Habla 'el Jaguar': “En el colegio yo era más parecido al Poeta”

Juan Manuel Ochoa es recordado por dar vida en el cine al malo de ‘La ciudad y los perros’. Hoy da un taller para mejorar personajes malvados

Habla 'el Jaguar': “En el colegio yo era más parecido al Poeta”

JOSÉ ROJAS GUTIÉRREZ

Habla Juan Manuel Ochoa: Tengo 54 años. En mis tiempos libres me gusta tocar guitarra, dibujar, cocinar, pero lo que más me agrada es estar en mi casa, soy muy casero. Tengo tres hijos. No practico ningún deporte. ¿Mi virtud? Soy una persona leal y coherente conmigo mismo. ¿Mi defecto? Soy ocioso. Me gusta vagar. Cuando tenía 25 años actué en la película peruana ‘La ciudad y los perros’ (mira aquí el tráiler) y hasta hoy la gente en la calle me grita: ¡Jaguar! El primer villano que interpreté fue Lalo Mala Gente en “Gamboa”.

Hay una contradicción entre esa apariencia ruda y esa persona amable que te invita café y se pasa la tarde mirando un pino frente a su casa y regando una higuera en su patio.

— ¿Un villano cuidando plantas?
[Risas] En realidad me gustan más los árboles. Yo participé del viaje en el que trajimos el vástago para sembrar la higuera. El pino llegó de árbol de Navidad y luego yo mismo lo planté en el jardín. Los árboles me parecen seres muy nobles.

— ¿Cómo eras de niño?
Un gordito monse, un niño bueno, siempre fui un buen alumno en el colegio, no tenía problemas con nadie. Tuve una infancia muy tranquila. Viajaba mucho por el trabajo de mi padre, por eso nací en Tarapoto.

— ¿Y cuándo empiezas a actuar?
Fue el día del centenario de Huacho. Yo estaba en el jardín de infancia y teníamos que presentar una actuación en el cine-teatro Colón. La chiquita que me gustaba era la reina del nido y su pareja no quería actuar, así que me ofrecí como voluntario. Teníamos que bailar, pero estaba tan emocionado que la besé y ella me dio una tremenda cachetada, todo el teatro se rió, pero yo seguí bailando, siempre fui un actor.

— Y ese niño pasa a estudiar al Leoncio Prado. ¿Allí fuiste el Jaguar?
No, en el colegio no fui el Jaguar, más me parecía al Poeta. Yo no era fuerza de choque, no era de los que ganaba por miedo sino por pendejo. Yo llegué a ese colegio porque quería ser marino, mi abuela me convenció de que debía serlo. Como no había dinero, mi padre me dijo que si conseguía una beca podía estudiar allí y así fue. Hasta que egresé.

— ¿Y por qué optaste por el teatro?
Cuando iba a postular a la Naval, un amigo me hizo escuchar un verso de Antonio Machado en la voz de Juan Manuel Serrat. “Cantares”. Ahí se abrió un mundo diferente y me di cuenta de que quería ser poeta.

— ¿Y tus padres qué dijeron?
Yo ingresé a la Católica a estudiar Lengua y Literatura, ellos querían que estudiara Derecho, pero bueno, me apoyaron. Pero cuando decidí estudiar Teatro e ingresé al TUC, me dijeron que no me iban a pagar eso, que me iba a morir de hambre y fue mi abuela la que me pagó. En realidad fue un regalo porque también fui becado en la PUCP y lo mismo en el TUC, donde pagaba 50 soles. Toda la carrera me costó 300 soles.

— Has dicho que le robaste las joyas a tu abuela para comprar droga. ¿Eso es lo peor que has hecho?
Bueno sí, pero no me las robé de golpe, las robaba de a pocos. Mi abuela nunca me dijo nada, mi vieja era la que me decía cosas. También me he quedado en casinos hasta quedarme sin un solo dólar y al día siguiente no he ido a trabajar, eso me duele.

— ¿Cuál fue el primer villano que interpretaste?
Fue en “Gamboa”. Interpreté a Lalo Mala Gente, un hare krishna que secuestra a una niña pituca y luego la enamora. Cuando Gamboa, después de dos capítulos la rescata, ella le dice que el secuestrador es su novio y él se queda sin caso. El malo gana.

— ¿De tanto interpretar villanos, te volviste malo?
No, porque siempre he tratado de separar muy bien mi vida de mi trabajo. Y mi mujer me lo recuerda. No niego que en más de una oportunidad me he llevado el trabajo a la casa y, sin darme cuenta, me he comportado como alguno de mis personajes, pero existen métodos de personalización y despersonalización.

— Cuéntame sobre tu taller de malvados. ¿De qué se trata?
Es un taller especializado que tiene el acento en los personajes malvados. Es parte de un proyecto más grande. Enseñamos Aníbal Zamora, Henry Sotomayor y yo. El próximo año vamos a añadir un curso más de ‘femme fatale’. Tiene tres módulos, el primero es de formación actoral, luego ya viene el taller de antagonistas y finalmente, enseñamos a envolver a los malvados de farsa, de comedia. El curso lo dicta un payaso, un claun, Henry Sotomayor.

— Tuviste problemas con las drogas. ¿Qué te hizo cambiar?
Fueron esos quince segundos de lucidez en los que te das cuenta de que no quieres hacer nada que no sea dormir o drogarte, le había perdido el gusto a todo, estaba en un proceso autodestructivo. Además, una vez ‘Chana’, la mujer con la que vivo ahora, la madre de mi hija menor, me dijo que ya no podía seguir conmigo así. En ese momento me di cuenta de que necesitaba ayuda y justo tenía un contrato en una película, todo lo que me pagaron lo usé para mi rehabilitación. ‘Chana’ me apoyo mucho, al igual que mi familia.

— Tu última hija es tu engreída. ¿Cómo eres en tu faceta de padre?
Mi hijita es mi tesoro. Yo tengo tres hijos y a la única que he criado es a la última. Es maravilloso, te devuelve inocencia, te purifica la vida. Sé que me falta mucho por aprender, pero créeme que no es ningún esfuerzo, es un privilegio tener seres a quienes amar y sentirse amado, es impagable. Soy un padre muy amoroso. A mis otros hijos los veo, pero no pasé su infancia junto a ellos. Me arrepiento, porque sé que se los debo y no se los podré pagar en esa calidad.