Fernando de Szyszlo: “El arte es una lucha contra la muerte”

A sus 87 años, Fernando de Szyszlo es sin duda uno de los artistas plásticos vivos más importantes del Perú. Nos recibe en su espacio íntimo, lleno de recuerdos

Fernando de Szyszlo: “El arte es una lucha contra la muerte”

RICARDO LEÓN

Un mechón de pelo de Vallejo. Uno de los primeros objetos que muestra Fernando de Szyszlo cuando alguien lo visita es eso, un mechón cortado probablemente por Georgette, elegantemente enmarcado junto a unos textos escritos a mano por el poeta. En el estudio de su casa hay, además, libros, muchos libros, cuadros, esculturas, fotos. Poca luz, sin embargo. El estudio-biblioteca de Szyszlo parece extraído de uno de sus cuadros.

Pocas horas después de esta entrevista, Fernando de Szyszlo, como cada año en esta época de frío limeño, viajó a Nueva York. Allá recorre museos, visita a los amigos, ensaya algunos bocetos: “No pinto allá porque hay demasiada información visual. Solo me nutro”. Va y viene. Se aleja y se acerca, muestra y oculta. Como en sus cuadros.

Ernesto Sábato decía “Szyszlo es un pintor excelente, pero vive en el culo del mundo”. ¿Pensó en algún momento vivir en Nueva York o algún otro lugar?
En Nueva York no viviría, en París quizá, si no tuviera todos estos ‘attachments’, las raíces familiares, amigables, la geografía, el destino, la historia. En todas las ciudades del mundo la calle es un espacio que tú recorres para ir de un punto a otro, pero en París la calle es un destino, tú vas a la calle, a sentarte, a mirar.

¿Y aquí?
Aquí la calle solo sirve para transitar.

A los 87 años, ¿mantiene aún su rutina de siempre?
Me levanto todos los días a la misma hora y termino de trabajar todos los días cuando se va la luz. Trabajo varios cuadros a la vez; a veces un cuadro se enreda, tienes que esperar a que asiente. Si no, siento como frustraciones… (Muestra un catálogo de obras de arte de una conocida casa de subastas). Aquí hay un cuadro mío, uno que vendí hace muchos años, lo están rematando en US$185 mil. ¿Sabes cuánto me habían pagado a mí por él? Unos US$1.500 dólares. ¿Te das cuenta? Qué suerte tiene el que lo compró.

Lee la entrevista completa en la edición de hoy de Somos.