¿Puede una mala persona llegar a ser un buen cocinero?

En el último post del blog El club de lo insólito conoceremos la historia de los cocineros de las cárceles

“En la prisión de máxima seguridad de Lima hay diez restaurantes regentados por los propios convictos. El administrador de este negocio es un hombre que ha cumplido cinco condenas. Puedo dar fe de que su plato, espaguetis con una salsa cuya receta literalmente robó en algún momento de su agitada vida, resulta una agradable sorpresa incluso fuera de la cárcel”, señala el autor del blog David Hidalgo Vega.

De igual manera, en Alcatraz, la isla-prisión alguna vez considerada la cárcel más dura del mundo, se comía bien. “Todos los internos podían comparar la comida que habían recibido en anteriores prisiones con la que se les daba en Alcatraz. Y la mayoría admitía que esta era mejor, dice un folleto que te venden en la tienda de souvenirs”, cuenta David.

Y es que el paladar no tiene moral. ¿Qué piensa un asesino mientras filetea un pedazo de carne? ¿De qué habla un narco cuando hornea un pastel? Y lo que es más: ¿se puede reformar a un convicto si le sirves buena comida?

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