa cerca de ocho kilos. El creador, Luis Ángel Moreno, contó con una ayuda inestimable que ha sabido convertirlo en uno de los diseños más atractivos.

Carla González, modelo y a la vez diseñadora, mueve la cabeza con cuidado porque lleva un complicado sombrero hecho con granos de café. En su falda, un retrato del héroe de la Independencia Miguel Hidalgo, cuyo famoso Grito de 1810 lanzó la insurrección. Su traje representa, precisamente, la campana que tocó el cura en su llamada a las armas.

El revolucionario a lo Emiliano Zapata con un enorme bigote de hoja de maíz envuelve sus pies en sandalias de nopal (planta parecida al cactus muy típica en los platos de México) y rafia. Su machete y escopeta, están hechos de café, caña de azúcar y especias, como clavo y canela.

“El pantalón está elaborado a base de maíz negro la hebilla del cinturón tiene los colores de la bandera y es pesado para simbolizar la fuerza de los mexicanos”, según su diseñador, Jorge Linares.

Confeccionar los trajes lleva aproximadamente tres semanas, tras hacerse con los ingredientes y pensar como integrarlos a su diseño; el coste varía con cada vestido, pero puede situarse aproximadamente en torno a los cien o doscientos dólares, de media.

Ésta es la sexta edición en la que se celebra la pasarela, aunque cada año el motivo central sobre el que gira es distinto. Desde hace dos años, funciona además como concurso: los premiados pueden ganar viajes a la playa, cursos y cestas de comida.