Como para reírse: una mirada 'gastronómica' al mundo de "Seinfeld"

Pollos adictivos, helados de yogur que no engordan, un autoritario vendedor de sopa… La exitosa serie tiene varios elementos comestibles. Recordemos

TATIANA PERICH (@TatianaPerich)
Redacción Online

‘Seinfeld’ es un clásico. Es una de esas comedias de televisión que no se gastan, que siempre te hace reír sin importar cuántas veces hayas visto el mismo capítulo. Me atrevo a decir que es una serie de culto (¿están de acuerdo o en desacuerdo?).

En sus nueve temporadas (de 1989 a 1998), Jerry, Elaine, Kramer y George fueron protagonistas de mil y un enredos. Ellos hicieron de las circunstancias más improbables, las historias más cotidianas. Y, de alguna u otra manera, en varios de sus episodios había algún elemento relacionado a la comida. Por ejemplo, una de las costumbres que mejor representa el carácter de niño-hombre de Jerry es que una de sus comidas favoritas es el cereal.

La lista es larga. Por eso, antes de recordar algunas de las escenas (o capítulos enteros) más brillantes –que tengan que ver con comida, claro-, pido disculpas por si dejé de lado alguno de sus momentos favoritos. ¡Que empiece el show!

QUEREMOS SOPA
¿Quieres probar la mejor sopa de la ciudad de Nueva York? Pon atención a las reglas: Tienes que hacer cola en la calle; al entrar, colócate a la derecha; recién te puedes acercar al mostrador cuando llegue tu turno; haz tu pedido sin dudar y muévete hacia la izquierda; paga por tu sopa, recíbela y sal de la tienda lo más pronto posible. Los comentarios, objeciones o sugerencias no están permitidos. Ten cuidado, si te equivocas despertarás la ira del ‘nazi de la sopa’ y te quedarás sin comida: ‘No soup for you!’ (¡no hay sopa para ti!).

Para muchos este es uno de los mejores episodios de toda la serie, que termina con la venganza de Elaine y un Newman desesperado contándole a Jerry (con quien generalmente no se lleva bien) que el ‘Soup Nazi’ cerró su local y se mudó a Argentina. ¿Cómo olvidarse del regordete cartero sosteniendo su sopa y diciendo sabrosamente “Jambalaya!” antes de empezar a correr?

Un dato curioso: el ‘Soup Nazi’, este entrañable personaje del bigote tupido, estuvo inspirado en una persona de la vida real que inició su negocio de sopas en la Gran Manzana.

EL ENCANTO DE LAS FRUTAS
En este caso, el del mango y el durazno. ¡Los duraznos de Mackinaw!, como gritaría Kramer, los que solo están maduros dos semanas al año. En capítulos distintos, ambos tuvieron sus minutos de fama y todo porque al parecer el vecino de Jerry es fanático de las frutas.

En el capítulo titulado “The Mango”, Kramer se ve en apuros cuando el dueño de la tienda en la que suele comprar su fruta le prohíbe que regrese, porque tuvo la osadía de exigirle que le cambiara un melocotón (que ya había mordido) aduciendo que no sabía bien.

Es tanta su desesperación que Jerry se ofrece a hacer las compras por él: cinco mangos, palta (“tienen que estar suaves, pero no tan suaves”), ciruelas (Kramer le pide que consiga las que “estén rojas por dentro”, pero Jerry no sabe ni cómo se ven por fuera).

Dentro de la frutería, Seinfeld queda al descubierto y también es expulsado. Esto hace que George, quien últimamente estaba teniendo problemas sexuales, sea el encargado de comprar la fruta. Fue así que terminó probando un pedazo de mango y sintió su magia … justo ahí abajo.

POLLO ADICTIVO
Todo empezó con el letrero de una pollería que abrió un local frente al edificio de Seinfeld y Kramer. Era tan grande que su luz de neón color rojo se colaba por las persianas del departamento de Kramer inundándolo todo.

De la noche a la mañana, el ‘K-Man’ se encontró viviendo en un planeta rojo. Esto lo alteró… más de lo normal. Y, después de echarle jugo de tomate a su cereal pensando que era leche, decidió emprender una campaña para que la pollería cierre.

Una cadena de eventos desafortunados (algo característico de la serie) hacen que Jerry esté dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que el restaurante no cierre e intercambia departamentos con Kramer.

Aquí empieza la parte más irónica: después de ver las ganas con las que Newman comía varias piezas del bendito pollo, Cosmo se ve tentado a probarlo y se queda enganchado. “Es la madera la que lo hace rico”, asegura el cartero.

Ahora, su objetivo es asegurarse de que Jerry no se entere de su nueva obsesión. Pero no logra su cometido: Jerome se encuentra con Newman en la pollería y sospecha que toda la comida que está comprando no es solo para él, sobre todo porque su orden incluía una porción de brócoli:

-“No comerías brócoli así estuviera frito en salsa de chocolate”, asegura Seinfeld.
-“Me encanta el brócoli, es saludable”, dice un dudoso Newman.
-“¿De verdad? Entonces, come un poco”.
-“Con mucho gusto”.

Pero no puede, lo escupe y confiesa que el pollo (y el brócoli) es para Kramer, quien termina en su departamento rojo, echado en su cama, comiendo harto pollo con las manos. Pregunta: ¿habrá alguien tan aficionado al pollo a la brasa?

HELADO LIGHT
“¡Mmm! ¡Qué rico!”, exclama Elaine en castellano cuando prueba un nuevo helado de yogur que, supuestamente, no tiene grasas. A Jerry también le gusta, tanto que exclama: “¡Esto es jodidamente bueno!”. Ambos quedan fascinados con este dulce y, como creen que no engorda, lo comen y comen, y comen.

El yogur dietético es un éxito. “He estado esperando algo así durante toda mi vida y finalmente apareció”, confiesa un entusiasmado Newman.

Pero pasan los días y Kramer nota que Elaine, quien supuestamente estaba a dieta, y Jerry han subido de peso. Espantados, se pesan y lo comprueban. Inmediatamente, ambos le echan la culpa al supuesto helado light, así que llevan una muestra a un laboratorio para que les diga si, efectivamente, tiene grasa. La farsa queda al descubierto, el local cierra y el más molesto con todo es… Newman.

EL SOMBRERO DEL MUFFIN
Para Elaine, la parte de arriba de los muffins es la mejor y, por eso, es lo único que come. “Es crujiente, explosiva, es la parte en la que el muffin se libera”, le explica a su jefe, el señor Lippman, a quien también le comenta que vender solo “los sombreritos” es una idea de un millón de dólares.

Convencido de que Elaine tiene razón, Lippman abre una pastelería en la que solo vende esa parte especial de los muffins. Pero no le va tan bien, así que le pregunta a su antigua empleada qué es lo que está haciendo mal: “Está haciendo solo la parte de arriba, cuando tiene que hacer todo el muffin y cortar la superfecie”, le dice Elaine.

Con este cambio, el negocio se recupera. Pero ahora tienen un nuevo problema: los troncos de los muffins. ¿Qué hacer con ellos? Como nadie los quiere –ni los centros de ayuda para los indigentes, ni los basureros- porque los consideran “sobras”, Elaine contrata a El Limpiador: “Hace que todos tus problemas desaparezcan”. Se trata nada más y nada menos que de Newman, quien llega con varias botellas de leche, preparado para comerse todos los troncos de los quequitos. Y vaya que lo hace.

EN EL CHIFA
Muchas cosas pueden pasar mientras uno espera por una mesa en un restaurante, y este episodio lo demuestra. En ‘El restaurante chino’ conocemos a un peculiar anfitrión que les insiste a George, Jerry y Elaine que su mesa estará lista en 5 ó 10 minutos, mientras que deja pasar de frente a clientes que llegan después que ellos.

¿Qué tan desesperante puede ser esa situación? Elaine no puede con su genio y como, literalmente, se está muriendo de hambre, deja aflorar todo su mal humor: “¿Te has dado cuenta de qué felices se ponen las personas cuando finalmente consiguen una mesa? Creen que son especiales porque han sido elegidos. Es suficiente para darte náuseas”.

Y más adelante: “No es justo que la gente se siente (en una mesa) por orden de llegada. El orden debería basarse en quién tiene más hambre. Me dan ganas de simplemente ir y agarrar la comida del plato de alguien”. Probablemente más de uno de ustedes ha sentido o pensado algo similar alguna vez.

Pero no todo es aburrimiento en la sala de espera. Tomando la idea de Elaine, Jerry la reta a acercarse a una mesa, coger un rollo primavera y simplemente comérselo sin decir nada. A cambio, recibirá cincuenta dólares. Y lo hace o, al menos, intenta hacerlo.

Al final, después de lo que parecen ser varias horas, deciden irse. Y en el instante preciso en el que terminan de salir por la puerta, el anfitrión los llama porque su mesa está lista.

EXTRAS
¿Les fastidiaría (o asquearía) cruzarse con el cocinero de un restaurante en el baño y notar que después de orinar no se lava las manos? Exactamente eso le pasó a Jerry en el restaurante de Poppie, y hace que lo arresten.

Quizás muchos se acuerden de Babu, el pakistaní con el inglés “cantado” que es deportado por culpa de Jerry que regresa al final de la serie para ser uno de los acusadores de los cuatro amigos.

Bueno, el primer encuentro entre el comediante y este personaje fue en el restaurante de este último, al que Jerry acude curioso porque siempre paraba vacío. Se hacen amigos y le recomienda –como si supiera mucho del rubro- que convierta su establecimiento en uno cien por ciento pakistaní. Babu le hace caso, pero fracasa.

Hay otros momentos que son simplemente graciosísimos: George mordiendo una cebolla pensando que era una manzana; uno de los jefes de Elaine comiendo un Snickers con cuchillo y tenedor; Kramer tomando cerveza y fumando al mismo tiempo George comiendo un sánguche de pastrami mientras tiene relaciones con una mujer; Kramer preparando una ensalada en la ducha; Newman y Kramer haciendo salchichas; George sudando al comer un picante pollo Kung Pao; Kramer cocinando (en tres departamentos a la vez) para 183 personas… Como dijimos al inicio, la lista es larga. Definitivamente, “Seinfeld” es una serie como para sacarle el jugo.

¿Cuáles es tu escena o capítulo relacionado con comida favorito?