Jabones, cremas hidratantes y sales de baño se vuelven comestibles

El chef español Pedro Subijana siempre aspira a que los clientes de su restaurante Akelarre no solo coman bien, sino que se diviertan, se sorprendan y se emocionen. Esta vez, presenta productos de baño comestibles

Jabones, cremas hidratantes y sales de baño se vuelven comestibles

La expresión ‘amenities’, no tiene nada que ver con la calidad de ameno y sí con el aseo personal, ya que con ese nombre se conocen los pequeños objetos de tocador que se ofrecen en el baño de los buenos hoteles. Esa bandejita con jabón, gel de baño, champú, colonia, una dosis de pasta dentífrica, un cepillo dental, una máquina de afeitar desechable.

Aunque, bueno, eso era antes. Ahora que algunos hoteles escatiman en ‘amenities’, son los restaurantes algunos restaurantes los que toman el relevo.

Hace unos días, en San Sebastián (norte de España), el gran cocinero Pedro Subijana (tres estrellas Michelin) sirvió como aperitivo, una bandeja de ‘amenities’. No faltaba la esponja, ni el dispensador de jabón líquido, ni el sobre de sales de baño, ni la crema para las manos, ni el colutorio dental de color rojo. Al menos, en apariencia.

JABONES, CREMAS Y SALES DE BAÑO COMESTIBLES
La esponja sobre la que se deposita el jabón liquido era un paralelepípedo de pan que imitaba en aspecto, forma y tamaño a la clásica esponjita. El jabón era agua de tomate aromatizada con albahaca. La crema hidratante era crema de queso de oveja y el elixir dentífrico era un combinado de cava con jugo de granada.

Las sales de baño venían en un sobrecito transparente, de apariencia plástica, que dejaba ver los gránulos rojizos. Al contacto con la saliva, ese sobre, hecho de un material procedente de almidón de papa que los japoneses llaman obulato, se disolvió en un segundo, liberando un crujiente y sabroso sánguche de mar: caparazones y cabezas de gamba reducidos a cristalitos, todo picado y tostado.

Cuando los clientes recibían su juego de ‘amenities’, sus caras que reflejaban, en principio, sorpresa; inmediatamente, desconfianza, el clásico ‘¿qué será esto?’, para, a medida que lo iban probando, virar a expresiones de satisfacción, que se convertía en caras de placer en el momento de saborear las sales de baño.