Los pescados y mariscos tienen un gran protagonismo en Mistura

Dos restaurantes con sazón norteña nos muestran sus sabrosas propuestas de comida marina

Los pescados y mariscos tienen un gran protagonismo en Mistura

Héctor Solís es afortunado. Hace poco más de un año, en un viaje que hizo a Japón para participar en un festival gastronómico, descubrió un pescado que le pareció espectacular. Él buscaba un mero similar al norteño para prepara los platillos tal y cual se servían en Fiesta Gourmet, pero los organizadores le dieron algo diferente.

“Era un pescado supergrasoso, y por ende sabroso. La carne era más oscura que el mero murique o el lenguado, y la verdad que no tenía ningún registro de él, hasta que lo probé”, cuenta el chef chiclayano que, desde aquel mes de enero del 2009, incluye el mero fortuno en la carta de su restaurante.

A Mistura lo lleva fileteado, para preparar al momento un cebiche con cochayuyo y extracto de cangrejo crudo, con lo que honra a la costumbre chiclayana que también manda exprimir los limones frescos y acompañar con su ají cerezo rojo y verde.

Pero la novedad no queda allí. Ahora, el chef invita a disfrutar su plato en la comodidad de un privado, como el de Fiesta. Un ambiente con capacidad para 4 a 6 personas que podrán reservar cada 45 minutos, entre las 12 del día y las 8 de la noche. El vino y la champaña son de cortesía.

SABORES DE PUNTA SAL
Este año el chef Adolfo Perret hace que el mar se salga hasta el mismísimo centro de Lima. Y su generoso arroz con mariscos es el causante.

El chef del restaurante Punta Sal lo describe como “jugosón y lleno del sabor del mar”, con una buena dotación de langostinos, pulpo, calamar y conchas de abanico, sazonados con el ají especial de la casa.

“Lleva también vino blanco, pimiento morrón, arvejitas y un buen fumé de pescado”, dice como para abrir más el apetito.

Punta Sal, que al igual que otros restaurantes de Apega impulsa en esta feria el consumo de pescados variados, también ofrecerá en Mistura 2010 su tiradito a la crema de ají amarillo y el llamado “cebiche de mi norte querido”, donde Perret se ciñe estrictamente a la manera típica de preparación de esa región: con limón, sal, ají, cebolla y un fresco pescado.


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