El día que Martha Hildebrandt lloró a mares ante un plato de lentejas

La congresista y candidata a la reelección confiesa que no sabe cocinar y se siente orgullosa de eso

El día que Martha Hildebrandt lloró a mares ante un plato de lentejas

MARTÍN ACOSTA GONZÁLEZ @martiacosta
Redacción Online

Martha Hildebrandt no se sonroja al confesar que no sabe cocinar, es más, se siente orgullosa de sus nulos conocimientos culinarios. Dice que nunca necesitó meterse a la cocina ni tampoco le interesó hacerlo, además, cree que esa es una especie de herencia familiar que inició su abuela y continuó su madre.

“Yo no cocino nada. Ni quiero aprender, ni me animé ni tuve que hacerlo, felizmente. Además, mi mamá no había cocinado nunca y su madre tampoco, entonces yo era la tercera generación de mujeres que no entrábamos a la cocina”, señaló la congresista fujimorista en declaraciones a elcomercio.pe.

Dice que históricamente “la cocina siempre ha sido una especie de piedra que cargaba la mujer. Hiciera lo que hiciera, tuviera la profesión que tuviera, las mujeres siempre tuvieron la responsabilidad de la cocina y eso no debió ser así. Porque la única responsabilidad exclusiva de la mujer es parir, lo demás lo pueden hacer tranquilamente los hombres”, comentó la candidata a la reelección con el número cuatro por la lista de Fuerza 2011.

LAS LENTEJAS DEL SUFRIMIENTO
Hildebrandt dice que de niña tuvo una mala educación en cuestión de comida. “Éramos muy consentidos y muy monótonos. Mi mamá me daba papas fritas, arrocitos, carnecitas, huevo frito; en fin, cosas que no alimentaban. Detestábamos los guisos, las verduras y las menestras”.

Precisamente un plato de menestras fue el causante del llanto desmedido y resignado de una pequeña Martha. “Mi padre era un hombre consentidor, pero una vez que se puso muy firme. Me dijo ‘no te paras hasta que termines ese plato de lentejas’. Él se fue a trabajar y llegó después de varias horas y yo seguía sentada frente a la mesa, llorando sobre las lentejas que se habían convertido en una sopa de tantas lágrimas”, recuerda.

SUS FAVORITOS
Se define como una comensal que se deja seducir con platos sencillos. “Soy exigente en cuanto a sabor y calidad, pero la preparación para mí no es fundamental. Yo viviría de sánguches, empanadas y sopitas. La cocina elaborada la aprecio cuando está en la boca, pero no me esforzaría por tenerla nunca. Me gustan las cosas preparadas de forma sencilla, casi en bruto”, dijo.

Sin embargo, en medio de sus gustos se encuentra un ingrediente tan peruano como cautivante: la papa amarilla. “La comida criolla me encanta. La causa es uno de mis platos favoritos, la papa a la huancaína y la papa amarilla en todas sus formas”.