En la lejana República Checa también se disfruta de la comida criolla como en el Perú

Barranco es el único restaurante con sello peruano en Praga. Dos compatriotas se han propuesto poner de moda nuestros platos y lo están logrando

En la lejana República Checa también se disfruta de la comida criolla como en el Perú

MARTÍN ACOSTA GONZÁLEZ / @martiacosta
Redacción online

En el centro de Praga, capital de la República Checa, está ubicado Barranco, un local que se ha convertido en una pequeña embajada culinaria de nuestro país en tierras checas. A diferencia del distrito limeño, Barranco no tiene playa pero guarda la esencia bohemia y criolla que hoy conquista paladares a punta de ají de gallina, carapulca, lomo saltado y pisco sour.

Hace apenas dos semanas abrió sus puertas y desde entonces el local no ha dejado de llenarse. Los primeros días la legión peruana y luego comensales locales, checos que habían tenido la oportunidad de probar un poco de nuestra comida en el restaurante Casa Andina, que se ofertaba como peruano, aunque en realidad estaba un poco lejos de serlo.

John Becerra, chef y uno de los dueños de Barranco, trabajó un tiempo en la cocina de Casa Andina, pero comenta que el propietario, de nacionalidad checa, buscaba fusionar nuestra cocina de manera terrible. “Quería que le pongamos ingredientes raros a los platos peruanos, cosas que iban en contra de la esencia nuestra. Lo único autentico era el cebiche”, comentó en declaraciones a elcomercio.pe. Durante ese tiempo conoció a Pablo de las Casas, un barman peruano que hoy se ha convertido en su socio.

Ambos dejaron el restaurante y tras la desaparición de Casa Andina, el mercado de la comida peruana había quedado listo para ser ocupado. Se asociaron pero solo luego de siete meses pudieron hacer su sueño realidad.

CRIOLLO COMO EN PERÚ
Barranco tiene una carta amplia que nada tiene que envidiar a los locales criollos de Perú: entradas (causa de pollo, atún y camarones, papa rellena, papa a la huancaína), sopas (criolla, maíz), pescados (cebiches, arroz con mariscos, sudados), aves (ají de gallina, seco de pollo), carnes (lomo saltado, asado de lomo, anticuchos), ensaladas, etc.

Los ingredientes no son fáciles de encontrar pero han conseguido buenos abastecedores en Viena, España, etc. “A estos lugares llegan más insumos y no son tan costosos”, agrega Becerra. Los platos en promedio cuestan entre los 89 y 340 coronas checas (algo así como 6 y 20 dólares).

Han sabido encontrar reemplazo para los pescados. Las salsas, cebollas, limones, maíz morado y otros ingredientes que parecen complicados de encontrar llegan desde Perú. “Aunque el costo es alto sabemos que ahí está el secreto de nuestro éxito”.

Pablo de las Casas, el otro propietario de Barranco, cuenta que el objetivo es llegar al mercado checo. “La idea es hacer que ellos prueben nuestra comida, que conozcan nuestra cultura y contagiarles esa calidez que tanto caracteriza a los peruanos”, dice.

“Para los peruanos el restaurante es su casa. Ellos no necesitan saber más de nosotros, vienen acá a disfrutar de la auténtica comida de Perú”. En República Checa hay 160 peruanos aproximadamente. Solo el día de la inauguración más de la mitad estaba en el local, incluida la música criolla en vivo.

RETOS
Abrir el restaurante propio no fue fácil, pues ninguno habla checo. Pablo, que trabajó varios años en Estados Unidos y Polonia como barman, habla inglés. John laboró en España y Alemania y se defiende hablando alemán.

Por ello tuvieron que asociarse con una ciudadana checa, una ex modelo que quedó enamorada de la comida peruana y que puso todas sus fichas en el proyecto. Praga tiene algunos restaurantes extranjeros (colombianos, mexicanos, cubanos) pero ellos confían en “el sabor que solo Perú puede tener”. Si todo marcha bien, el próximo año abrirán un nuevo local en la capital.