Cineasta peruana en la Berlinale: “Aquí uno siempre toca un pedazo del cielo”

La directora Marité Ugás estrena en el Festival de Cine de Berlín “El chico que miente”, su segundo largometraje

Cineasta peruana en la Berlinale: “Aquí uno siempre toca un pedazo del cielo”

MILAGROS LEIVA GÁLVEZ
Enviada Especial

La última vez que estuvo en Cerro Azul Marité Ugás casi se ahoga tratando de correr una ola. Fue hace cinco años, pero no le importó porque siempre regresa al agua salada. Creció en La Punta y es inevitable que su vida misma haya sido marcada por el mar. En “El chico que miente”, su segundo largometraje, el mar también está presente. El protagonista recorre el litoral venezolano buscando retazos de su historia entre mentiras y verdades. La película hoy compite por el Oso de Cristal en la sección Generación de la Berlinale.

Sonríe mucho Marité Ugás cuando la llaman para contestar las preguntas de la audiencia. La peruana que pertenece a la primera generación de latinos que estudió en la Escuela de San Antonio de los Baños fundada por García Márquez en Cuba acaba de cumplir una de sus metas profesionales: competir en la Berlinale. “Estoy tocando un pedazito del cielo”, me dice al final de la proyección.

Directora y miembro fundadora de Sudaca Films, Marité es una peruana que decidió emigrar cuando todavía no existía la constante producción cinematográfica que hoy existe en el Perú. “Igual me siento cerca y regreso siempre una vez al año”.

¿Por qué haces cine, Marité?
Yo quería hacer literatura, pero me regalaron una cámara y me pareció muy divertido, pero desde siempre quise contar historias, cuando me dieron permiso para usar la cámara familiar fue mi pasaporte al paraíso.

Marité Ugás supo que sería escritora cuando cumplió 15 años. Quería contar historias, pero entonces ser directora de cine era prácticamente un sueño imposible. Al final la imagen terminó ganando la partida, pues en su adolescencia terminó convirtiéndose en la fotógrafa oficial del colegio Villa María. Ingresó a la Universidad de Lima para estudiar Comunicaciones y fue entonces que consolidó su vocación por el cine. Su historia luego transcurre en Cuba, México y Venezuela a donde llega por primera vez en 1991. Hoy aclara que fueron IBermedia, Cnac de Venezuela y Ezef de Alemania quienes financiaron “El chico que miente”.

Es tu primera vez en la Berlinale como competidora. ¿Cómo van los nervios?
Esto es muy divertido. En el mundo hay dos grandes festivales: Cannes y Berlín. Estar aquí es como un tocar un pedazo del cielo. Esta buenísimo y hoy más que nunca sé que valió la pena dedicarme al cine.

¿Por qué te fuiste del Perú?
En principio me fui a estudiar a Cuba y luego formamos Sudaca Films que es un equipo creativo que nos obligó a estar en muchos países latinos a la vez. De alguna manera me convertí en una persona periférica, pues no estoy en un solo lugar pero a la vez estoy en todos. Es curioso, hoy me presentan como una directora peruana que presenta una película venezolana.

¿Y por qué elegiste Venezuela?
A principios de los noventa era el país que más oportunidades daba para armar una empresa cinematográfica. Argentina estaba en caos, Chile tenía a Pinochet, nosotros salíamos de Alan García, Colombia andaba sumergida en una guerra espantosa y México andaba peleado con su cine. En ese momento quien nos dio cobijo de inmediato fue Venezuela.

¿“El chico que miente” es una especie de gratitud al país que te cobijó?
Sí, justamente es una especie de homenaje y un repaso de los últimos diez años en Venezuela.

¿Piensas regresar al Perú?
Por supuesto que sí. De hecho “El chico que miente” es parte de una trilogía que he llamado “Grietas” y la segunda parte será filmada en el Perú en el 2012 y se llamará “Huaqueros”. Todavía no tengo fijo el reparto, pero la sola idea de filmar en mi país me hace feliz. Yo sigo muy enganchada al Perú, los chicos de mi generación también se fueron del país, pero conservo buenas amistades. A los cineastas peruanos los voy conociendo en los festivales y me parece fantástico todo lo que está pasando con la industria peruana. Las películas de Claudia Llosa me matan, me parece muy atrevida y estoy contenta por ella.

¿Qué hace falta para seguir creciendo?
Que la audiencia peruana le ponga más cariño a su industria, que las películas se queden un rato largo en la cartelera. Así como los peruanos hemos aprendido a valorar nuestra comida, así también tenemos que valorar nuestra cinematografía. Se están haciendo buenas películas y hay que verlas.

En tu película manejas la noción de la verdad y la mentira, de hecho el protagonista tiene que mentir mucho para sobrevivir.
De hecho la pregunta ontológica es si la verdad existe. Al niño le enseñan a mentir y pronto aprende que es un camino natural para sobrevivir. La historia también refleja lo que pasa hoy en Venezuela, ese juego de verdades y mentiras, ese estar contenido frente a lo que pasa sin poder hacer nada.

¿Y entre decir la verdad y la mentira qué eliges?
Como no existe la verdad absoluta la historia se ha forjado de mentiras para consolarnos. Así pasa siempre, la verdad no existe y eso es la culpa de todo. Si existiera verdad no habría religión ni estaríamos mortificados. Por eso miento todo el tiempo.