Ferrán Adrià quedó encantado con la comida selvática

El mejor chef del planeta visitó Loreto y sucumbió a los sabores amazónicos

Ferrán Adrià quedó encantado con la comida selvática

RODRIGO RODRICH

Cuando Ferrán Adrià llegó a la puerta del huarique, ni él sabía quién era doña Blanca ni ella quién era don Adrià. Ella lo esperaba guapísima en la puerta de su local, y él seguramente buscaba un chef, de esos que visten trajes blancos y gorros altos.

Alguien los presentó. Ella le dio la mano y él le dio dos besos. El mejor chef del mundo, Ferran Adrià, quería saborear la selva y Blanquita debía lucirse.

EL RETO DE BLANQUITA
Adrià eligió la sazón más emblemática de la ciudad, la de doña Blanca Cornejo. Esto supuso el máximo reto nunca antes asumido por un restaurante loretano: había que estar a la altura del chef cuyo restaurante es mencionado como el mejor del planeta.

Sentado el invitado, las camareras no sabían qué hacer. ¿Qué llevar primero?, ¿los juanes? Así hasta que empezó el desfile de platillos.

Juanes de gallina, de yuca, de chonta, de ajo, de huevera de pescado y ninajuanes. Luego pescados en todas sus formas amazónicas de preparación. Tacachos, cecinas, humitas, empanaditas de yuca. Plátanos fritos, sancochados y patacones. Refresco de camu camu. Esto no era una cena, era una fiesta.

Lo primero que uno piensa es, si acaso, la sazón de doña Blanca lo conseguiría. Y luego, surge la duda de si algún plato de la comida regional sería capaz de sorprender a un hombre que debe haber probado casi todas las exquisiteces del planeta, y cuyo trabajo consiste en buscar nuevas sensaciones culinarias para enriquecer su cocina.

Con cada bocado, Adrià se hundió en el análisis. Los sabores del sachaculantro, el ají dulce o el achote eran una novedad.

Pero en un momento, sin poder esperar a que alguien se la alcanzara, fue a la fuente de ensalada de chonta, que es el palmito en hilachas. La probó una vez más. “Todo esto es increíble”, susurró, y comió y comió.