Pedro Almódovar: "Siempre estoy en mis películas, pero me escondo en mis personajes"

Conversación con el cineasta español a propósito del “Los amantes pasajeros”, su nueva cinta

Pedro Almódovar: "Siempre estoy en mis películas, pero me escondo en mis personajes"

LAURA VENTURA
“La Nación” Argentina / GDA

Tengo 63 años. Hice 19 películas y no estoy absolutamente satisfecho con ninguna. Hay algunas que no me gustan, pero no diré cuáles son. La escritura es un proceso que me lleva mucho tiempo. Creo varias historias a la vez, hasta que una destaca sobre las demás. Pero hay un tiempo en el que conviven, hasta que llego a tener un primer borrador y se lo entrego al equipo de producción. Ahí empiezo a buscar a los actores. En mi cine siempre ha habido humor. Lo cuelo en mis dramas. Me gusta mezclar los géneros.

Pedro Almodóvar Confiesa que cuando España salió del régimen de Franco, él llevaba una vida más nocturna. “Ahora vivo más recluido, quizá por eso mis historias ahora tengan que ver más con interiores. Vivo en soledad, pero no es esa cosa legendaria del autor encerrado”.

¿Puede hacer una vida normal?
Puedo caminar por la calle, pero hay horas y sitios que tengo que evitar. Si no pudiera andar solo por Madrid, me iría a vivir a otro sitio. Creo que iría a París, donde respetan mucho la intimidad. Una cosa es la popularidad y otra es el éxito. La primera es menos útil que la segunda.

¿Qué logró con el éxito?
Comprarle a mi madre la casa de sus sueños, en su pueblo.

¿Cuál es su rutina de trabajo?
El trabajo ocupa la mayor parte de mi vida. Pero no lo vivo como un trabajo. Nací en el lugar equivocado y pude cumplir mi sueño: hacer cine.

Se lo asocia a usted con el melodrama. ¿Es su visión del mundo?
Depende. Hay días en los que estás mejor y ves las cosas con ojos positivos, y otros en los que estás más hundido. Vivimos en España el peor momento que existe desde la llegada de la democracia. Siento preocupación, pero tengo un carácter positivo y vital.

¿Hay una idea que busque plasmar sobre la relación de pareja?
Los seres humanos tenemos una naturaleza contingente e imperfecta. No sé si sea necesario casarse. Es que desconfío que haya dos personas, del mismo sexo o de dos sexos distintos, que se entiendan al 100%. Eso no quiere decir que uno deba vivir solo o no emparejarse. Cada uno hace lo que le conviene. Pero lo que le conviene es imperfecto y con problemas. Lo mejor que se le puede desear a alguien es que viva con alegría.

¿Qué le parece el tema de Joaquín Sabina “Yo quiero ser una chica Almodóvar”?
A mí no me gusta, no me parece que sea una de sus mejores canciones. Me resulta muy duro, muy difícil hablar de chicas Almodóvar. He tenido la suerte de trabajar con las mejores actrices de todos los tiempos del cine español, y allí la incluyo a Cecilia Roth. Mis películas no serían las mismas si no hubiesen estado ellas. Todas han tenido impresionantes carreras antes, durante o después de haber trabajado conmigo. Nunca vas a escuchar decir de mi boca una chica Almodóvar.

¿Es cierto que interpreta cada una de las escenas y de los personajes en el set de filmación?
Sí [risas]. Creo que eso es una pesadilla para los actores. Hago todos los papeles porque necesito meterme dentro del actor y recorrer su mismo camino. Experimento porque yo puedo, como director, permitirme ir más lejos que ellos y hacer cosas grotescas, improvisar. Todo eso sirve para que, en el mejor de los casos, haga el ridículo y el actor se ría. Y además logro tener un conocimiento mucho mayor de la situación y de lo que les puedo pedir.

¿En cuánto se parecen sus personajes a las personas que conoce?
Bastante, pero mis personajes tienen una libertad absoluta, total, una autonomía moral única. Mujeres, hombres, amas de casa, monjas, cualquier clase social, a todos se las otorgo. Es una posibilidad que tengo como escritor. Y jamás los juzgo.

¿Y en cuánto se asemejan estos personajes a usted?
Me siento una mezcla de varios de ellos, tanto masculinos como femeninos. Me siento identificado con su vitalidad, con la falta de prejuicios, y en especial, con su pasión. Aunque yo me entrego mucho menos que ellos [risas]. De todos modos, siempre estoy en mis películas, pero me escondo en mis personajes. Todos tienen algo de mí.

¿Dónde encuentra su cable a tierra? ¿Hace terapia?
Uno debe encontrar apoyo en la vida donde sea. Tengo desde hace mucho tiempo problemas de sueño y dolores de cabeza. Hice una terapia dinámica con un psiquiatra que vive en Nueva York. Allí los tres mejores psiquiatras son españoles, y además sevillanos. Es sorprendente. Fui a ver a uno de ellos cuando estuve allí la semana pasada. Me interesaba saber cómo la ejercía. Me dijo que cada vez se practica menos el psicoanálisis. Y también lo consulté por otros temas, porque lo hago a menudo con mis personajes. Les cuento a los profesionales sobre ellos. No los califico, pero quiero situarlos bien, hacerlos verosímiles. Algunos de ellos son verdaderos psicópatas.

¿Cuál es su motor, qué lo mueve?
Estoy contento con el trabajo que tengo y con lo que conseguí. Hago lo que había soñado cuando vivía en La Mancha. Era imposible que un niño salido de allí se convirtiera en director de cine. Pero de todos modos no estoy pleno ni satisfecho. Tengo mucho más para dar. Y no lo digo como frustración.

¿Alguna vez va a estar satisfecho?
Creo que no, y también espero que siempre haya un poco de insatisfacción en mí. No porque sea eso lo que me mantiene vivo, sino porque creo que lo que uno persigue en la vida, ya sea en una película, con tu familia, con tu pareja, con tu trabajo, con lo que fuere, todo es posible de conseguir. Todo se puede lograr. Pero para ello tienes que recorrer el camino e identificarte con él. Yo me identifico absolutamente con el camino que he recorrido, con lo bueno y con lo malo.