¿Qué debería mejorar en la siguiente edición de Mistura?

Pasada la fiesta culinaria más importante del país, y con las cifras rebosantes en cuanto a asistencia de público, platos e insumos vendidos, vale la pena sentarse a saborear lo vivido y a apuntalar aquello que se deberá mejorar para el próximo año

Este año, los organizadores de la Feria Gastronómica Mistura, presididos por Gastón Acurio, apostaron por duplicar el espacio físico, colocar más stands, más cajeros, más mesas, más carretillas, más restaurantes, y no se equivocaron. En algunos momentos, el Parque de la Exposición se apreciaba completamente lleno. Las dimensiones de la feria, en todo aspecto, fueron de talla mayor.

Dos espacios en especial llamaron la atención del público. Primero, El Gran Mercado: inmenso, colorido, con cientos de stands ofreciendo la gran despensa y riqueza que el Perú posee. Fue el mejor escenario para rendir un justo homenaje a la estrella principal de la feria que brilló con luz propia: la papa.

Se exhibieron y pusieron a la venta más de 800 variedades. Muchos peruanos y extranjeros vieron por primera vez algunas de ellas, ofrecidas por sus propios agricultores, llegados de zonas distantes del interior del país.

La preferencia del público apuntó también a la gigantesca panadería, montada bajo el nombre de Munaypan (en quechua “quiero pan”), con un ejército incansable de más de 50 panaderos. Dieciocho de ellos emprendieron el viaje a Lima desde sus lugares de origen, como Huánuco, Arequipa, Cusco, Piura y Chiclayo.

Durante los seis días, muy bien organizados y bajo estrictos horarios, amasaron y dieron forma a miles de panes de diversos sabores y formas: tres puntas, chaplas, pachamanca, cachanga, pan campesino, de zapallo loche, de anís, de papas nativas, de quinua, de cañihua, que calientitos salían de los hornos a manos y bocas ansiosas. El último informe oficial da cuenta de más de un millón de panes vendidos en Mistura 2010.

La labor de estos incansables artesanos del pan se iniciaba desde muy temprano. Eran los primeros en llegar al Parque de la Exposición, ya que a las 7 de la mañana empezaban las labores para cumplir con el horario de entrega y despacho del pan. Además de su agotadora labor, los panaderos se dieron el tiempo para salir de sus puestos de trabajo y recorrer la feria, ofreciendo degustaciones de sus crocantes panes.

EL PUNTO NIKKÉI
Otro lugar muy celebrado fue el destinado a los niños. Es que muchas familias asistieron en pleno y los pequeños acusaban cansancio rápidamente. Los shows infantiles dieron la hora y permitieron a los padres tomarse su tiempo para disfrutar de la comida y de un buen pisco sour o una cervecita bien helada.

La propuesta de comida criolla, limeña, fusión y regional fue surtida y variada. Pero la gran sorpresa la dieron dos restaurantes de la llamada comida nikkéi, que cada día deja sentir su presencia en la gastronomía local con más fuerza. En Mistura 2010 así lo demostró. Ambos stands estuvieron liderados por sus itamaes propietarios, quienes deleitaron con sus increíbles propuestas niponas con toques de sabor nacional.

Javier Matsufuji, del restaurante Edo, no dejaba de preparar sus reconocidos makis acebichados y yakimeshis (arroz con carnes, huevos y verduras), que convocaron a un sin fin de comensales curiosos. Por su parte, Mitsuharu Tsumura, del restaurante Maido, revolucionó los paladares de la concurrencia con el tacu chaufa y el yakisoba (pasta japonesa salteada en wok con hongos y verduras).

En los últimos años, la influencia japonesa en el mundo gastronómico es notoria. Lo visto en Mistura demuestra que el Perú no escapa a este fenómeno, pero con la gran ventaja de contar con infinidad de ingredientes y el sabor nacional que marcará la diferencia de manera innovadora e interesante.

A TOMAR EN CUENTA
Los lugares asignados para comprar tickets en los alrededores de la feria fueron insuficientes. Muchos desistieron al ver las colas y se retiraron. Si bien la pre-venta a través de una conocida cadena de supermercados fue una buena idea, no se difundió adecuadamente para que el público tomara sus precauciones.

En general, se debe mejorar la información de cómo y dónde comprar las entradas. Incluso el próximo año se podría poner a la venta un ticket de valor especial para todos los días de feria. También habría que incrementar la cantidad de puntos de venta de entradas.

Los servicios higiénicos no fueron suficientes, y por ello la limpieza de los mismos no estuvo a la altura del evento. Algunos asistentes criticaron la señalización en la feria. Es verdad, uno perdía mucho tiempo buscando los stands que no contaban con nombre propio (o tenían letreros pequeños). La identificación de zonas por colores no resultó suficiente. Tampoco la iluminación en las zonas de carretillas y algunos puestos de comida. Otro dato a tomar en cuenta: el plano y mapa incluidos en la programación tenían errores. Sería bueno que en Mistura 2011 se habiliten puestos de orientación e información a los asistentes.