Manuel Gold: “Me molesta que digan que el cine peruano es de calatas y lisuras”

Actor y conductor habla de su programa en TV, del aparente buen momento del cine peruano, de “Rocanrol 68” y de “Los cinéfilos”

Manuel Gold: “Me molesta que digan que el cine peruano es de calatas y lisuras”

RODRIGO BEDOYA FORNO

Este año se dio el debut cinematográfico de Manuel Gold. Primero con una escena muy pequeña al principio de “El limpiador”, y ahora con Rocanrol 68, donde interpreta al divertido Bobby. Con tres películas aún por estrenarse, el actor habla sobre el buen año del cine peruano.

Para muchos, este es el año del reencuentro del cine peruano con su público. ¿Cómo ves este año de tanto entusiasmo?
Tengo entendido que por un largo periodo al cine peruano le fue mal en las taquillas. La gente estrenaba por el hecho de querer estrenar sus películas, y nadie tenía muchas esperanzas de que la película recaude lo que se invirtió. Ahora es posible: “¡Asu mare!”, “Cementerio general”, incluso “Sigo siendo”, que para ser un documental llevó 30 mil personas. Más que la cantidad de gente, me busque que haya variedad, que se haga cine de géneros. Yo no tengo nada contra el cine de autor, pero me gusta que haya más variedad en la cartelera. Las películas peruanas estrenadas este año son distintas las unas de las otras. “El evangelio de la carne” no tiene nada que ver con “Rocanrol 68”, y eso me gusta. Igual es muy pronto para decir como lo ves: ha sido un año en que esto ha pasado: no puedes hablar de cómo ha cambiado el público ni el cine. Cuando salió el tráiler de Rocanrol, se comenzó a decir que ya existía la nueva tendencia del cine peruano al estilo “¡Asu mare!”. ¿De qué tendencia estamos hablando? Son dos películas, ni siquiera se ha estrenado una y ya se está hablando de una tendencia.

Se habla de que el cine peruano es un cine de calatas y de lisuras. ¿Es complicado pelear contra esos prejuicios?
No sé si pelear, porque no creo que un director se decida a no poner un desnudo por miedo a lo que la gente diga, pero es difícil convencer al público que tu propuesta es nueva. Me molesta mucho el comentario de que el cine peruano es de calatas y lisuras. ¿Cuál es el problema de una calata y una lisura? Además, como si las películas trataran de eso, o como si no hubieran calatas en el cine francés. ¿Cuántas veces se dice “fuck” en “Pulp Fiction”? El cine peruano tiene que trabajar bastante para recuperar a su público, y creo que la variedad puede ser la manera.

¿Crees que “¡Asu mare!” ha dejado un colchón para el resto de películas nacionales?
Cada película tiene su historia y su personalidad, y la gente decidirá si le gusta o no, pero sí creo que “¡Asu Mare!” ha acercado al público a ver cine peruano. De que ha ayudado, ha ayudado. No sé cuánto, pero estoy convencido que ha sido importante.

¿Qué crees que “Rocanrol 68” tiene para ofrecerle a una audiencia?
A mi parece divertidísima. Es ligera, divertida, puede enganchar con el público joven, entre 15 y 21. Creo que con el público que más funciona es con ese público y con gente mayor, que quizá vivió esa época. Ellos disfrutan mucho la película. Eso es lo que tiene que ofrecer “Rocanrol 68”: una película de jóvenes sobre problemas de jóvenes, un poco naïf si quieres, pero esa es la propuesta. Y es divertida, diferente, y un poco nostálgica para la gente de la época. Quizá haya gente que eso no les sea suficiente: quizá a la gente de mi generación les parezca una película un poco tonta, que no llega a ningún lado, porque quizá estén buscando otras cosas.

Mencionas que tiene que haber una mayor variedad en la cartelera. Para mantener esa variedad, ¿crees que es necesaria una cuota de pantalla?
No lo he pensado mucho. Creo que el apoyo del estado al cine debe seguir existiendo. Cuando alguien dijo que “¡Asu mare!” era un ejemplo perfecto de que el estado no debía intervenir ni darle plata a los cineastas casi me desmayo. Además, si uno ve lo que le da el estado al cine peruano comparado a lo que tiene en sus arcas, se trata de una nada. Es un sencillo lo que se le da al cine peruano. Ahora, no estoy seguro de una cuota de pantalla. Creo que los cines podrían ser más buenas gente, y creo que lo son. No creo que los cines se porten mal, a excepción de lo que le pasó a “El espacio entre las cosas”. No sé si la cuota de pantalla sea la solución. Tal vez una cuota de pantalla haga que se estrene cualquier cosa. Es un tema que tiene que analizarse bastante bien.

¿Dónde te sientes más cómodo: en el cine o en el teatro?
La mayor diferencia que he encontrado entre estos dos artes es la manera de trabajar. En el teatro ensayas tres meses durante todos los días para estrenar la misma historia cinco veces a la semana. En el cine, hay que trabajar pedacito por pedacito. Pueden haber ensayos para ver la relación entre los personajes, como hicimos en “Rocanrol…”, peor grabas pedacito por pedacito, en desorden, plano por plano, diez veces si es posible y nunca sabes qué cosa va a salir en el cine. En el cine, tienes que confiar en tu director. La paso muy bien en las dos, me ha encantado la experiencia de hacer cine, además que todos han sido proyectos muy distintos.

¿Te cuesta cambiar de estilo de actuación entre cine y teatro?
No he tenido mayor problema, quizá porque he hecho cortometrajes antes. Y a mí sí me gustan los rodajes. También depende del tipo de película que hagas. Los Monthy Python era actuación cinematográfica. Y una obra de teatro de Harold Pinter va a tener un estilo de actuación particular. Tiene que ver con el estilo. En “Rocanrol…”, mi personaje es bien arriesgado y caricaturesco. Yo estaba haciendo lo que me parecía pertinente y divertido, pero de vez en cuando tenía mi minicrisis y me decía que por qué no me estaba yendo a lo seguro. Pero después me decía que no lo iba a hacer, que iba a arriesgar. Y al arriesgar puedes recibir muchas felicitaciones como muchos insultos. En todo caso, mi personaje no requería un código naturalista. En todo caso, nunca recibí una indicación de que le baje el tono al personaje. En realidad, una vez: durante el rodaje de “NN”, Héctor Gálvez se me acercó y me dijo que el plano era bien cerrado, centrado en mi rostro, y que se iba a proyectar en un pantallón. Me quedo claro. Y ahí me dije que ahora hay que ser consiente del tamaño del plano. Por eso hay que tener confianza en el director.

También estás en “Los cinéfilos”, una serie web que tiene una inmediatez muy grande en redes sociales…
Es brutal, y estamos descubriéndolo. Con Gonzalo Ladines, Bruno Alvarado y Guille Castañeda nace el proyecto porque querer hacer algo, como un fin en sí. Y cuando salió en las redes sociales nos dimos cuenta que la gente lo iba a ver. Pensamos que iba a ser visto por cuatro gatos, pero cuando vimos que había videos que llegaban a 40 mil vistas, y hemos tenido comentarios de todo tipo. Es loco: la reacción del público es inmediata y ha polarizado totalmente. Probablemente si la serie se llamara “Dos idiotas”, no habría tanta gente que la odia. Pero como se llama “Los cinéfilos”, es distinto. Y muchos de los chistes de la serie están en nosotros, nosotros nos burlamos de nosotros mismos. Nosotros no nos hemos burlado del festival de Lima, sino de la gente que raja y raja de lo mismo, del circuito en el que están metidos, lo que es ridículo. Y los personajes se ven ridículos haciendo eso. Y creo que eso no les gusta a los cinéfilos, porque sienten que se están burlando de ellos. ¿Por qué ponen a este par de estúpidos si los cinéfilos somos chéveres e intelectuales? Pero hay gente a la que le gusta. Estamos muy contentos con “Los cinéfilos”. Y en esta segunda temporada estamos subiendo nuestro tono. Hemos grabado diez capítulos de esta nueva etapa. No sabíamos que era Internet, y lo estamos descubriendo. Se trata de probar, por eso en el cine estoy a favor de hacer un montón, porque es la única manera de mejorar.

¿Te interesaría dirigir?
En la Toulouse, la academia donde estudié, dirigí. Y hubo un par de cortos que me quedaron bastante bien. Y a veces digo que me gustaría volver a escribir y dirigir, pero no es una inquietud que me mantenga despierto en las noches. Sí creo que eventualmente voy a escribir un corto primero, llamar a mis amigos y hacer algo. En “Los cinéfilos” he escrito un par de capítulos, y sí extrañé escribir un poco. No sé si haré un largo, porque es muy difícil, pero quizá si me mande a hacer un corto con mis amigos. Lo he hecho y eventualmente me gustaría volver a hacerlo.

¿Qué nuevos proyectos tienes?
Vamos a tener una temporada grande en diciembre con la obra infantil “Los fabulatas” en el Parque de la Exposición. Y tengo cosas conversadas. Pero esta es la primera vez que, a estas alturas del año, no tengo mi siguiente año copado. No sé si sea bueno o malo, pero yo también ya estaba pidiendo un descanso. El 2012, trabajé en tres películas e hice un par de obras de teatro; fue complicado. Este año fue más tranquilo, pero igual hice cosas. Y el próximo año me lo puedo tomar más relajado. No creo que me quede en mi casa todo el año, en todo caso.

Pero “Polizontes” sigue…
Sí, eso sí. Es mi chamba de oficina. “Polizontes” es lo que me permite hacer una obra como “Falsarios”, complicada y sin mucho público.

¿Cuántas horas a la semana te toma “Polizontes”?
Pocas, pero en las horarios menos oportunos. Mis horarios de grabación son martes y miércoles en las noches. Me toma poco tiempo, es un trabajo que sería bien tonto de dejar. No es una que me mate, que me divierta o que me haga crecer como persona, pero es demasiado buena para dejarla. Es como caída del cielo: si quieres hacer cosas interesantes en teatro y no puedes vivir de eso, o si te quieres ir un mes a Cusco y ganar 500 dólares por una película, pero no sabes cómo pagar la luz, pues toma ese trabajo. Cuando a mí me llaman del canal, primero les dije que no, porque no tenía tiempo para grabar por el teatro. Y ellos me dijeron que ellos se acomodaban a mis horarios. Estoy muy agradecido con esa chamba, porque me permite hacer todo lo que me gusta hacer sin necesidad de preocuparme.

¿Tú te sientes más orientado a la comedia o al drama?
Yo he hecho más comedia. Desde chico siempre tuve un esquema más orientado a la comedia. Cuando estaba haciendo mis primeros talleres de actuación, me iba más hacia el lado lúdico que dramático. Creo que es algo que está en mí. Y también sirvió para que me llamen a varias cosas de comedia. Pero eso no quiere decir que no haya hecho drama: lo he hecho y bastante, pero no a nivel masivo. Cuando piensan en mi nombre, piensas en el flaco cague de risa, pero “Falsarios”, por ejemplo, es un dramón. Y ninguna de las películas que se vienen es comedia. No me siento más cómodo en un lugar en específico: me siento bien en ambos. Quizá mi mayor dificultad es hacer dramas muy intensos o muy fuertes, porque además mis características físicas son muy particulares: mi cuerpo es flaquito, mi voz es aguda, entonces para ganar peso de esa manera es chamba extra que no tengo que hacer en una comedia. Pero no es que yo me siento más cómodo haciendo una cosa que la otra: hay cosas que me parecen más difíciles que otras, pero quiero seguir explorando lo que sea, quiero hacer cosas diferentes siempre.