Niños asháninkas realizaron una aventura culinaria en la costa

Los chefs Astrid Gutsche y Pedro Miguel Schiaffino les mostraron a estos niños, quienes estuvieron en Lima por una gestión del programa Juntos, una ciudad sabrosa y divertida

Por Catherine Contreras

La semana pasada, 30 niños de las comunidades asháninkas de Cutivireni, Quempiri y San Antonio de Cheni entraron en contacto, por primera vez, con diversos aspectos de la capital del país.

La Lima oficial (el Congreso y Palacio de Gobierno) y la divertida (jugaron y vieron por primera vez “el televisor más grande”: el cine); la didáctica (en Edegel entendieron cómo a partir del agua se podría generar luz), pero también la gastronómica, gracias al apoyo de dos chefs, Astrid Gutsche y Pedro Miguel Schiaffino, que tuvieron la idea de recibirlos como a sus mejores comensales.

HORA DEL DESAYUNO
El día comenzó muy temprano. A las 8:55 a.m., la delegación de niños de entre 10 y 14 años llegó puntualmente al Tanta de Chacarilla, donde Astrid Gutsche les tenía preparado un desayuno especial, inspirado en la selva y sus frutos.

Luciendo cada uno su tradicional “cushma” —especie de poncho cerrado, hecho de algodón (hombres) o tocuyo (mujeres) y que los cubre desde el cuello hasta los tobillos—, los pequeños se sentaron a la mesa y empezaron a observar. Ninguno comía hasta que Fabián, el jefe de la comunidad San Antonio de Cheni, u otro asháninka adulto que los acompañaba les daba la indicación.

“Intenté cocinar cosas con los productos de ustedes: el sapote, panqueques con plátano y salsa dulce, huevo revuelto con yuca, brownie con castañas y pecanas, sanguchitos con cecinas, alfajores de chocolate y cocona, jugo de camu camu, que es como un batido”, les iba explicando Astrid, quien recibió de la delegación una “cushma” de tocuyo teñida con cortezas de caoba y pintada con la mezcla del líquido de esa corteza con la tierra azul que crece bajo este árbol.

Mushi, un pequeño de 11 años acostumbrado a desayunar leche, kaniri (yuca) y parenti (plátano), comió con gusto el revuelto, lo mismo que muchos otros. La familiaridad de su sabor sin duda los convenció, mucho más que los tentadores dulces y postres.

UN MAR DE CHOCOLATE
La siguiente parada fue en San Miguel. La fábrica Di Perugia abrió sus puertas para esta delegación, y allí los recibieron con calidez Stefano Mentuccia y Ben 10, un personaje desconocido para estos pequeños que tuvieron que navegar 8 horas en peque peque y viajar 14 horas para llegar desde su remota comunidad en el distrito de Río Tambo (provincia de Satipo, Junín) hasta Lima.

No entendemos si fue por el contundente desayuno o porque los pequeños asháninkas están tan familiarizados con el tema del cacao (la principal actividad agrícola en Río Tambo), pero no sucumbieron ante la tentación del chocolate. Siguieron, eso sí, con atención la visita guiada para conocer el proceso de producción de unos bombones que ninguno dejó de probar.

Con esta ligera dosis de azúcar, el recorrido continuó hacia lo esperado: el mar del Callao, que ninguno había visto jamás. Al ver la inmensidad, en su dialecto asháninka los niños se preguntaban por qué esta agua de la costa huele feo, por qué se mueve pero no corre como en los ríos de su selva; por qué los cerros (la isla San Lorenzo) son pelados y por qué las piedras medicinales que ellos llaman mapi están aquí tiradas por montón

En el malecón de la Plaza Grau la experiencia era total, pero el momento cumbre aún estaba por llegar. Un enorme catamarán con capacidad para 100 personas los pasearía por la bahía, gracias al apoyo de Renzo Rubini, gerente general de Cochamama Tours, que les regaló la oportunidad de sentir en sus rostros el roce de una brisa diferente.

La tarde acabaría en La Pescadería, con un almuerzo planeado por Pedro Miguel Schiaffino, estudioso de la gastronomía de la selva, quien en esta oportunidad prefirió mostrarles el insumo marino a través de un tiradito y saltado de pez espada con tacu tacu, coronado por una granita de camu camu y tres leches.

Después de esto, el día terminó. Pasonqui [gracias] a todos, y a descansar, a soñar y a repasar el gran sabor que sin duda les dejó esta increíble experiencia, alcanzada por mérito propio.