Celia Cruz a 10 años de su muerte: la salsa, el bolero y el Perú no la olvidan

Hoy se cumple el décimo aniversario de la muerte de la cantante cubana. Aquí recordamos su vínculo con el Perú y su importancia en la música latinoamericana

MARTÍN GÓMEZ
@MartinGomezV1

En julio de 2001, dos años antes de su muerte, Celia Cruz ofreció un concierto en el Festival de Jazz de Montreux, en Suiza. Esa noche fue una de sus últimas presentaciones y quizás, sin proponérselo, iniciaba una gira de despedida. Fue acompañada por la orquesta del pianista peruano César Correa, radicado en Europa hace varios años y puntal del exitoso grupo Mercado Negro. También estuvo el violinista cubano e integrante de la Fania All Stars, Alfredo de la Fe.

El concierto en sí ha dejado de ser parte solo de las estadísticas de la música, para convertirse en una muestra palpable del cariño que Celia Cruz le tenía a Lima y al Perú. Su interpretación de “Toro Mata” (que puedes ver en el video que acompaña esta nota), particularmente en este festival, conmueve a cualquiera. Y pone la nota más sensible cuando empieza a improvisar y recordar algunos versos de Augusto Polo Campos (“Contigo Perú”) y empieza a dar vivas a Lima, al Perú y al Callao. Quienes han tenido la suerte de ver este video completo es probable que hayan sentido a Celia más cerca que nunca. En las redes sociales, cuando alguien lo programa, más de uno suele postear con orgullo a Celia y al Perú. Algunos dicen que merece una calle o una avenida en nuestro país con su nombre. Pero eso ya es otro asunto.

Lo cierto es que aquella noche en la lejana Montreux, Celia se acordó más que nunca de nuestro país. ¿Sería por tener en el piano al virtuoso compatriota trujillano César Correa? O acaso encontró en la multitud a un grupo de residentes peruanos fajándose lejos de su patria. Nunca lo sabremos.

Hoy se cumplen diez años sin la “Reina Rumba”, como la llamó el prestigioso escritor colombiano Umberto Valverde. Hoy hay muchos motivos para recordarla. Una guaracha, un bolero, una salsa, en ese orden. Sí, porque Celia integró la Sonora Matancera y grabó las más bellas guarachas (Sopa en botella y El pai y la mai, solo como ejemplos), pero también grabó boleros (Contestación a Aunque me cueste la vida y Tu voz, ¿los recuerda?).

Sin embargo, fue con la Fania que se catapultó como “Reina de la Salsa”. Y no hay canción que grafique mejor su carrera musical que “La dicha mía”, obra que le compuso el maestro Johnny Pacheco. En esta pieza Celia menciona que al salir de Cuba llega a Nueva York y graba con Tito Puente, Johnny Pacheco, Willie Colón, Pete ‘El Conde’ Rodríguez y la Sonora Ponceña en distintas etapas. Esta breve reseña musical es clave para quien quiera aproximarse a los pasos más gloriosos de la “Guarachera del Mundo”, como también se le conoce.

A Lima llegó muchísimas veces y cosechó también gratas amistades. Algunos la recuerdan por una presentación de año nuevo en el Hotel Sheraton, otros por un masivo concierto en la Plaza Grau, y más de uno por sus presentaciones en la Feria del Hogar. Celia también estuvo en el Festival de la Salsa Chimpún Callao en dos oportunidades y visitó los canales de televisión con frecuencia.

Alejandro Mejía, gerente general de Tropic Music, la recuerda con especial cariño. “La conocí cuando yo empezaba en el negocio de contratar artistas. Eran los tiempos de RMM y justo Celia era una de las primeras figuras que debía manejar para la Feria del Hogar (ya no estaba don Jorge Fernández), pero me sorprendió cómo ella, tremenda estrella, hasta me apoyó para grabar un spot en radio Panamericana. Fue un espaldarazo con anécdota incluida: olvidamos su peluca en el hotel y tuve que tomar un taxi para traérsela”.

Mejía tiene un concepto puntual sobre ella. “Fue una cantante con una gran responsabilidad, muy seria en sus actividades, una dama. Creo que eso le permitió llegar al lugar que llegó, allí donde solo están Tito Puente o Tito Rodríguez, una mega estrella. Es irrepetible”.

Celia de la Caridad Cruz Alfonso nos dejó un 16 de julio como hoy hace diez años. Se extraña verla en una tarima. No está más su grito guerrero de “azúcar” para motivar al público. No está más su generosa imagen de colores que nos hacía perder los estribos para acercarnos al Caribe africano y a la misma madre África. Solo nos queda el bello consuelo que, en un lugar del corazón, siempre tuvo presente al Perú.